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Mutilación corporal: ¿única salida ética?

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Publicado en Cuadernos de Bioética
Ed. Ad Hoc. Argentina

por Pedro José Sarmiento Medina**

Refutación a la sugerencia de Sergio Ceccheto en  Vasectomía: Motivaciones Históricas Y Cuestionamientos Morales*

 

 

El siguiente pretende refutar el argumento del autor mencionado, y proponer en dicha dirección otra vía que la inercia de nuestra época no  se ha puesto en el deber de reconsiderar.

Es también un esfuerzo que aspira a que nuestro trabajo sea auténticamente un foro abierto a un sano debate,  en donde la verdad pueda brillar espontáneamente mediante el tropiezo directo con el error, y permitir de este modo el afianzamiento o abandono de posturas no cuestionadas o sujetas al dogmatismo. Poco hacemos si nuestros ya escasos ambientes intelectuales yacen en los estantes sin ser leídos, o si su lectura es indiferente o  vulgarmente adormecida.

 

 

El trabajo realizado por nuestro colega Ceccheto con el tema de la vasectomía y sus cuestionamientos morales, pone de nuevo y muy a las claras la consideración sobre la licitud bioética de la contracepción y la esfera de todos sus problemas. El clásico tema que abanderó la tradición católica, no sin gravísimas consecuencias al interior de la misma, es tímidamente tratado por los bioeticistas, duramente cuestionado por grupos feministas y anticristianos, y frívolamente asumido por una sociedad consumista que ajena a todo cuestionamiento cuidadoso en la materia, consume un producto  revestido con perfil sanitario y  considerado como de básico nivel educativo.

 

No obstante, la problemática sin duda compromete el trabajo de los bioeticistas, pero también de la sociedad y sus políticas de salud publica, si bien el tema demográfico es considerado un asunto y también “problema” de salud, es por sobre todo, un asunto de carácter  socio- político en el que multitud de factores se encuentran implicados. Satisfacción es el término que define el sentimiento que reconoce el esfuerzo del autor que como otros intelectuales, a pesar de todas las dificultades que vive nuestro continente, hemos también llegado a la mayoría de edad intelectual, como para asumir nuestros problemas bajo la óptica de nuestra propia condición.

 

Entrando en cuestión, es de valorar el cuidadoso esfuerzo histórico hecho por Ceccheto para recorrer recientes pasos en la historia de la violación de los derechos humanos y rememorar el luto que hizo posible la aparición de la bioetica misma: experimentos contrarios a la dignidad del ser humano, torturas con la máscara científica y la preocupación política del estado por propiciar el bien de sus ciudadanos mediante un control invasivo en las determinaciones mas intimas de todo sujeto: su capacidad procreativa, sus convicciones de índole espiritual y moral. Si bien como el mismo afirma, una  buena parte de su trabajo estaría bien ubicado en el museo de la historia de la medicina, también es cierto que  las anécdotas tienen a veces la fuerza de la metáfora y la parábola, y que esconden internamente o bien sofismas, o bien verdades que  en  el plano ético deben ser objeto de luz mediante el delicadísimo trabajo de los bioeticistas.

 

Si su trabajo ha sido hecho también con el animo de sugerir como alternativa a la contracepción femenina la vasectomía a un sujeto que así lo desea, o que se ve implicado en el problema por razones culturales o de pareja, es preciso que sobre el particular no andemos con prisas.

 

Quede desde ya explícito, que tanto la vasectomía como la ligadura de la trompa uterina son mutilaciones de pequeña proporción quirúrgica pero grandes implicaciones personales, sociales y  por lo mismo éticas.

Que en la esfera de tal problemática interviene el capitulo de los derechos individuales y personales, en relación directa con el ámbito de los  deberes y derechos del  estado y por supuesto, la responsabilidad y deberes deontológicos y personales del personal de salud. En tal condición se encuentran las circunstancias que implican a la Bioética clínica en general, y desde tal óptica parecen ser tratados sus nuevos y ya viejos problemas. La prevalencia de unos sobre otros ha generado parte de los conflictos que los teóricos como Engelhart y los que  son testigos del campo de batalla en el consultorio o el quirófano, intenten  de modo permanente dilucidar con más o menos fortuna.

También es indudable que en el escenario aparecen actores de toda índole. Grupos religiosos, activistas gays, feministas, juristas y promotores de derechos humanos etc. En tal ambiente, uno de los problemas sensibles en un contexto como el latinoamericano es precisamente el  contraceptivo-demográfico, con matices de derecho individual, de deber político y también ético en donde se acude a argumentos que junto con nuevos enfoques y como consecuencia de una  Bioética de importación,  cooperan en el conflicto. Resalta en este caso la débil apropiación – no sin una pesada carga ideológica-  que se ha realizado sobre conceptos como el consentimiento informado y los  así llamados “derecho sexuales y reproductivos”, en una sociedad como la nuestra condicionada aun por niveles de analfabetismo e inasistencia, donde dichos conceptos tradicionales para la historia de la Bioética no son las que neologismos a los que la sociedad debe conformarse como consecuencia del nuevo ritmo de vida.

 

En la óptica de la vasectomía como alternativa, arroja un elemento al debate ya  clásico, que consiste en refutar la tímida propuesta de Ceccheto cuando afirma “Esta postura aquí enunciada no persigue determinar la manera en que deben actuar y vivir las personas para alcanzar la virtud, qué y cómo deben planificar o profesar; cómo deben seleccionar su propio plan de vida. Rechazamos ese tipo de imposiciones morales….”[1]. Semejante expresión refleja de nuevo la timidez o el temor a ser rotulado dentro de una postura sobre el sensible tema. Se considera que la investigación bioética no debe reclamar orientaciones, directrices o prescripciones sobre el bien moral, y dejar la elección a manos de la libertad individual, del estado, del personal de salud, lo que es en último termino a manos del relativismo.

 

Ceccheto pretende matizar “la condena etica que la acción esterilizante trae sobre si”, mediante un ejemplo igualmente inaceptable. Nuestro colega considera altruista la vasectomía a la que llama “inmolación voluntaria” en beneficio de la paciente en la que el embarazo puede ser una condición de riesgo. Tal motivación “generosa, desprendida y abnegada” la considera equiparable a los trasplantes con órganos de donante vivo, y aunque la encuentra con dificultades en el plano jurídico, como lo es la disolución de la pareja, se le elige como ultima ratio, acudiendo al mal comprendido criterio del mal menor, y aun mas, justificándolo bajo el criterio utilitario del riesgo sobre el beneficio.

 

 

Tal solución es definitivamente refutable, como lo son las teorías morales que pretenden  buscar el bien a través del mal. Si estamos de acuerdo en que la mutilación corporal no terapéutica es en ultimo término un mal cuyo beneficio individual o de grupo esta  también condicionado, cómo evitar no caer en el sofisma de buscar el bien a través del mal? No cabe duda de que se trata de un mal, cuando así se considera la circunstancia de no poder engendrar en el infortunado caso de la disolución parental. En esa circunstancia sí se considera el mal directamente propiciado por tal intervención.

 

Pero examinando en otro sentido el procedimiento se puede afirmar que tanto en el varón como en la mujer la mutilación corporal procreativa niega un derecho natural. El ejercicio libre de este derecho no reside en la libertad de destruirlo sino en ejercerlo. No hay libertad en la destrucción, hay libertad en ejercer la sexualidad sin atentar contra la dignidad e integridad individuales.

 

Tal decisión no tiene por que implicar un mal para si o para otro. La propuesta de Ceccheto consiste en que el varón haga una “inmolación” a favor del otro. Como si de esta manera- y utilizando un termino de gran sabor teológico- se viera [usando sus términos] “matizada”, es decir, atenuada en su general e incuestionado significado inmoral la elección mutilante.

 

El argumento que subyace a la sugerencia del riesgo beneficio en la postura de nuestro colega, y también de muchos otros autores, consiste en considerar que el ejercicio activo de la sexualidad debe ser observado como  irrenunciable, inobjetable e  incuestionable. Y a partir de ahí, toda decisión en relación con  la persona en la esfera de su sexualidad debe considerada como el ejercicio de un “derecho” individual y  fundamental, que no admite discusión alguna. Todo lo moral en dicho campo debe construirse a partir del supuesto derecho.  Tal perspectiva  omite considerar que la abstinencia sexual es también una opción al interior de la sexualidad,  y que en el caso referido puede ser ejercida periódicamente sin perjuicio para ninguno de los individuos implicados.

 

La propuesta calificada como “abnegada, desprendida y generosa” para la víctima de la mutilación irreversible,  no es contrastada en su esfuerzo ni en sus consecuencias con la inofensiva, natural y también virtuosa propuesta de la abstinencia periódica o quizá definitiva sin ningún perjuicio futuro.

 

La abstinencia temporal es una solución moralmente valida, que no puede compararse a una mutilación definitiva y es –en modo curioso- una propuesta que la sociedad asfixiada de hedonismo, no se ha tomado en cuestión considerar.  Tanto en el caso citado, como en otros es una alternativa valida desde un punto de vista médico, pero también desde un punto de vista ético, en donde el grado de compromiso no es llevado al martirio sugerido Ceccheto. Aquí hay espacio para interrogar si toda solución ética debe ser llevada al extremo del martirio, y si es la vía de martirio la que convalida el significado de la eticidad. Indudablemente yo pienso que no. Pero Ceccheto así nos lo sugiere.

 

Otra de las deficiencias de la argumentación de Ceccheto esta presente en la gran mayoría de discusiones bioéticas. Todos los argumentos rodean los derechos individuales sin ingresar al ámbito de la moralidad con al que se soportan. Menos aun se nombran junto a estos los deberes. Y siempre se abre la puerta de atrás para que salga la contradicción relativista vestida de  irrefutable elección personal.

 

Si tal argumentación es asumida en el contexto de los sujetos libres y autónomos de la ética kantiana, ¿qué podemos esperar de la argumentación que examina los derechos y los deberes de la sociedad de cara a los deficientes mentales?

 

Ante tales interrogantes se ve comprometida la bioética. Se espera que la reflexión bioetica de luces a tales problemas. No solo nos compete el plano de lo descriptivo. Es preciso aventurar una prescripción que sin dogmatismo no opte por el mal menor, sino por el bien mayor. En dicha aventura estamos comprometidos, es de eso de lo que se trata la Bioética. El trabajo descriptivo, bien o mal, lo hacen ya las ciencias sociales. La prescripción moral racional es un deber del filósofo moral ocupado en los problemas éticos de la vida. La circunstancia clínica y el acosado desarrollo de la ciencia nos incitan de modo permanente a esa búsqueda de la verdad moral, ese es en el fondo el sentido de nuestro trabajo.

 

Volviendo a nuestro caso, la propuesta de la abstinencia sexual periódica es una solución no considerada, cuyos resultados son mejores en el plano personal y  en  su significado ético. No hay mutilados, ni “inmolaciones”, y su carácter obvio - como sucede con frecuencia en otras circunstancias- permite que teniéndose al alcance de la mano se opte siempre por mayores dificultades de modo innecesario.


* Trabajo Publicado en la revista Cuadernos de Bioética. Nos 7-8 pag 25- 44

** Filósofo. Medico. Master in Bioetica cPhD. Investigador en Bioetica.

[1] Ver Ceccheto, Sergio. Cuadernos de Bioetica Nos. 7-8  página 40

 

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 28 de Marzo de 2006

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