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La interacción de la sociedad humana con la biosfera suscita problemas y cuestiones que solo hasta nuestra época empiezan a cobrar un grave significado. Pese a que el tema ambiental ya fue introducido como problema desde hace varias décadas, puede decirse que hoy su importancia es particular. En realidad hoy son más sobresalientes los factores implicados y sus efectos de mayores repercusiones que en otras épocas, todo lo cual hace que su presencia condicione en múltiples direcciones las relaciones entre el hombre y la biosfera, y que en materia de responsabilidad, quede mucho por decir. En los siglos anteriores a la intervención tecnológica directa, y a los condicionamientos poblacionales a los que ha estado sometido el ambiente durante los últimos siglos, el ecosistema presentaba fluctuaciones variables, dependiendo de cambios ambientales ordinarios. La distribución de conglomerados vitales de modo mas abundante en los trópicos que en los polos y la agrupación de poblaciones en ambientes geográficos con características mas adecuadas para la supervivencia, constituyeron la conducta normal vivida durante decenas de siglos, lo que propició una fluctuación poblacional y cambios - términos de un ecosistema-, casi imperceptibles. De acuerdo con las evidencias de los fósiles, las formas vitales aparecieron hace cerca de 3.8 billones de años. Inmediatamente aparecida la vida las condiciones de la tierra empezaron a cambiar. El oxígeno que hoy respiramos y que se distribuyó en la atmósfera nació como el producto de la actividad fotosintética de los organismos vivos. Este elemento apareció hace cerca de 2.5 billones de años. La actividad de la especie humana en los últimos 10 a 15 mil años ha generado una gran influencia ambiental en el agua, los sólidos y distribución biológica, causando como es sabido numerosas extinciones biológicas. Con el incremento de población del hombre y el desarrollo veloz de su capacidad tecnológica, -ambos fenómenos vividos en los dos últimos siglos -, el planeta y la biosfera en general, se han constituido en agentes pasivos ante el poder transformador del hombre, quien transforma para sí mismo sus condiciones de vida repercutiendo directamente sobre el medio ambiente. En términos estrictamente biológicos el hombre ha desarrollado su capacidad de adaptación de forma muy superior en relación con las demás especies. Por ejemplo, el hombre ha vencido las inclemencias del invierno para alojarse y reproducirse también en el invierno sin necesidad de migrar. Otras especies deben hacerlo en búsqueda de sustento y clima más aptos; en el transcurso de la migración las posibilidades de muerte aumentan para cualquier otra especie. Por el contrario, el hombre se defiende con la electricidad, la conservación de alimentos y su actual poderosa tecnología que junto con los conocimientos adquiridos y transmitidos durante siglos lo capacitan para defenderse de la natural enfermedad y alargar de ese modo la llegada de la muerte; otro tanto puede afirmarse en otros aspectos como la mejora sustancial en su capacidad de alimentación, comunicación, y locomoción. Todos estos cambios generados por el cerebro y la capacidad tecnológica del hombre son sorprendentes para el hombre mismo, pues son los cambios que acumulados como una forma de saber a lo largo de los siglos, han posibilitado eventos nunca pensados: viajes espaciales, trasplantes de órganos, conocimiento del lenguaje genético que articula la vida etc.
La
interfase de la aplicación de la técnica en el pensamiento del hombre mediante
la computadora no tiene antecedentes. Los últimos descubrimientos en relación
con el genoma, han estado mediados en su totalidad por la computadora. Otro
tanto vale decir para los vuelos espaciales, las comunicaciones y en general
toda la actividad científica. El comportamiento sui
generis del hombre como especie hace pensar que la presencia del hombre
sobre la biosfera es de radical importancia en relación con el planeta, pues su
capacidad de acción plantea interrogantes de supervivencia, de
interdependencia consigo mismo y con las demás especies,
junto a interrogantes de
justicia, responsabilidad con el
futuro de la especie y de la bisofera en general. Estos interrogantes pertenecen de
un parte a la ecología y de otra a la Bioética. La destrucción del ecosistema
por irresponsabilidad el hombre puede significar la destrucción de la especie
misma. Y curiosamente la
irresponsabilidad del hombre con relación al
ecosistema y al hombre mismo es casi una constante. Mas aún, el
florecimiento de nuestra sociedad basada en la economía liberal ha generado un
tipo de hombre irresponsable, inconsciente, preocupado por consumir para ganar
en confort e insensible frente a temas sustanciales como el magno problema
social de nuestro siglo cual es el crecimiento de la pobreza. De hecho puede
entenderse la pobreza mundial en términos ecológicos como una aminoramiento de
la especie como consecuencia de sus relaciones
internas dependientes de la noción de justicia. Por ejemplo, que mas del
70 % de las personas que habitamos la biosfera vivan en condiciones de pobreza,-
algunos de los cuales en real muerte por hambre, y pandemia como el Sida-,
significa un aminoramiento de la especie en relación con otros grupos de la
misma, los cuales crecen vigorosos en términos económicos e incluso biológicos.
Este fenómeno muestra cómo una circunstancia puede ser comprendida en términos
“ecológicos”, prescindiendo del significado que desde el punto de vista
social puede tener el mismo fenómeno.
He aquí uno de los serios problemas que afronta la Bioética y no puede
afrontar en modo pleno otra disciplina.
No
obstante, es preciso admitir que la
expansión poblacional de la especie humana no ha considerado la finitud de los
recursos biológicos que requiere para su sustento. El mundo no es el lugar
infinito que era pensado en otras épocas. Se trata
de un planeta con recursos que se consideraron abundantes pero sobre los
cuales no puede pensarse que sean ilimitados. El consumo de sus elementos biológicos
y energéticos puede extinguirse de seguir en el ritmo de consumo que hemos
llevado en el último siglo. De cara a las próximas generaciones emerge la
responsabilidad de dejar un planeta agotado en sus recursos por un afán de
crecimiento sin una conciencia del futuro.[1]
Estos
interrogantes hacen necesario que la relaciones del hombre con el ambiente sean
pensadas desde una óptica no solo ecológica, sino también Bioética. La
ecología es una disciplina que se ocupa de la biología e interdependencia de
los sistemas y subsistemas biológicos en los que se incluye el hombre, pero no
indaga la eticidad de las relaciones entre la especie humana su comportamiento
interno, ni sus relaciones con el
ecosistema. La Bioética por el contrario, apoyada con los datos de la ecología
y de otras disciplinas puede reflexionar mas allá de la misma ecología
investigando cuestiones aún mas difíciles como la determinación del lugar del
hombre dentro del cosmos y la conducta que en consecuencia puede asumir
considerando su libertad y su capacidad racional para conducirse en medio
del alto poder tecnológico obtenido en los últimos años. En el marco
de esta problemática, la Bioética en relación con el medio ambiente se
inscribe con una aspiración en concreto: determinar la eticidad de las
relaciones del hombre con la naturaleza, es decir, determinar no que la
preservación del ambiente sea un deber y una necesidad,- lo cual ya ha sido
formulado y suficientemente
reiterado por otras disciplinas,- sino establecer un campo de reflexión sobre
las relaciones del hombre como especie y como grupo en relación con la
biosfera, de modo que se investiguen no solo los mecanismos de preservación del
ambiente, sino también la legitimidad ética de los mismos, al interior de una
filosofía de la naturaleza que justifique el lugar del hombre y el sentido de su acción sobre sí mismo y sobre
el ecosistema.
Las
relaciones del hombre con el ambiente no fueron objeto de reflexión en ningún
momento de la historia hasta el siglo XX. Parece que la frase del génesis “Creced
y dominad la tierra” fue la inspiración de la actividad humana y
a la vez la que conllevó al olvido del ambiente mismo.
El
mundo griego se incorporó a sí mismo e incluso a sus dioses dentro de la noción
la physis. Todos los presocráticos
entre los que se conocen como los filósofos cosmólogos convergen en que tanto
el hombre como el cosmos están constituidos por los elementos fundamentales;
Tales, Anaximandro, Anaxímenes pensaron el mundo y la realidad como un cosmos
vivo en el que el hombre jugaba un papel de participante y espectador. El cosmos
comprendido por los pitagóricos era una gran criatura viviente. La
noción de physis como proto-materia,
es decir aquello de lo cual están hechas todas las cosas, permitió que los
problemas en relación con el hombre y todo el ambiente que lo rodea, fueran una
misma cosa. El hombre como parte del cosmos fue una noción que posibilitó una
comprensión del cosmos y del hombre mucho más cercana de la realidad y
distante de lo que hoy pretendemos. “Así
como nuestra alma siendo aire, nos gobierna, así también el soplo y el aire
,todo abarcando gobierna” Anaxímenes,[2]
“ De este logos , que siempre existe,
los hombres permanecen ignorantes, antes de haberlo escuchado y aun después que
por primera vez lo escuchan; porque aunque todas las cosas según este logos se
originan, se asemejan aquellos a los ignorantes, pues tantean por medio de
palabras y de obras semejantes a las que yo empleo, cuando separa cada cosa según
su naturaleza y explico en que consiste.” (Heráclito frac 22 B 1) Parece
ser esta la única circunstancia en la que el hombre se pensó a sí mismo y se
contempló como parte de la vida y del ambiente. Curiosamente hoy veinticinco
siglos después, afrontamos tantos y tan serios problemas ecológicos que somos
conscientes de la necesidad de pensarnos nuevamente como parte del ecosistema,
y enteramente dependientes de este.
No
obstante la necesidad de estos contenidos, durante los siguientes siglos el tema
fue enteramente olvidado hasta la mitad del siglo XX. Fue Aldo Leopold en la
Universidad de Wisconsin en 1950
quien definió la crisis ambiental como
una falla con raíces en la actividad económica con una base ética. Según
Leopold, las relaciones económicas entre los países del mundo olvidaron el
ecosistema, y ellas mismas fueron objeto del deterioro ambiental a consecuencia
de las relaciones entre sí. Según Leopold todo inició con la relación ente
los individuos y la sociedad, sugiriendo que el esfuerzo humano se ha centrado
en la búsqueda de reglas de
oro intentando integrar el individuo a la sociedad. Gran parte del tiempo se
centró en como establecer las relaciones entre los hombres dejando de lado al
ambiente. En tal situación surge el interrogante por la relación que debe
tener el hombre con los animales y las plantas con las que crece. Conforme al
pensamiento de Leopold ha habido un serio error en esta relación en la medida
en que la tierra ha sido considerada como una esclava[3];
las relaciones establecidas con ella han sido solo económicas y utilitarias, y
sobre las que solo ha habido privilegios para el hombre pero no obligaciones. El
aporte de Leopold a la ética ambiental según Potter es realmente sustancial.[4]
El problema que sobre el
pensamiento de Leopold hace Potter es que no existe en realidad una ética
ambiental. La Bioética de Potter
fue consciente en sus inicios de una preocupación por la biosfera, bajo la
imagen del puente entre la ciencia y lo humanístico. Lo que
se ausentó en la Bioética inicial de Potter fue una noción sistemática
que Leopold mismo desarrolla.[5]
De modo análogo el problema también fue enunciado por el discípulo de
Heidegger, Hans Jonas ( 1903-1993) afirmando no sin elementos de gran alarmismo:
“vivimos una situación apocalíptica,
es decir en vísperas de una catástrofe universal si dejamos que las cosas
sigan su curso actual”[6]
.Pese a que esta problemática haya sido tratada con particularidades
individuales que se contextualizan en un momento histórico de la llamada
“guerra fría” y la amenaza para el mundo y el ecosistema, - de ahí la
importancia de la Bioética en ese momento -, el fenómeno ambiental es
cuestionado con Leopold desde un lugar que debe considerarse como agudo y al
mismo tiempo ineludible. Para Leopold es necesario articular la ética social y
la ética ambiental que integre sus relaciones
dentro de un mismo sistema. Esta postura en realidad atractiva es el vértice
de la problemática ambiental, pues articula el comportamiento social y sus intrínsecas
relaciones entre sí con el ambiente mismo. El ambiente no es un lugar ajeno a
las condiciones sociales de vida del hombre, sino por el contrario, es
dependiente de las relaciones sociales que el hombre establece consigo mismo.
Economía liberal, mercado de países desarrolados y subdesarrollados, pobreza,
marginación y riqueza son factores que necesariamente tienen que ver con el
ambiente. No obstante en dicho planteamiento sobrevive un problema como afirma
Lewis., en relación con la ética y el desarrollo socio económico: según
Lewis el desarrollo de una ética social y ambiental se encuentra
cuando el estándar de vida esta asegurado, cuando estamos rodeados de bienestar
y confort para hacer nuestras elecciones. Aun en las naciones mas prosperas los
esfuerzos para salud, bienestar y
alimentos resultan ineficaces para
la proporción de todo lo que se necesita. Una ética social inconsistente no
puede funcionar al lado de una ética ambiental consistente. Esto es
particularmente evidente. Mientras ahora reflexionamos sobre el ambiente, el
mundo aleja las distancias entre países ricos y pobres y el desequilibrio
social de Africa y Latinoamérica con el primer mundo es cada vez mayor. No
obstante la reflexión sobre lo
urgente debe considerar lo importante en relación con el ambiente mismo.
De
otra parte debe decirse de antemano que tal interdependencia natural entre una ética social y una ética del medio ambiente, es
francamente ineludible pues no es posible construir una ética social
prescindiendo de la ética del ambiente, ni viceversa. Por ejemplo, se ha
culpado al tercer mundo de amenazar con su crecimiento demográfico la
estabilidad planetaria; pero el problema demográfico seriamente politizado ha
sido objeto de opuestas e interesadas interpretaciones dependiendo de la óptica
que se tenga. Si bien la pobreza es causa de superpoblación, esta es como tal
un problema para quienes ven en el crecimiento una amenaza para sus intereses.
Bien puede comprenderse el crecimiento demográfico del tercer mundo como una
posibilidad de renovación de las sociedades ricas y envejecidas de Europa, pero
las dificultades de aplicación de una ética social en términos de justicia
planetaria pueden ser la causa de que dicha comprensión no sea hasta ahora
posible. De otra parte debe decirse que el comportamiento frente al ambiente
puede ser visto como menos lesivo que los daños provocados por la sociedad del
primer mundo, los cuales son muy considerables en materia de contaminación y
destrucción del ecosistema.
Esto
muestra la interdependencia que hay entre lo ecológico y lo social, pero también
– y en modo considerable- lo político. No puede pensarse el problema ecológico
al margen de las relaciones naturales que establecen las sociedades del momento.
El modelo de la economía liberal ha permitido que todo esfuerzo de
productividad deba ser puesto en el contexto del mercado, el cual se rige por
leyes de oferta y demanda, capacidad de pago, existencia de materias primas,
etc. La explotación de los recursos planetarios está mediada por estas
relaciones de economía de mercado. Por ejemplo, los bosques naturales del norte
de Brasil no serían igualmente explotados con las consecuencias ambientales que
esto genera, si los condicionamientos económicos no fueran los que ahora son.
Otro tanto puede decirse de los intereses de desarrollo de las naciones
subdesarrolladas en el contexto de construcción de vías, generación de
industrias etc, objetos sobre los que la preocupación por un desarrollo
inmediato conduce a un olvido de la responsabilidad que se tiene sobre el
ambiente. Colombia misma ha condicionado de forma grave la estabilidad del
ambiente a factores de orden político. Las inmensas plantaciones de coca, han
destruido miles de hectáreas de bosque nativo en Putumayo y Caquetá, y las
medidas de erradicación de los cultivos han considerado desde la fumigación
con tóxicos vegetales de gran poder como el glifosato,
- cuyas consecuencias ambientales a largo plazo no están aún
determinadas en el campo de dichos microambientes -, hasta
soluciones inmediatas, que, - no sin algo de servilismo político -, son
asumidas para detener un problema de raíces sociopolíticas;
este ejemplo muestra como algo que no es un problema ambiental y que a la
larga, se convierte en estricto problema ambiental. El elenco de soluciones va
desde la destrucción de cultivos por la quema, y
herbicidas hasta psudo- científicas soluciones como la propuesta de
“bombardear” con especies de hongos del tipo de los micosporum
los cuales destruyen el arbusto del que se obtiene el alcaloide. Mucho más
puede decirse del impacto social que produce el tema de la coca, no solo desde
una perspectiva sociológica, sino también ambiental y ecológica, en relación
con las migraciones de grupos humanos y el
engrosamiento de las bajas y
delictivas capas sociales de las metrópolis contemporáneas. El crecimiento
desmedido de las megápolis modernas no solo es un problema serio de índole
socio-política, sino también desde el punto de vista ambiental. Un conocido
ejemplo está representado en el crecimiento desproporcionado de una ciudad como
Bogotá, a consecuencia de una violencia ininterrumpida por mas de 150 años, ha
propiciado circunstancias que pueden ser catalogadas como una vergüenza desde
el punto de vista ecológico. Tal es caso
del río Bogotá, cloaca de una ciudad de cerca de 9 millones de habitantes que
producen diariamente toneladas de basuras, gasesy deshechos contaminantes, o la
destrucción del ambiente ecológico mediante la devastación indiscriminada de
los cerros de la sabana de Bogotá, en la búsqueda de espacio y materiales con
los que pueda construirse un lugar para vivir.
De modo análogo puede decirse de ciudades como México DC, en donde los
problemas ambientales empiezan a perjudicar de forma directa al individuo en
relación con su salud.
Continuando
pueden citarse lugares de la tierra como la cuenca del río Amazonas, la cual
goza en términos planetarios de especiales privilegios que atesoran una
particular biodoversidad no existente
en otras latitudes. Curiosamente el grado de subdesarrollo no permite a nuestros
países -que gozan de esta gran biodiversidad-, una explotación respetuosa del
ambiente. La fragilidad de las economías ha posibilitado una ausencia de
conciencia al respecto junto a un derivado comercio de especies de animales que
son comerciados en mercado negro lesionando dicha integridad. Especies antiguas
como el caimán, el tigre u otros animales, han sido casi extinguidos
a consecuencia del desequilibrio económico en las latitudes planetarias,
lo cual favorece un mercado que pone en peligro el ecosistema. Esta es la razón
por la cual puede reafirmarse que el desequilibrio económico planetario es
perjudicial para el ecosistema. Debe decirse que
ignorancia, hambre y pobreza son enemigas del ecosistema por dichas
razones. Pero también es indudable que el problema del hambre y la pobreza
deben ser solucionados no-solo por razones de orden ecológico sino ante todo
humanitarios. En este punto graves
errores se han cometido como el de pensar que es necesario acabar con la pobreza
mediante el exterminio de los pobres, y
no mediante la eliminación de los factores generadores de pobreza. Este es un vértice
importante entre la Ecología, la Bioética y la Economía, que demuestra que no
basta la ecología para asumir responsabilidad sobre el ambiente, sino que es
preciso considerar aspectos bioéticos, sociales, económicos y de justicia
de cara al ecosistema, y asumir decididas conductas políticas frente al
problema.
Estos
ejemplos manifiestan como las circunstancia ecológicas están en directa relación
con lo social, lo político y lo económico como bien afirmara Lewis. No
obstante la problemática toma cuerpo en relación con la Bioética y puede afirmarse que las reflexiones en torno al ambiente
constituyen un campo definitivo en el desarrollo de la Bioética misma. En este
trabajo me propongo hacer una aproximación a este problema.
Las relaciones de la Ecología y la Bioética
El concepto de Biotipo
El
mundo natural viviente y no viviente está envuelto en sistemas de
comportamiento que en alguna medida se comportan como ciclos. Los ciclos de síntesis
y descomposición están casi todos mediados por la energía solar, la cual
conduce en gran medida los sistemas climáticos de la tierra y a su vez conduce
mediante la misma energía los sistemas vitales que proporcionan alimentos otros
sistemas mayores en lagos y océanos. Local y globalmente el ciclo de nutrientes
está mediado por la energía solar, o de modo indirecto por el metabolismo de
esta energía derivado de la fotosíntesis. Cada uno de los átomos que entran
en el proceso vital de la planta o
el animal o cualquier forma vital entran y salen del ciclo de la vida millones
de veces. Este movimiento de uso y
eliminación de los átomos en los ciclos bio-geo-químicos,
algunos mas complejos que otros es lo que constituye la física y la química
del ecosistema. El carbón por ejemplo es tomado del aire como dióxido de
carbono por las plantas y es incorporado a sus azúcares que son consumidos por
el animal, incorporado a sus tejidos y reinsertado al planeta con su
descomposición en la muerte. En dicho proceso el ciclo del
carbono como el de otros átomos y moléculas juega un papel para la
vida. Nuestras carreteras arrojan
con nuestros vehículos toneladas anuales de oxido
nitroso y sulfúrico cuyos compuestos caen en forma de lluvia ácida. Este es un
primer boton de muestra que hace visible la interacción del hombre como parte
de dicho proceso. Veamos otros elementos sustanciales.
El
bosque es considerado un biotipo, en tanto que
a el pertenecen los árboles, los arbustos, las hierbas pájaros,
insectos y ácaros, así como las bacterias y gusanos que se hallan en el. La
materia se cierra en un ciclo de consumidores, productores y destructores. El
bosque como biotipo, es un lugar
independiente y autárquico del mismo modo que
los desiertos el pantano el aire y las profundidades del océano, las
charcas y los estánques.
Cada
biotipo es distinto, pero está relacionado con otros por una tupida red de
relaciones que los hace dependientes unos de otros. Juntos forman el espacio
vital o biotipo Tierra que se encuentra directamente en relación con el cosmos.
La ecología es por tanto la disciplina que hace posible la relaciona de objetos
vitales distantes como las hormigas
con el sistema solar.
Todo
biotipo posee una comunidad viviente llamada Biocenosis
consistente en el número de especies animales y vegetales que pueden cohabitar
en relaciones de forma estable y
favorable
Una
de las primeras leyes ecológicas es relativa al equilibrio. La ley del
equilibrio podría formularse del
siguiente modo: Las especies
que existen en una comunidad viviente, el número de individuos de estas
especies, la forma en que están distribuidos así como el modo en que viven y
pueden reproducirse, se encuentran todos en un equilibrio
biológico. Este equilibrio es labil y oscila
en torno a una situación
media en tanto que no se modifiquen
las condiciones del medio ambiente. Es posible que un huracán destruya el
bosque, que el verano deseque el lago etc., lo cierto es que la naturaleza
tiende a construir de nuevo una situación de equilibrio.
De
acuerdo con la ley
del equilibrio se explica por qué muchas
especies naturalmente fecundas, permanecen con un número invariable de
individuos. La Ecología demuestra que generalmente las especies procrean una descendencia mucho mayor que la que puede
sobrevivir y que el espacio vital mantiene
el exceso de la descendencia dentro de los límites del equilibrio.
Por
el contrario, el hombre es la única especie que no está sometido a las
limitaciones de su hábitat. El hombre transforma su hábitat y sus propios
condicionamientos vitales. Natalidad y mortalidad en el género humano no son
compensadas, motivo por el cual la población aumenta en cada decenio. Este
cambio es evidenciado por los ecologistas de la siguiente manera: la biocenosis, es suplantada por una antropo-cenosis (espacio exclusivamente humanos); el paisaje natural
se convierte en paisaje civilizado, y la estepa natural se convierte en estepa
asfáltica civilizada.
Nuestra
presencia sobre la biosfera obliga a pensar simplemente, cuál es la porción de
esta que deseamos usar para habitar y cuál de esta
usaremos para preservar. Ni el espacio ni sus recursos
son infinitos. Es preciso que nos planteemos las relaciones de las
sociedades humanas en relación con la biosfera. Las sociedades humanas ejercen
presión sobre la biosfera acelerando flujos y ciclos naturales.
De
este conocimiento emerge la Ecología que estudia las relaciones entre los seres
vivientes en relación con su espacio vital. La ecología nace hacia 1900
pretendiendo articular los conocimiento propiciados por la Biología. El término
fue acuñado por Ernst Haeckel quien comprendía el oikos griego en el sentido de hogar, y relación de vida. El conjunto de biólogos, botánicos zoólogos,
climatólogos y biólogos marinos, reúnen conocimientos con el propósito de inferir postulados ecológicos.
La
Ecología contemporánea ha reorientado su meta primitiva. En un principio se
ocupó sencillamente de las relaciones entre los vivientes; hoy se preocupa además
del conocimientos de las especies de vida de la totalidad del planeta en relación
con la intervención del hombre. De esta preocupación emerge la ética
ambientalista con el siguiente tipo de cuestionamientos:
Son éticas las acciones del hombre
en relación con el ecosistema? Es ética la despreocupación sobre estos temas
por atender solamente lo urgente? Es ético desconocer el futuro del planeta con
relación a las nuevas generaciones?
En
realidad son infinidad de daños que el hombre puede realizar al ecosistema: un
lago puede ser el lugar en el que se refleja de modo proporcionado lo que el
hombre hace con su planeta: Nubes verdes de plancton junto a residuos de basura,
botellas, latas y plásticos. En el proceso, las bacterias no alcanzan a
descomponer los residuos orgánicos y muchos de estos residuos que no se
descomponen van a parar al fondo del lago. El ácido sulfídrico procedente de
la oxidación y descomposición de estos elementos de deshecho y la materia orgánica
asciende, y como consecuencia el plancton muere y vuelve al fondo: El
proceso de putrefacción consume el oxigeno que es indispensable para los
pobladores del lago. En consecuencia se
ha roto el equilibrio a causa de la intervención directa del hombre. El ejemplo
puede trasponerse a macro ambientes. Pensemos en el petróleo explotado como
fuente de contaminación, los accidentes de los buques petroleros, la generación
de material radioactivo, las pruebas nucleares en los fondos marinos, la
contaminación de ríos con excretas de metrópolis como sucede con el río
Bogotá en Colombia, y en muchos otros países.
Las
especies de microorganismos se constituyen en instrumentos de medida de
la ecología. La presencia o ausencia de estos es señal de que se viven
ciertos procesos. Por ejemplo existe un gusano que solo sobrevive en aguas en
donde el oxígeno es escaso. Crece con facilidad en aguas residuales. Este
gusano es el único ser vivo que habita hoy el Támesis; durante le reinado de
Enrique II se tiene noticia de que el río era rico en salmones y ostras.
Algo análogo puede decirse
de los ríos en Alemania donde el Rin en su confluencia con el Meno en
Francfort, presenta niveles de alta contaminación y disminución en sus niveles
de oxígeno.
Los
mares se ven contaminados por el petróleo. Solamente en el Rin se calcula que
aproximadamente 120 toneladas de polución proveniente del petróleo proceden de
los 20000 barcos que lo surcan. Son frecuentes los desastres ecológicos
causados por las colisiones de los buques petroleros. En 1966 se arrojaron al
mar 45.000 toneladas de petróleo, generando las clásicas nubes de petróleo de
varios kilómetros cuadrados. Lo cierto es que el océano, los lagos y los ríos
solo pueden sobrevivir si se preserva el
equilibrio ecológico. Si el hombre lo destruye y no lo sustituye, pone en
peligro su propia existencia.
Otros
célebres procesos son los que involucran factores de contaminación atmosférica
secundarios a las actividades industriales son el dióxido
y trióxido de azufre, ácido sulfúrico, ácido fluorídrico, oxido y dióxido
nítrico. Polvo de siderurgias, hidrocarburos, ácido clorhídrico son uno de
los grupos importantes de derivados que se constituyen en elementos de alto
poder contaminante. De la misma manera que el agua ha perdido su capacidad de
limpieza, el aire ya no tiene poder de autolimpiarse. La resultante de este
proceso es el deterioro ambiental progresivo en el contexto de la ignorancia y
la irresponsabilidad política.
El
propósito de la ecología no solamente es la denuncia de estos hechos que
vienen realizándose desde hace décadas sino también la búsqueda soluciones a
estos problemas. Uno de los ejemplos emblemáticos de la investigación
orientada al medio ambiente fue realizada desde
hace 30 años por el instituto Max Planc
que investigó el ciclo vital de un junco ( Scirpus Lacustris L) que
tiene la capacidad de soportar
concentraciones elevadas de fenol e incorporarlo en su metabolismo. El fenol
disuelto en el agua es un veneno mortal para los peces. No obstante el junco
tiene gran capacidad de absorción del fenol y
de otra parte puede ser usado como alimento para el ganado, [7]
Otros
célebres ejemplos mucho más recientes de la investigación científica en este
campo relacionan otras plantas con el arsénico y otros elementos tóxicos. No
obstante, la investigación en este campo es verdaderamente incipiente lo que
hace que la distancia entre la capacidad de intervenir científicamente y en el
gran deterioro ambiental sea supremamente grande.
Algunos
eventos propiciados por el hombre en contra del ecosistema
Efecto invernadero
La
emisión de CO2 y de otros gases como resultado del uso de combustibles fósiles
( carbón petróleo y gas) puede
eventualmente cambiar el clima de la tierra. El efecto se explica por la absorción
que estos gases hacen en la atmósfera de radiación infrarroja emitida por la
tierra y calentada por el sol. A pesar de que no se ha comprobado científicamente
se cree que este fenómeno ya empezó, y se considera que con alta probabilidad
la temperatura media de la tierra puede aumentar entre 1 y 4.5 grados alrededor
del año 2100. Como consecuencia puede aumentar el nivel del mar hasta 6 cm por
década a consecuencia de la expansión del agua por la temperatura y la fusión
de parte de las zonas glaciares; como resultado de este fenómeno, las zonas
costeras pueden quedar inundadas con la desaparición de costas de países como
Egipto Vietnam, Pakistán y Bangladesh. La
forma de evitar el calentamiento es limitar la producción de CO2. Las medidas
asumidas generalmente parecen ridículas al hombre contemporáneo que las asume
como una molestia en el devenir cotidiano de su vida. Controlar la emisión de
gases de su auto puede significar en el computo de cientos de miles de autos en
el mundo varias toneladas de gases contaminantes que en un período de tiempo
pueden provocar calentamiento atmosférico y consecuencias todavía
desconocidas. En este contexto la educación de la sociedad es de gran
importancia pues coopera en una visión integral del planeta y de nuestras
acciones.
Adelgazamiento
de la capa de Ozono:
El
ozono (O3) es la molécula
que juega un papel importante en la protección de las radiaciones
ultravioleta en la superficie de la tierra; desde 1985 se conoce un
adelgazamiento de la capa de ozono en el polo sur. Este agujero ha empeorado con
los años. En 1990 se evidenció una perdida del 8% en los niveles de ozono de
la atmósfera. Los riesgos de los habitantes de las zonas más septentrionales a
exponerse a radiaciones ultravioleta puede considerarse como un peligro. Como
causa de este daño se citan la liberación de productos industriales como el
metilcloroformo, clorofluorcarbonados, tetracloruro de carbono.
Deforestación Los bosques juegan un papel importante en la preservación del medio ambiento porque capitalizan gran cantidad de carbono que de otra manera pasaría a la atmósfera como CO2.
En
la Amazonía se estima que la deforestación alcanza el 10 % de su superficie.
Otros bosques que sufren el problema de la deforestación se encuentran en Canadá,
Alaska Escandinavia
y Rusia.
Disminución considerable de la Biodiversidad: Si
se mantiene el ritmo de desarrollo se estima que en 5 años se habrá destruido
el 15% de especies de los 10 millones que se estima que hay sobre la tierra.
Se
piensa que la diversidad de especies puede ser un recurso inestimable que
estimule la economía en especial a la posible explotación genética de la
variedad de especies con aplicaciones terapeuticas y farmacológicas.
Interacción biotecnológica con el ambiente
Otro
factor que obliga a serias consideraciones éticas es
a alteración genética de especies con fines biotecnológicos, la cual
genera también un impacto ambiental serio de graves y todavía
desconocidas consecuencias para el futuro. Este es un serio ejemplo que
demuestra como el planeta puede ser usado con
una mirada netamente utilitaria. El material biológico es patentado y
manipulado como cualquier otro instrumento del que se obtienen beneficios
directos e indirectos.
El
problema Urbano
La
vida urbana ofrece cuestionamientos desde varios puntos de vista. La dinámica
de la supervivencia, la calidad de vida, la urbanización como fenómeno sociológico,
etc. Desde la perspectiva del medio ambiente la vida urbana es cuestionable
también. El mundo urbano genera un impacto ambiental de graves consecuencias.
Concentraciones humanas requieren de alimentos, agua, materiales para la
construcción de sus viviendas y calles, erosionando y destruyendo montañas. La
instalación de fuentes de agua potable y de excretas lesionan el medio ambiente
alterando el ecosistema. Su vida interna genera conflictos relacionados con un
transporte individual contaminante.
La
interacción entre la sociedad humana y el resto de la biosfera pone en
evidencia notables puntos de fricción a escala local y global.
Los
ecólogos perciben desequilibrios o disfunciones relacionadas con el
comportamiento del hombre. Los efectos son analizados desde varios puntos de
vista. Por ejemplo un análisis relativamente reciente relaciona los problemas
ambientales, las consecuencias en el plano de la salud mundial y sus efectos
sobre la productividad, valor de considerable preponderancia en la mentalidad
contemporánea.[8] ( Ver cuadro 1)
Cuadro
1.
Otros problemas
La
gama de problemas ambientales es amplia y sin duda alguna los procesos tiene
mutua interrelación con efectos en algunos casos previsibles y en otros no. El
retroceso de bosques naturales, agotamiento de especies,
y los graves problemas en relación con el agua potable. Se afirma que el
problema del siglo XXI será la escasez de agua. La información al respecto y
las medidas encaminadas a disminuir este grave pronóstico ambiental son
desconocidas y en el caso de Latinoamérica inaplicadas. El serio tema de la
contaminación atmosférica, en absoluta interdependencia con la concentración
urbana, la problemática de población, pobreza, marginación e industrialización son
elementos que hacen parte de un entramado sociopolítico en el que se
halla el problema ambiental. En dicho problema se condicionan en modo
bidireccional factores sociopolíticos y ambientales. Marginación y exclusión
de grupos sociales, desigualdad de
ricos y pobres descuido en la educación etc necesariamente condicionan los
problemas ambientales y de modo ineludible los problemas ambientales condicionarán
los sociopolíticos con un peor agravente: la capacidad de resolución de los
problemas ambientales es mucho mas lenta, mas costosa y más difícil para países
como el nuestro.
El objetivo ecológico y el de la bioética son simultáneos, interdependientes.
La
Bioética de Potter establece como
criterio esencial de su pensamiento un puente entre las humanidades y las
ciencias biológicas. Esta fue la primera motivación inspiradora de una Bioética
original. No obstante el proyecto potteriano, tomó otros rumbos cuya
predominancia la asumió la clínica. Solo años después se reconoce el campo
ambiental como un campo sustancial de la Bioética misma, el cual debe ser
estudiado no sol por los ecologistas cuanto por eticistas. Es por esta razón
por la que la llamada ética
ambiental busca la preservación y restauración del ambiente incluyendo al
hombre mismo, las plantas y animales y su habitat dependiente de ecosistemas.
Aire limpio, agua potable, mundo libre de basuras y contaminantes puede ser la
bandera de un ecologismo simple en cuyos propositos se inscribe
también la Bioética contemporánea, incluso la de Potter. Una ética
sobre la vida, una Bio-ética,
debe considerar todos estos elementos pero no con exclusividad. El problema
radica en afrontar un autentico punto de vista: Una preservación ética del
hombre y del ambiente sí pero desde donde? Desde
el hombre y en referencia a lo humano? Desde
“la vida” en general? Desde la
biosfera? He aquí un sobresaliente problema que afronta de modo simultáneo
e interdependiente las dos disciplinas. Tanto la ecología como la Bioética
hacen cuestionamientos sobre la relación del hombre con el ambiente. Pero solo
esta última puede hacer cuestionamientos en materia eco-social. La Bioética
puede hacer manifiesto cómo la ética social esta en constante colisión con la
ética del capitalismo liberal, y cómo la etica sobre el ambiente en un
discurso liberal puede estar impregnada de deformaciones y serios
condicionamientos políticos, y sin embargo mostrarse todas ellas bajo una
perspectiva ecologista.
Es
evidente que los problemas que suscita la etica ambiental, hacen necesario poner
nuevamente en el terreno de la discusión las preguntas fundamentales de la
filosofía: quién es el hombre? Cual es
su sentido, cual es su papel en el mundo?, preguntas sin las cuales es
posible responder a siguientes interrogantes como los
que nacen de la reflexión sobre los problemas de tipo ambiental. Pueden
excluirse estas reflexiones por considerar de modo pragmático que el problema
ambiental nada tiene de metafísico.
Ante este problema – siguiendo este punto de vista- , se requieren soluciones
coherentes de carácter puramente ecológico.
Pero una visión detenida de la ética ambiental debe situar su discurso
necesariamente en el problema del hombre y el cosmos, bajo una simple pregunta: Cuál
es su lugar? De aquí que la
determinación de su lugar, da las
pautas para una ética ambiental, que establezca las relaciones entre el hombre
y el cosmos en el sentido griego, pero bajo una óptica moderna.
Que el hombre sea o no el centro del cosmos y de la creación parece ser hoy en día un interrogante superado por las corrientes ambientalistas. Para todos sin excepción el hombre es una especie mas entre otras cuyas relaciones con el cosmos deben articularse bajo la óptica de los movimientos ecológicos. Observando cualquiera de estos movimientos de baja, moderada o alta “densidad de visión ecológica”, se advierte que ninguno considera que en realidad el hombre sea el centro de la creación pues tales conceptos de carácter antropocéntrico o de creación pertenecen a una visión religiosa y por tanto incuestionable para el hombre. La cosmovisión religiosa, - cualquiera que esta sea -, ha sido excluida de todo tipo de debate por tratarse de una visión que pertenece a la esfera de lo personal e individual, de lo “no razonable”-; sin embargo su influencia directa en las relaciones del hombre con el mundo parece no tener igual. El hombre contemporáneo heredero del mundo ilustrado ha ofertado a la ciencia como el camino de la liberación y se ha lanzado a la conquista y dominación del mundo y de todo lo viviente, con una visión de fondo netamente religiosa. “Creced y dominad la tierra” parece ser el criterio con el que el hombre moderno frecuentemente ateo para la dominación del cosmos - y quizá creyente en la esfera de lo individual- ha conquistado el mundo. En esta conducta es de resaltar la comprensión que la modernidad reforzó sobre el cosmos. El pensamiento cartesiano acentuó todavía más la brecha entre el hombre y el cosmos mismo cuando interpuso una tajante división entre la res cogitans y la res extensa. Bajo este criterio el hombre se presenta como sustancialmente distinto al cosmos por su capacidad racional. Tal postura consolidada durante cerca de 4 siglos plantea dificultades serias que lo apartan de lo natural, y que por lo mismo establecen relaciones antinaturales que como hoy se evidencia perjudican al hombre mismo. Puede afirmarse que entre el hombre y la natura hay una relación solidaria de interdependencia, sobre la cual han existido varias décadas de injusticia. La actitud del hombre del siglo XX ha estado muy lejos de la contemplación para inscribirse en la dominación. Y de modo particularmente curioso e inesperado, ha cumplido el mandato divino de “creced y dominad la tierra”. Nunca como hoy la población mundial creció tanto como en el pasado siglo. De 750 millones en el siglo XIX, el siglo XX dejó un saldo cercano a los 6.500 millones de habitantes. Y nunca antes había dominado el mundo como ahora puede hacerlo.
Aproximación bioética a la problemática eco-ambiental
Elementos sociales involucrados
No
puede ser ya un interrogante ni siquiera una sugerencia, sino un imperativo
deber de la humanidad cambiar de conducta ante el mundo natural. Aquí es
precisamente donde la Bioética tiene la necesidad
e recabar nuevos recursos teóricos procedentes de la filosofía natural, de la
biología, y de la ecología para
asumir los desafíos que representan 6 mil millones de seres humanos,
en constante movimiento, condicionados por factores sociales de
necesidad, mercado, alimentos, salud, etc., de los cuales el 75% vive en
condiciones de pobreza y solo el 25% viven al nivel de los actuales países
ricos.
Es
en este nivel en el que la discusión actual sobre el ambiente debe situarse.
Muchos ambientalistas enfocan el
problema ambiental como un problema de los países pobres. Según ellos, son los
países pobres quienes provocan las alarmantes cifras de mortalidad infantil y
materna, y frente a los cuales es preciso asumir medidas urgentes que detengan
el crecimiento de la población. Aquí emerge el clásico sofisma según el cual
el mejor modo de acabar con la pobreza es reduciendo el número de los pobres
mediante mecanismos de esterilización
masiva y condicionamientos económicos. Un enfoque que sitúa la problemática
en un extremo poblacional cercano al 25% impone un sesgo evidente en la
comprensión del problema socio-ecológico.
Es
una realidad que las relaciones del hombre con la natura están mediadas por una
directa relación del hombre consigo mismo. Que el hombre se relacione de un
modo determinado depende en gran medida de la situación real de los grupos
sociales es decir de las relaciones del hombre consigo mismo. No es una
coincidencia que Latinoamérica sea un grupo humano que derrocha sin planificación
sus recursos naturales. Tal derroche se debe a condicionamientos sociales específicos
que limitan la atención de tales problemas ante la urgente necesidad de
resolución de otros.
Para
algunos lo que se conoce con el nombre de ética
aplicada, tiene dos vertientes. Por un lado la bioética, que trataría
todos los problemas concernientes a la vida y de otro lado la ética ambiental o
ecológica; para otros como el autor, la Bioética no es diferente pues se trata
del mismo objeto que en el contexto de planeta,
hace de la preocupación Bioética y la preocupación ecológica
una misma cosa.
Tanto la biología, la ecología y la misma antropología han venido
insistiendo en la pertenencia del hombre a la naturaleza y es una
preocupación bioética el lugar del hombre en el cosmos y las relaciones de
interdependencia natural que tiene el hombre con el ecosistema.
Si
bien el hombre pertenece al ecosistema como lo son las demás especies el modo
de pertenencia no es el mismo que el de las demás especies. Considerando el
hombre como fruto de una evolución biológica su pertenencia al ecosistema
tiene elementos sustanciales que lo distinguen en modo radical de las demas
especies del ecosistema: citaré solo algunas: 1. El hecho de que el hombre
piense el ecosistema y se sitúe a sí mismo dentro de él, es una operación
racional que no hace ninguna las demás especies. 2.En modo negativo el poder
destructivo, de contaminación y de transformación destructiva del medio
ambiente es otra de las características que sitúan una especial diferencia de
lo humano en relación con las otras especies. 3.Dado el gran poder de
preservación o de destrucción del ecosistema, su consciencia de este poder y
su sensibilidad ética frente al problema, la especie humana tiene una
responsabilidad etica frente al ecosistema. Estas sobresalientes diferencias que
permiten un particular espacio para la
reflexión bioética sobre el ambiente, hacen incuestionable la relación del
hombre con el ecosistema y del análisis ético de esta relación un capitulo
sobresaliente de la Bioética, en especial el relacionado con la antropología.
El hombre se ha pensado a sí mismo siempre como el centro de la realidad, de la
creación y la cosmovisión religiosa que ha determinado la forma del
pensamiento occidental hace que solo hasta ahora seamos conscientes de la
realidad no en cuanto conocible, dominable, y
explotable, sino como un habitat,
un oikos[9] humano,
frente al que tenemos serias responsabilidades como especie.
Todas
las cosmovisones que sobre el hombre se han ofrecido hasta el siglo XIX no
pusieron jamas en duda la superioridad del hombre ante lo existente en el
cosmos. Por encima del hombre solo Dios y sus ángeles, podría afirmarse que
fue el pensamiento con el que se habitó, conquistó y transformó el mundo. Si
el medioevo ha sido cuestionado por esta visión antropocéntrica, la
beligerante ilustración y sus efectos
en pensamiento moderno y contemporáneo no son menos antropocéntricos.
Los alcances de la teoría
de la evolución con el pensamiento de Darwin, Lamarck y luego Wilson y otros,
hicieron posibles cuestionamientos que empezaron a erosionar la antigua
cosmovisión. Los aportes de la ciencia moderna hacen pensar que si bien el
mundo es grande, no es infinito. La noción de mundo como objeto de explotación
casi infinita ha desaparecido mediante la comprensión que tenemos del mismo. Esta comprensión del mundo ha permitido pensar al hombre y al género humano como una especie de particular comportamiento en el ámbito de varios niveles. Por ejemplo el numero de individuos de la especie humana es comparable solo con el de las bacterias, los peces de menor tamaño del océano y quizá los insectos. Pero en estas y en otras especies jamas se evidenció el poder de mantenimiento de supervivencia de sus crías e individuos ancianos como en el hombre. Tampoco su poder depredador y de transformación del hábitat natural por el de concreto y asfalto de las ciudades y grandes metrópolis que albergan decenas de millones de individuos.
La capacidad de continencia ambiental a los cambios provocados por la especie eran absorbidos con ventaja por el planeta hasta apenas 150 años. Me refiero en particular a la transformación del ambiente vital, la generación de basuras y elementos de contaminación etc. A nadie se le ocurriría que una aldea del siglo XII pudiera alterar o poner en peligro el medio ambiente con sus basuras, excretas y deshechos. Esto solo pudo ser pensable en el ambito de grandes ciudades como Paris o Londres, y solo hasta hace pocos siglos. Sin embargo el siglo XX se caracteriza entre otras muchas cosas por el poder destructor del medio ambiente en múltiples modos. El siglo del Progreso que propulsó el crecimiento de las fabricas, la explotación y comercio mundial del petroleo, los transportes, la generación de miles de toneladas de material radioactivo, de toneladas de materiales no degradables como los plásticos etc., tiene una altísima cuenta por pagar al ecosistema, y solo apenas hace pocos años hemos empezado a tomar conciencia de estos problemas provocados por una cosmovisión estrecha carente de futuro y de sentido de responsabilidad individual y colectiva, heredera de varias corrientes de pensamiento, entre los que sobresalen el cartesianismo, y la filosofía moderna, cuya atención centró en el hombre y en sus problemas todo el esfuerzo de su razón. No es admisible culpar a nadie de esta grave omisión, pues no es el papel de la historia ni el del autor el de juez. Afirmemos simplemente que el descuido por el ambiente tiene varios siglos y que en presencia del convulsionado siglo XX hemos sido mas conscientes de la necesidad de pensar con un punto de vista mas amplio sobre nosotros mismos, y sobre el cosmos que habitamos.
Raíces filosóficas de la ruptura hombre- natura
El
concepto de naturaleza no es un
concepto científico, aunque sea la ciencia la que se ocupe del estudio de la
naturaleza y de lo natural. En realidad el concepto de natura
es un concepto filosófico, y quizá incluso teológico tanto como otros
conceptos que son usados en otros ámbitos de igual modo que el concepto de
ciudadano. La admiración frente a la natura
es una actitud que procede de los griegos y que hoy hemos perdido por un
exceso de aproximación científica. Es por esta razón por la cual el concepto
de ecología nos devuelve a la noción
de casa -“oikos”-, y en
realidad puede ser de esta una gran
meta bioética que permita la recomprensión del mundo como natura, sobre la cual se vuelva a la griega admiración. La ciencia ha “desencantado” el mundo. La descripción
analítica del mundo y los procesos vitales han dejado de lado la admiración y
la contemplación perdidas. En realidad la ecología no es el estudio de las
cosas vivas y de la vida en sus relaciones biológicas intimas, sino también el
estudio de las condiciones bajo las cuales la vida puede ocurrir. Se trata del
estudio de las relaciones de los sistemas biológicos con los sistemas no biológicos
en cuya mutua interacción emerge maravillosamente, -admirablemente-
la vida.
Otros
son los aspectos antropológicos y de cosmovisión filosófica que afectan la
reflexión bioético-ecológica; la visión pretendida por la modernidad, hizo
del cogito cartesiano
el eje sobre el cual el hombre construyera las bases de un
antropocentrismo radical. La duda metódica y los deseos ilustrados de comprender al mundo y al
hombre al margen de la visión judeocristiana como criatura, emanciparon a la
razón a favor de la autonomía y permitieron que el olvido de la pertenencia
del hombre a la naturaleza fuera
todavía mayor. El ideal ilustrado y luego el esfuerzo de la filosofia kantiana
por fortalecer la autonomía, y
establecer límites al conocimiento reafianzaron el antropocentrismo, no solo
como fundamento de toda posterior
filosofía, sino como modo natural de vivir.
De
este modo la pretensión de
cualquier óptica ecológica aspira a la superación de los dualismos del
cartesianismo res
cogitans- res extensa pues tal escisión ha provocado la ruptura entre
hombre y natura con las graves
consecuencias que hoy afrontamos. La res
cogitans cartesiana, se limito a pensar y apropiarse e la res
extensa haciendo de esta un simple objeto manipulable,
explotable desconociendo la interdependencia hombre-natura.
y que junto con otros pensamientos hicieron que el hombre se centrara sobre sí
mismo y no mirara a su alrededor. La creciente
compleja realidad de lo humano absorbió por completo la observación de la
realidad y el hombre como parte de ella. Sea esta pues una justificación del
autor para tan grave olvido.
El
esfuerzo ahora es el de la deconstrucción del ideal racional ilustrado en favor
del hombre mismo y del ambiente. La gran babilonia racional debe ser
deconstruida en función de una visión antropológica que piense el lugar del
hombre en el cosmos que habita y deje de lado el afán de conquista que en
realidad, no dista mucho del afán del lucro. En medio del poderoso afán de
conocer y dominar la vida subyace un pequeño hombre no acepta el dolor ni la
muerte, y que aspira a dominar en sentido material y utilitario un cosmos que
con el poder de la ciencia cada vez mas tiende a
empequeñecerse. En este proceso no sería extraño encontrar
un argumento que sostuviera bajo esta degradante óptica utilitaria, que
si el ambiente se sigue destruyendo, no habría
problema pues se podría buscar otros lugares donde habitar y seguir
considerando esta tierra como desechable.
En
realidad, la modernidad trae consigo una visión genuinamente antropocéntrica,
y una desconfianza en la ética derivada de dicha cosmovisión. El esfuerzo de
la modernidad por demostrar que las ideas de la vida buena propuestas en la
antiguedad no eran válidas -bajo el supuesto según el cual la mayoría de las
personas no pueden vivir según ellas - es un esfuerzo en el que sobresalen las
ideas de Montaigne, pero en realidad la tesis de Montaigne,
como el mismo Descartes no
ofrecieron nada a cambio. En este sentido la Europa moderna se refleja inquieta,
confiada en sí misma, pero dividida entre una moral protestante y católica que
busca en la moralidad un espacio que va más allá de los principios sectarios.
La doctrina moral antropocéntrica compartida por católicos y protestantes era
la que sostenía que las leyes de Dios nos exigen actuar de determinada manera,
y que – sepámoslo o no- dicha manera de actuar va en beneficio de todos. El
pensamiento moral del siglo XVII concebía al ser humano como un ser creado por
Dios y concebido para desempeñar un papel en la creación de Dios.
Renombrada
heredera de la modernidad y promotora del incremento de la ruptura del hombre y
la naturaleza fue en gran medida
la filosofía kantiana, que dentro de su aproximación al problema
epistemológico y la formulación de una ética basada en una moral autónoma,
reafianzó esta visión antropocéntrica del cosmos, y como se ha dicho ya,
separó aún más la brecha entre
el hombre y la natura. Kant defiende la versión más radical de que la
moralidad se desprende de la naturaleza humana. La clave de su concepción es la
libertad. Tan pronto como sabemos que debemos hacer algo, sabemos que podemos
hacerlo; y esto solo puede ser verdad si somos libres. Para Kant la única forma
de ser libres es que nuestras acciones estén determinadas por algo que se
desprende de nuestra propia naturaleza. Aquí
se reafinaza aún más el antropocentrismo criticado por algunas
corrientes ecologistas, pues la noción de libertad es de modo restrictivo, una
noción reservada para el hombre. No
puede decirse menos de la filosofía que le sucedió. Incluso la postura
marxista también favoreció una perspectiva antropocéntrica. Para
Marx el mundo existe como sustrato
de la materia que el hombre está en condiciones y en la obligación de
transformar. Puede decirse que desde el siglo XVI
en modo generalizado el hombre se centra sobre sí mismo, y en la
alabanza a la racionalidad y al conocimiento empírico, se separa la relación
natural de interdependencia entre el hombre y la natura.
El problema del progreso
El
progreso es el resultado del triunfo de una racionalidad que con sus
aplicaciones técnicas ha
incrementado el domino sobre la naturaleza. Pero dicho progreso es fiel heredero
del antropocentrismo radical. Es curioso observar como una comprensión del
progreso abrigada en una noción de dominio del hombre se transforma en una visión
que no desea ser más antropocéntrica. Quienes han sido forjadores de la noción
contemporánea de progreso hoy lo cuestionan desde una perspectiva biocéntrica.
Son ellos mismos quienes hablan de “tabúes arcaizantes” que han sido
desplazados por la ciencia moderna.
El
progreso se ha propuesto dejar las leyes de la naturaleza
para configuarla según voluntad propia en orden a la productividad. El
progreso articulado mediante cuatro
elementos sustanciales, ciencia, técnica, economía industrial y poder, ha
situado al mundo contemporáneo en una encrucijada paradójica: un desmedido
crecimiento de la capacidad tecnológica de un lado, y de otro, problemas
humanos esenciales que no son todavía resueltos. Africa moribunda y condenada a
desaparecer. Latinoamérica empobrecida distante cada vez mas del primer mundo
se constituye en un obstáculo para los deseos de progreso y bienestar del
primer mundo. La técnica también se debate en medio del contexto socio-político
con intereses creados y fundados en el poder y en el lucro. Sin estos elementos
no habría sido posible la decodificación del genoma humano y de otras especies
que ha conmocionado los albores del siglo XXI. Sea este otro momento para
reiterar que dicho proyecto es el resultado de una síntesis entre la economía
y la ciencia. Si no hay sociedad de consumo que apoye la economía tecno- científica
nada de lo alcanzado en el siglo XX habría sido posible.
El
progreso se pone en cuestión de cara a los problemas ambientales porque su
fundamento es la poderosa noción de productividad utilitaria individual. Esta
noción puesta como objetivo desde hace cerca de dos siglos y medio ha
propiciado una colisión que sitúa el ideal de progreso, la sociedad que se
esfuerza en alcanzarlo, -y en nuestro caso- los efectos ambientales, en una
lucha constante. Quizá el problema ético - ambiental no sea un objeto desde el
cual la noción de progreso pueda ser cuestionada en modo directo. Pero sin duda
es un lugar desde donde pueden palparse los efectos de una noción que debe ser
cuestionada con sereno espíritu crítico. Pero es evidente el divorcio entre el
desarrollo de la vida humana y la naturaleza, con la mediación de la ciencia es
el problema que ahora afrontamos y
que pretendemos resolver con el
apoyo de la Ecología la Bioética
misma.
Interpretaciones sobre la problemática
1. Antropocentrismo : presupuesto y punto de partida de los valores morales de occidente
Hemos
examinado ya al antropocentrismo radical como una de las causas de la ruptura
entre el hombre y la naturaleza. Se trata de un extremo en el cual esta postura que eleva a la razón humana
al mas alto grado de superioridad, por encima de la cual solo existe Dios
-cuando se le nombra-, y que es el eje de los valores de la cultura occidental
durante cerca de 25 siglos. La
cosmovisión que pone al hombre con razón, libertad y lenguaje como criterios
de ser moral y como centro del cosmos con un carácter de superioridad frente a
este, es simplemente grecorromana y luego judeocristiana. Las visiones
orientalistas están inundadas de simbolismos, y no son uniformes en relación
con el lugar del hombre dentro del cosmos. Por el contrario, todas las
variaciones que sobre esta visión se pueden reconocer en la historia del
pensamiento de occidente en relación con el lugar preponderante del hombre
sobre todo el cosmos, son realmente insignificantes en relación con esta
constante que solo fue cuestionada por el evolucionismo darwinista hasta el
siglo XIX. Puede decirse que la ciencia y toda la cultura gozan de una visión
antropocéntrica que para bien o para mal ha sido la que ha defendido la especie
de su muerte. Dicha visión ha sido acentuada incluso por la ciencia misma.
Gracias a su poder transformador se ha instaurado como única forma válida
y reconocida para comprender el cosmos. La pretendida neutralidad en el
conocer de carácter científico está además contaminada de conceptos
contemporáneos como la productividad, el consumo y el beneficio, acentuando
todavía mas el carácter antropocéntrico de la misma y los efectos también
antropocéntricos de sus resultados. En la ética y la filosofía sucede otro
tanto.
Antropocentrismo judeo-cristiano
El
modelo de la ética antropocéntrica está representado de modo sobresaliente en
la filosofía kantiana, y por su puesto en el cristianismo que en su cosmovisión
propone al hombre como “Imago
Dei”( Imagen de Dios). El hombre como
ser moral se halla en capacidad de comprender la ordenación del mundo actuando
libremente y sometiendo su voluntad a la ley: “La voluntad humana está
sometida a tres órdenes. En primer lugar al orden de su propia razón, en
segundo lugar a las ordenes del gobierno humano, sea espiritual o temporal, y en
tercer lugar está sometida al orden universal del gobierno de Dios.”[10]
El elemento común es la legislación humana como nomos (ley )en relación con el logos
o razón cósmica. Bajo esta óptica el hombre ocupa un lugar particular de
superioridad en el cosmos, lo que lo lleva a establecer relaciones particulares
con él. Se le objeta al cristianismo presentar al hombre como dueño y señor
del cosmos reduciendo al planeta a un mero objeto de libre explotación.
Antropocentrismo utilitarista
Una
de las versiones contemporáneas de un antropocentrismo de corte utilitarista
está representado por el pensamiento anglosajón en donde frente al problema
ambiental se espera simplemente que se amplíe el horizonte de responsabilidad
de lo humano. De esta manera, animales, plantas y ecosistema en general
adquieren el rango de “valores morales” que deben ser preservados, pero
siempre bajo la óptica de la utilidad. Cuidar el ambiente es útil, pues
preservarlo beneficia directamente al hombre. La lógica utilitarista de máximo
placer y máximo beneficio para el mayor número de individuos es vigente dentro
de esta óptica en la que el ambiente es otra “cosa” más que beneficia al
hombre.
El
modelo antropocéntrico utilitarista sitúa al hombre en un beneficiario de la
naturaleza; de esta relación emanan deberes, se justifican conductas basadas en
necesidades terapéuticas, estéticas, o biológicas o económicas. La economía
es una forma de energía natural con la que actúa el genero humano. En ciertos
lugares hay mas energía transformadora que en otros. Por esto la economía hace
parte del medio ambiente. Acciones como la polución, la deforestación,
alimentan el discurso de solidaridad para con el planeta. Como consecuencia los
deberes éticos desde una ética antropocéntrica de corte utilitarista seria la
necesidad de preservar el ambiente en interés de la humanidad. Ampliado a otras
especies, sería en interés de todo ser capaz de vida y placer debe protegerse
la naturaleza. Esto trae consecuencias serias por ejemplo en la explotación de
los recursos de cara a las generaciones futuras, pues no nos es permitida un una
explotación irracional y devastadora de los recursos naturales. [11]
Tal actitud sería un acto de injusticia y de insolidaridad que no fue
considerado en otras épocas. Esto implica una responsabilidad que considere
como novedad la variable del tiempo. Somos responsables no solo ahora sino de
cara al futuro de planeta. Aquí el manejo de los recursos nucleares y sus
problemas residuales se verían comprometidos, del mismo modo que el transporte
de petróleo y las consecuentes contaminaciones marítimas etc. Con el futuro
debe asumirse una actitud responsable en relación con el ahorro energético,
sobriedad en materia de reproducción humana, etc., haciendo posible que las
categorías de deber, virtud, responsabilidad entre otras, asuman características
distintas.
Comprensiones no antropocéntricas
2. La Opción Biocentrista de Schwitzer
El
célebre médico - teólogo premio Nobel propone una ética del respeto a al
Vida. La vida se muestra como un valor absoluto. El hombre y la naturaleza se
relacionan bajo el principio “ Yo soy
vida que quiere vivir en medio de la vida que quiere vivir”. El criterio
ético que determina este pensamiento podría estar formulado como el mismo
Schweitzer afirma: “Bueno
es mantener, promover e impulsar a toda vida apta para el desarrollo a su mas
alto grado; destruir la vida, hacerle daño o impedir su desarrollo es malo[12]
. La propuesta de Schweitzer consiste en favorecer un respeto a todo lo vivo.
Según él, todo ser viviente por el hecho de serlo es portador de un valor intrínseco
consistente en desarrollarse según la ley de la vida propia de su especie. La
vida así se constituye en un valor absoluto que no admite rangos ni
clasificaciones.
Dicha
propuesta tuvo gran aprecio y
acogida en el contexto de los años sesenta. En dicha época la necesidad de
reconciliación con lo natural era un concepto en el que había común acuerdo.
Las consecuencias ambientales de la segunda Guerra mundial, así como el inicio
de las preocupaciones ecológicas incluso bioéticas eran pertinentes para dicho
momento.
No obstante la propuesta de Schweitzer no deja de tener ciertas debilidades que la sitúan en condición de |