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Bioética y Medio Ambiente: Introducción a la Problemática Bioético- Ambiental y sus Perspectivas.

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Publicado en Cuadernos de Bioética
Ed. Ad Hoc. Argentina

 Pedro José Sarmiento MD MSc.*

 

 

ABSTRACT

RESUMEN

The problemática  environmental includes serious problems which solutions are determined in function of the antropological comprehension. Which is it the place of the man in the cosmos, which does paper occupy in the biological scene and consequently which are the better solutions bioéticas facing the environmental problem is the center of the ethic and environmental problem. Euther, if the man is the center of the creation -as it proposed for centuries the Christian cosmovisión -, or well -as  it is trying to be maintain now- it is a matter of a species which put in danger its own existence and that of the planet. In this job, the author intends to describe some of these elements, his divergent interpretations as well as search to propose an interpretation of cut personalist to the environmental problem.

La problemática medio ambiental encarna serios problemas bioéticos cuyas soluciones se determinan de modo particular función la comprensión antropológica que se asuma. Cuál es el lugar del hombre en el cosmos, cuál papel ocupa en la escena biológica y en consecuencia cuáles son las mejores soluciones bioéticas frente al problema ambiental es en el fondo el centro de la problemática  etico-ambiental. Bien es el hombre el centro  de la creación -como lo propuso por siglos la cosmovisión cristiana-, o bien como ahora se quiere sostener- se trata de una especie depredadora sin más, que pone en peligro su propia existencia y la del planeta. En este trabajo, el autor pretende describir algunos de estos elementos, sus divergentes interpretaciones así como  busca proponer una interpretación de corte personalista al problema ambiental.


 

La interacción de la sociedad humana con la biosfera suscita problemas y cuestiones que solo hasta nuestra época empiezan a  cobrar un grave significado. Pese a que el tema ambiental ya fue introducido como problema desde hace varias décadas, puede decirse que hoy su importancia es particular. En realidad hoy son más sobresalientes los factores implicados y sus efectos de mayores repercusiones que en otras épocas, todo lo cual hace que su presencia condicione en múltiples direcciones las relaciones entre el hombre y la biosfera, y que en materia de responsabilidad, quede mucho por decir. En los siglos anteriores a la intervención tecnológica directa, y a los condicionamientos poblacionales a los que ha estado sometido el ambiente durante los últimos siglos, el ecosistema presentaba fluctuaciones variables, dependiendo de cambios ambientales ordinarios. La distribución de conglomerados vitales de modo  mas abundante en los trópicos que en los polos y la agrupación de poblaciones en ambientes geográficos con características mas adecuadas para la supervivencia, constituyeron la conducta normal vivida durante decenas de siglos, lo que propició una fluctuación poblacional y cambios - términos de un ecosistema-, casi imperceptibles. De acuerdo con las evidencias de los fósiles, las formas vitales aparecieron hace cerca de 3.8 billones de años. Inmediatamente aparecida la vida las condiciones de la tierra empezaron a  cambiar. El oxígeno que hoy respiramos y que se distribuyó en la atmósfera nació como el producto de la actividad fotosintética de los organismos vivos. Este elemento apareció hace cerca de 2.5 billones de años. La actividad de la especie humana en los últimos 10 a 15 mil años ha generado una gran influencia ambiental en el agua, los sólidos y distribución biológica, causando como es sabido numerosas extinciones biológicas. Con el incremento de población del hombre y el desarrollo veloz de su capacidad tecnológica, -ambos fenómenos vividos en los dos últimos siglos -, el planeta y  la biosfera en general, se han constituido en agentes pasivos ante el poder transformador del hombre, quien transforma para sí mismo sus condiciones de vida  repercutiendo directamente sobre el medio ambiente. En términos estrictamente biológicos el hombre ha desarrollado su capacidad de adaptación de forma muy superior en relación con las demás especies. Por ejemplo, el hombre ha vencido las inclemencias del invierno para alojarse y reproducirse también en el invierno sin necesidad de migrar. Otras especies deben hacerlo en búsqueda de sustento y clima más aptos; en el transcurso de la migración las posibilidades de muerte aumentan para cualquier otra especie. Por el contrario, el hombre se defiende con la electricidad, la conservación de alimentos y  su actual poderosa tecnología que junto con los conocimientos adquiridos y transmitidos durante siglos lo capacitan para defenderse de la natural enfermedad y   alargar de ese modo la llegada de la muerte; otro tanto puede afirmarse en otros aspectos como la mejora sustancial en su capacidad de alimentación, comunicación,  y locomoción. Todos estos cambios generados por el cerebro y la capacidad tecnológica del hombre son sorprendentes para el hombre mismo, pues son los cambios que acumulados como una forma de saber a lo largo de los siglos, han posibilitado eventos nunca pensados: viajes espaciales, trasplantes de órganos, conocimiento del lenguaje genético que articula la vida etc.

 

La interfase de la aplicación de la técnica en el pensamiento del hombre mediante la computadora no tiene antecedentes. Los últimos descubrimientos en relación con el genoma, han estado mediados en su totalidad por la computadora. Otro tanto vale decir para los vuelos espaciales, las comunicaciones y en general toda la actividad científica. El comportamiento sui generis del hombre como especie hace pensar que la presencia del hombre sobre la biosfera es de radical importancia en relación con el planeta, pues su  capacidad de acción plantea interrogantes de supervivencia, de interdependencia consigo mismo y con las demás especies,  junto a  interrogantes de justicia,  responsabilidad con el futuro de la especie y  de la bisofera en general. Estos interrogantes pertenecen de un parte a la ecología y de otra a la Bioética. La destrucción del ecosistema por irresponsabilidad el hombre puede significar la destrucción de la especie misma. Y curiosamente  la irresponsabilidad del hombre con relación al  ecosistema y al hombre mismo es casi una constante. Mas aún, el florecimiento de nuestra sociedad basada en la economía liberal ha generado un tipo de hombre irresponsable, inconsciente, preocupado por consumir para ganar en confort e insensible frente a temas sustanciales como el magno problema social de nuestro siglo cual es el crecimiento de la pobreza. De hecho puede entenderse la pobreza mundial en términos ecológicos como una aminoramiento de la especie como consecuencia de sus relaciones  internas dependientes de la noción de justicia. Por ejemplo, que mas del 70 % de las personas que habitamos la biosfera vivan en condiciones de pobreza,- algunos de los cuales en real muerte por hambre, y pandemia como el Sida-, significa un aminoramiento de la especie en relación con otros grupos de la misma, los cuales crecen vigorosos en términos económicos e incluso biológicos. Este fenómeno muestra cómo una circunstancia puede ser comprendida en términos “ecológicos”, prescindiendo del significado que desde el punto de vista social  puede tener el mismo fenómeno. He aquí uno de los serios problemas que afronta la Bioética y no puede afrontar en modo pleno otra disciplina.

 

No obstante,  es preciso admitir que la expansión poblacional de la especie humana no ha considerado la finitud de los recursos biológicos que requiere para su sustento. El mundo no es el lugar infinito que era pensado en otras épocas. Se trata  de un planeta con recursos que se consideraron abundantes pero sobre los cuales no puede pensarse que sean ilimitados. El consumo de sus elementos biológicos y energéticos puede extinguirse de seguir en el ritmo de consumo que hemos llevado en el último siglo. De cara a las próximas generaciones emerge la responsabilidad de dejar un planeta agotado en sus recursos por un afán de crecimiento sin una conciencia del futuro.[1]

 

Estos interrogantes hacen necesario que la relaciones del hombre con el ambiente sean pensadas desde una óptica no solo ecológica, sino también Bioética. La ecología es una disciplina que se ocupa de la biología e interdependencia de los sistemas y subsistemas biológicos en los que se incluye el hombre, pero no indaga la eticidad de las relaciones entre la especie humana su comportamiento interno, ni sus relaciones con  el ecosistema. La Bioética por el contrario, apoyada con los datos de la ecología y de otras disciplinas puede reflexionar mas allá de la misma ecología investigando cuestiones aún mas difíciles como la determinación del lugar del hombre dentro del cosmos y la conducta que en consecuencia puede asumir considerando su libertad y su capacidad racional para conducirse en medio  del alto poder tecnológico obtenido en los últimos años. En el marco de esta problemática, la Bioética en relación con el medio ambiente se inscribe con una aspiración en concreto: determinar la eticidad de las relaciones del hombre con la naturaleza, es decir, determinar no que la preservación del ambiente sea un deber y una necesidad,- lo cual ya ha sido formulado  y suficientemente reiterado por otras disciplinas,- sino establecer un campo de reflexión sobre las relaciones del hombre como especie y como grupo en relación con la biosfera, de modo que se investiguen no solo los mecanismos de preservación del ambiente, sino también la legitimidad ética de los mismos, al interior de una filosofía de la naturaleza que justifique el lugar  del hombre y el sentido de su acción sobre sí mismo y sobre el ecosistema.

 

Las relaciones del hombre con el ambiente no fueron objeto de reflexión en ningún momento de la historia hasta el siglo XX. Parece que la frase del génesis “Creced y dominad la tierra” fue la inspiración de la actividad humana y  a la vez la que conllevó al olvido del ambiente mismo.

El mundo griego se incorporó a sí mismo e incluso a sus dioses dentro de la noción la physis. Todos los presocráticos entre los que se conocen como los filósofos cosmólogos convergen en que tanto el hombre como el cosmos están constituidos por los elementos fundamentales; Tales, Anaximandro, Anaxímenes pensaron el mundo y la realidad como un cosmos vivo en el que el hombre jugaba un papel de participante y espectador. El cosmos comprendido por los pitagóricos era una gran criatura viviente. La  noción de physis como proto-materia, es decir aquello de lo cual están hechas todas las cosas, permitió que los problemas en relación con el hombre y todo el ambiente que lo rodea, fueran una misma cosa. El hombre como parte del cosmos fue una noción que posibilitó una comprensión del cosmos y del hombre mucho más cercana de la realidad y distante de lo que hoy pretendemos. “Así como nuestra alma siendo aire, nos gobierna, así también el soplo y el aire ,todo abarcando gobierna” Anaxímenes,[2]De este logos , que siempre existe, los hombres permanecen ignorantes, antes de haberlo escuchado y aun después que por primera vez lo escuchan; porque aunque todas las cosas según este logos se originan, se asemejan aquellos a los ignorantes, pues tantean por medio de palabras y de obras semejantes a las que yo empleo, cuando separa cada cosa según su naturaleza y explico en que consiste.” (Heráclito frac 22 B 1) Parece ser esta la única circunstancia en la que el hombre se pensó a sí mismo y se contempló como parte de la vida y del ambiente. Curiosamente hoy veinticinco siglos después, afrontamos tantos y tan serios problemas ecológicos que somos conscientes de la necesidad de pensarnos nuevamente como parte del ecosistema,  y enteramente dependientes de este.

 

No obstante la necesidad de estos contenidos, durante los siguientes siglos el tema fue enteramente olvidado hasta la mitad del siglo XX. Fue Aldo Leopold en la Universidad de Wisconsin  en 1950 quien definió la crisis ambiental  como una falla con raíces en la actividad económica con una base ética. Según Leopold, las relaciones económicas entre los países del mundo olvidaron el ecosistema, y ellas mismas fueron objeto del deterioro ambiental a consecuencia de las relaciones entre sí. Según Leopold todo inició con la relación ente los individuos y la sociedad, sugiriendo que el esfuerzo humano se ha centrado en la búsqueda de   reglas de oro intentando integrar el individuo a la sociedad. Gran parte del tiempo se centró en como establecer las relaciones entre los hombres dejando de lado al ambiente. En tal situación surge el interrogante por la relación que debe tener el hombre con los animales y las plantas con las que crece. Conforme al pensamiento de Leopold ha habido un serio error en esta relación en la medida en que la tierra ha sido considerada como una esclava[3]; las relaciones establecidas con ella han sido solo económicas y utilitarias, y sobre las que solo ha habido privilegios para el hombre pero no obligaciones. El aporte de Leopold a la ética ambiental según Potter es realmente sustancial.[4] El problema  que sobre el pensamiento de Leopold hace Potter es que no existe en realidad una ética ambiental. La  Bioética de Potter fue consciente en sus inicios de una preocupación por la biosfera, bajo la imagen del puente entre la ciencia y lo humanístico. Lo que  se ausentó en la Bioética inicial de Potter fue una noción sistemática   que Leopold mismo  desarrolla.[5] De modo análogo el problema también fue enunciado por el discípulo de Heidegger, Hans Jonas ( 1903-1993) afirmando no sin elementos de gran alarmismo: “vivimos una situación apocalíptica, es decir en vísperas de una catástrofe universal si dejamos que las cosas sigan su curso actual”[6] .Pese a que esta problemática haya sido tratada con particularidades individuales que se contextualizan en un momento histórico de la llamada “guerra fría” y la amenaza para el mundo y el ecosistema, - de ahí la importancia de la Bioética en ese momento -, el fenómeno ambiental es cuestionado con Leopold desde un lugar que debe considerarse como agudo y al mismo tiempo ineludible. Para Leopold es necesario articular la ética social y la ética ambiental que integre sus relaciones  dentro de un mismo sistema. Esta postura en realidad atractiva es el vértice de la problemática ambiental, pues articula el comportamiento social y sus intrínsecas relaciones entre sí con el ambiente mismo. El ambiente no es un lugar ajeno a las condiciones sociales de vida del hombre, sino por el contrario, es dependiente de las relaciones sociales que el hombre establece consigo mismo. Economía liberal, mercado de países desarrolados y subdesarrollados, pobreza, marginación y riqueza son factores que necesariamente tienen que ver con el ambiente. No obstante en dicho planteamiento sobrevive un problema como afirma Lewis., en relación con la ética y el desarrollo socio económico: según Lewis  el desarrollo de una ética social y ambiental se encuentra cuando el estándar de vida esta asegurado, cuando estamos rodeados de bienestar y confort para hacer nuestras elecciones. Aun en las naciones mas prosperas los esfuerzos para  salud, bienestar y alimentos  resultan ineficaces para la proporción de todo lo que se necesita. Una ética social inconsistente no puede funcionar al lado de una ética ambiental consistente. Esto es particularmente evidente. Mientras ahora reflexionamos sobre el ambiente, el mundo aleja las distancias entre países ricos y pobres y el desequilibrio social de Africa y Latinoamérica con el primer mundo es cada vez mayor. No obstante  la reflexión sobre lo urgente debe considerar lo importante en relación con el ambiente mismo.

 

De otra parte debe decirse de antemano que tal interdependencia natural  entre una ética social y una ética del medio ambiente, es francamente ineludible pues no es posible construir una ética social prescindiendo de la ética del ambiente, ni viceversa. Por ejemplo, se ha culpado al tercer mundo de amenazar con su crecimiento demográfico la estabilidad planetaria; pero el problema demográfico seriamente politizado ha sido objeto de opuestas e interesadas interpretaciones dependiendo de la óptica que se tenga. Si bien la pobreza es causa de superpoblación, esta es como tal un problema para quienes ven en el crecimiento una amenaza para sus intereses. Bien puede comprenderse el crecimiento demográfico del tercer mundo como una posibilidad de renovación de las sociedades ricas y envejecidas de Europa, pero las dificultades de aplicación de una ética social en términos de justicia planetaria pueden ser la causa de que dicha comprensión no sea hasta ahora posible. De otra parte debe decirse que el comportamiento frente al ambiente puede ser visto como menos lesivo que los daños provocados por la sociedad del primer mundo, los cuales son muy considerables en materia de contaminación y destrucción del ecosistema.

 

Esto muestra la interdependencia que hay entre lo ecológico y lo social, pero también – y en modo considerable- lo político. No puede pensarse el problema ecológico al margen de las relaciones naturales que establecen las sociedades del momento. El modelo de la economía liberal ha permitido que todo esfuerzo de productividad deba ser puesto en el contexto del mercado, el cual se rige por leyes de oferta y demanda, capacidad de pago, existencia de materias primas, etc. La explotación de los recursos planetarios está mediada por estas relaciones de economía de mercado. Por ejemplo, los bosques naturales del norte de Brasil no serían igualmente explotados con las consecuencias ambientales que esto genera, si los condicionamientos económicos no fueran los que ahora son. Otro tanto puede decirse de los intereses de desarrollo de las naciones subdesarrolladas en el contexto de construcción de vías, generación de industrias etc, objetos sobre los que la preocupación por un desarrollo inmediato conduce a un olvido de la responsabilidad que se tiene sobre el ambiente. Colombia misma ha condicionado de forma grave la estabilidad del ambiente a factores de orden político. Las inmensas plantaciones de coca, han destruido miles de hectáreas de bosque nativo en Putumayo y Caquetá, y las medidas de erradicación de los cultivos han considerado desde la fumigación con tóxicos vegetales de gran poder como el glifosato,  - cuyas consecuencias ambientales a largo plazo no están aún  determinadas en el campo de dichos microambientes -, hasta  soluciones inmediatas, que, - no sin algo de servilismo político -, son asumidas para detener un problema de raíces sociopolíticas;  este ejemplo muestra como algo que no es un problema ambiental y que a la larga, se convierte en estricto problema ambiental. El elenco de soluciones va desde la destrucción de cultivos por la quema, y  herbicidas hasta psudo- científicas soluciones como la propuesta de  “bombardear” con especies de hongos del tipo de los micosporum los cuales destruyen el arbusto del que se obtiene el alcaloide. Mucho más puede decirse del impacto social que produce el tema de la coca, no solo desde una perspectiva sociológica, sino también ambiental y ecológica, en relación con las migraciones de grupos humanos y  el engrosamiento de las  bajas y delictivas capas sociales de las metrópolis contemporáneas. El crecimiento desmedido de las megápolis modernas no solo es un problema serio de índole socio-política, sino también desde el punto de vista ambiental. Un conocido ejemplo está representado en el crecimiento desproporcionado de una ciudad como Bogotá, a consecuencia de una violencia ininterrumpida por mas de 150 años, ha propiciado circunstancias que pueden ser catalogadas como una vergüenza desde el punto de vista ecológico. Tal es  caso del río Bogotá, cloaca de una ciudad de cerca de 9 millones de habitantes que producen diariamente toneladas de basuras, gasesy deshechos contaminantes, o la destrucción del ambiente ecológico mediante la devastación indiscriminada de los cerros de la sabana de Bogotá, en la búsqueda de espacio y materiales con los que pueda construirse un lugar para vivir.  De modo análogo puede decirse de ciudades como México DC, en donde los problemas ambientales empiezan a perjudicar de forma directa al individuo en relación con su salud.

 

Continuando pueden citarse lugares de la tierra como la cuenca del río Amazonas, la cual goza en términos planetarios de especiales privilegios que atesoran una particular biodoversidad no existente en otras latitudes. Curiosamente el grado de subdesarrollo no permite a nuestros países -que gozan de esta gran biodiversidad-, una explotación respetuosa del ambiente. La fragilidad de las economías ha posibilitado una ausencia de conciencia al respecto junto a un derivado comercio de especies de animales que son comerciados en mercado negro lesionando dicha integridad. Especies antiguas como el caimán, el tigre u otros animales, han sido casi extinguidos  a consecuencia del desequilibrio económico en las latitudes planetarias, lo cual favorece un mercado que pone en peligro el ecosistema. Esta es la razón por la cual puede reafirmarse que el desequilibrio económico planetario es perjudicial para el ecosistema. Debe decirse que  ignorancia, hambre y pobreza son enemigas del ecosistema por dichas razones. Pero también es indudable que el problema del hambre y la pobreza deben ser solucionados no-solo por razones de orden ecológico sino ante todo humanitarios. En este punto  graves errores se han cometido como el de pensar que es necesario acabar con la pobreza mediante el exterminio de los pobres,  y no mediante la eliminación de los factores generadores de pobreza. Este es un vértice importante entre la Ecología, la Bioética y la Economía, que demuestra que no basta la ecología para asumir responsabilidad sobre el ambiente, sino que es preciso considerar aspectos bioéticos, sociales, económicos y de justicia  de cara al ecosistema, y asumir decididas conductas políticas frente al problema.

 

 

Estos ejemplos manifiestan como las circunstancia ecológicas están en directa relación con lo social, lo político y lo económico como bien afirmara Lewis. No obstante la problemática toma cuerpo en relación con la Bioética  y puede afirmarse que las reflexiones en torno al ambiente constituyen un campo definitivo en el desarrollo de la Bioética misma. En este trabajo me propongo hacer una aproximación a este problema.

 

 

Las relaciones de  la Ecología y la Bioética

 

El concepto de Biotipo

 

El mundo natural viviente y no viviente está envuelto en sistemas de comportamiento que en alguna medida se comportan como ciclos. Los ciclos de síntesis y descomposición están casi todos mediados por la energía solar, la cual conduce en gran medida los sistemas climáticos de la tierra y a su vez conduce mediante la misma energía los sistemas vitales que proporcionan alimentos otros sistemas mayores en lagos y océanos. Local y globalmente el ciclo de nutrientes está mediado por la energía solar, o de modo indirecto por el metabolismo de esta energía derivado de la fotosíntesis. Cada uno de los átomos que entran en el proceso vital de la  planta o el animal o cualquier forma vital entran y salen del ciclo de la vida millones de veces. Este movimiento  de uso y eliminación de los átomos en los ciclos bio-geo-químicos, algunos mas complejos que otros es lo que constituye la física y la química del ecosistema. El carbón por ejemplo es tomado del aire como dióxido de carbono por las plantas y es incorporado a sus azúcares que son consumidos por el animal, incorporado a sus tejidos y reinsertado al planeta con su descomposición en la muerte. En dicho proceso el ciclo del  carbono como el de otros átomos y moléculas juega un papel para la vida. Nuestras  carreteras arrojan con nuestros vehículos  toneladas anuales de  oxido nitroso y sulfúrico cuyos compuestos caen en forma de lluvia ácida. Este es un primer boton de muestra que hace visible la interacción del hombre como parte de dicho proceso. Veamos otros elementos sustanciales.

 

 El bosque es considerado un biotipo, en tanto que  a el pertenecen los árboles, los arbustos, las hierbas pájaros, insectos y ácaros, así como las bacterias y gusanos que se hallan en el. La materia se cierra en un ciclo de consumidores, productores y destructores. El bosque como biotipo, es  un lugar independiente y autárquico del mismo modo que  los desiertos el pantano el aire y las profundidades del océano, las charcas y los estánques.

 

Cada biotipo es distinto, pero está relacionado con otros por una tupida red de relaciones que los hace dependientes unos de otros. Juntos forman el espacio vital o biotipo Tierra que se encuentra directamente en relación con el cosmos. La ecología es por tanto la disciplina que hace posible la relaciona de objetos vitales distantes como  las hormigas con el sistema solar.

 

Todo biotipo posee una comunidad viviente llamada Biocenosis consistente en el número de especies animales y vegetales que pueden cohabitar en relaciones  de forma estable y favorable

Una de las primeras leyes ecológicas es relativa al equilibrio. La ley del equilibrio podría formularse  del siguiente modo:  Las especies  que existen en una comunidad viviente, el número de individuos de estas especies, la forma en que están distribuidos así como el modo en que viven y pueden reproducirse, se encuentran todos en un equilibrio biológico. Este equilibrio es labil y oscila  en torno a una  situación media en tanto  que no se modifiquen las condiciones del medio ambiente. Es posible que un huracán destruya el bosque, que el verano deseque el lago etc., lo cierto es que la naturaleza tiende a construir de nuevo una situación de equilibrio.

 

De acuerdo con la ley del equilibrio se explica por qué muchas especies naturalmente fecundas, permanecen con un número invariable de individuos. La Ecología demuestra que generalmente las especies  procrean una descendencia mucho mayor que la que puede sobrevivir y que el espacio vital  mantiene el exceso de la descendencia dentro de los límites del equilibrio.

 

Por el contrario, el hombre es la única especie que no está sometido a las limitaciones de su hábitat. El hombre transforma su hábitat y sus propios condicionamientos vitales. Natalidad y mortalidad en el género humano no son compensadas, motivo por el cual la población aumenta en cada decenio. Este cambio es evidenciado por los ecologistas de la siguiente manera: la biocenosis, es suplantada por una antropo-cenosis (espacio exclusivamente humanos); el paisaje natural se convierte en paisaje civilizado, y la estepa natural se convierte en estepa asfáltica civilizada.

 

Nuestra presencia sobre la biosfera obliga a pensar simplemente, cuál es la porción de esta que deseamos usar para habitar y cuál de esta  usaremos para preservar. Ni el espacio ni sus recursos  son infinitos. Es preciso que nos planteemos las relaciones de las sociedades humanas en relación con la biosfera. Las sociedades humanas ejercen presión sobre la biosfera acelerando flujos y ciclos naturales.

 

De este conocimiento emerge la Ecología que estudia las relaciones entre los seres vivientes en relación con su espacio vital. La ecología nace hacia 1900 pretendiendo articular los conocimiento propiciados por la Biología. El término fue acuñado por Ernst Haeckel quien comprendía el oikos griego en el sentido de hogar,  y relación de vida. El conjunto de biólogos, botánicos zoólogos, climatólogos y biólogos marinos, reúnen conocimientos  con el propósito de inferir postulados ecológicos.

 

La Ecología contemporánea ha reorientado su meta primitiva. En un principio se ocupó sencillamente de las relaciones entre los vivientes; hoy se preocupa además del conocimientos de las especies de vida de la totalidad del planeta en relación con la intervención del hombre. De esta preocupación emerge la ética ambientalista con el siguiente tipo de cuestionamientos:  Son éticas las acciones del hombre en relación con el ecosistema? Es ética la despreocupación sobre estos temas por atender solamente lo urgente? Es ético desconocer el futuro del planeta con relación a las nuevas generaciones?

 

En realidad son infinidad de daños que el hombre puede realizar al ecosistema: un lago puede ser el lugar en el que se refleja de modo proporcionado lo que el hombre hace con su planeta: Nubes verdes de plancton junto a residuos de basura, botellas, latas y plásticos. En el proceso, las bacterias no alcanzan a descomponer los residuos orgánicos y muchos de estos residuos que no se descomponen van a parar al fondo del lago. El ácido sulfídrico procedente de la oxidación y descomposición de estos elementos de deshecho y la materia orgánica  asciende, y como consecuencia el plancton muere y vuelve al fondo: El proceso de putrefacción consume el oxigeno que es indispensable para los pobladores del lago. En consecuencia  se ha roto el equilibrio a causa de la intervención directa del hombre. El ejemplo puede trasponerse a macro ambientes. Pensemos en el petróleo explotado como fuente de contaminación, los accidentes de los buques petroleros, la generación de material radioactivo, las pruebas nucleares en los fondos marinos, la contaminación de ríos con excretas de metrópolis como sucede con el río Bogotá en Colombia, y en muchos otros países.

 

 

Las especies de microorganismos se constituyen en instrumentos de medida de  la ecología. La presencia o ausencia de estos es señal de que se viven ciertos procesos. Por ejemplo existe un gusano que solo sobrevive en aguas en donde el oxígeno es escaso. Crece con facilidad en aguas residuales. Este gusano es el único ser vivo que habita hoy el Támesis; durante le reinado de Enrique II se tiene noticia de que el río era rico en salmones y ostras.  Algo análogo puede  decirse de los ríos en Alemania donde el Rin en su confluencia con el Meno en Francfort, presenta niveles de alta contaminación y disminución en sus niveles de oxígeno.

 

Los mares se ven contaminados por el petróleo. Solamente en el Rin se calcula que aproximadamente 120 toneladas de polución proveniente del petróleo proceden de los 20000 barcos que lo surcan. Son frecuentes los desastres ecológicos causados por las colisiones de los buques petroleros. En 1966 se arrojaron al mar 45.000 toneladas de petróleo, generando las clásicas nubes de petróleo de varios kilómetros cuadrados. Lo cierto es que el océano, los lagos y los ríos solo pueden sobrevivir si se preserva  el equilibrio ecológico. Si el hombre lo destruye y no lo sustituye, pone en peligro su propia existencia.

 

Otros célebres procesos son los que involucran factores de contaminación atmosférica secundarios a las actividades industriales son el dióxido  y trióxido de azufre, ácido sulfúrico, ácido fluorídrico, oxido y dióxido nítrico. Polvo de siderurgias, hidrocarburos, ácido clorhídrico son uno de los grupos importantes de derivados que se constituyen en elementos de alto poder contaminante. De la misma manera que el agua ha perdido su capacidad de limpieza, el aire ya no tiene poder de autolimpiarse. La resultante de este proceso es el deterioro ambiental progresivo en el contexto de la ignorancia y la irresponsabilidad política.

 

El propósito de la ecología no solamente es la denuncia de estos hechos que vienen realizándose desde hace décadas sino también la búsqueda soluciones a estos problemas. Uno de los ejemplos emblemáticos de la investigación orientada al medio ambiente fue realizada  desde  hace 30 años por el instituto Max Planc  que investigó el ciclo vital de un junco ( Scirpus Lacustris L) que tiene la capacidad de  soportar concentraciones elevadas de fenol e incorporarlo en su metabolismo. El fenol disuelto en el agua es un veneno mortal para los peces. No obstante el junco tiene gran capacidad de absorción del fenol y  de otra parte  puede ser usado como alimento para el ganado, [7]

 

Otros célebres ejemplos mucho más recientes de la investigación científica en este campo relacionan otras plantas con el arsénico y otros elementos tóxicos. No obstante, la investigación en este campo es verdaderamente incipiente lo que hace que la distancia entre la capacidad de intervenir científicamente y en el gran deterioro ambiental sea supremamente grande.

 

 

 

 

Algunos eventos propiciados por el hombre en contra del ecosistema

 

 

Efecto invernadero

 

La emisión de CO2 y de otros gases como resultado del uso de combustibles fósiles ( carbón  petróleo y gas) puede eventualmente cambiar el clima de la tierra. El efecto se explica por la absorción que estos gases hacen en la atmósfera de radiación infrarroja emitida por la tierra y calentada por el sol. A pesar de que no se ha comprobado científicamente se cree que este fenómeno ya empezó, y se considera que con alta probabilidad la temperatura media de la tierra puede aumentar entre 1 y 4.5 grados alrededor del año 2100. Como consecuencia puede aumentar el nivel del mar hasta 6 cm por década a consecuencia de la expansión del agua por la temperatura y la fusión de parte de las zonas glaciares; como resultado de este fenómeno, las zonas costeras pueden quedar inundadas con la desaparición de costas de países como Egipto Vietnam, Pakistán y Bangladesh.  La forma de evitar el calentamiento es limitar la producción de CO2. Las medidas asumidas generalmente parecen ridículas al hombre contemporáneo que las asume como una molestia en el devenir cotidiano de su vida. Controlar la emisión de gases de su auto puede significar en el computo de cientos de miles de autos en el mundo varias toneladas de gases contaminantes que en un período de tiempo pueden provocar calentamiento atmosférico y consecuencias todavía desconocidas. En este contexto la educación de la sociedad es de gran importancia pues coopera en una visión integral del planeta y de nuestras acciones.

 

 

 

 

 

Adelgazamiento de la capa de Ozono:

 

El ozono  (O3) es la molécula  que juega un papel importante en la protección de las radiaciones ultravioleta en la superficie de la tierra; desde 1985 se conoce un adelgazamiento de la capa de ozono en el polo sur. Este agujero ha empeorado con los años. En 1990 se evidenció una perdida del 8% en los niveles de ozono de la atmósfera. Los riesgos de los habitantes de las zonas más septentrionales a exponerse a radiaciones ultravioleta puede considerarse como un peligro. Como causa de este daño se citan la liberación de productos industriales como el metilcloroformo, clorofluorcarbonados, tetracloruro de carbono.

 

Deforestación

Los bosques juegan un papel importante en la preservación del medio ambiento porque capitalizan gran cantidad de carbono que de otra manera pasaría a la atmósfera como CO2.

En la Amazonía se estima que la deforestación alcanza el 10 % de su superficie. Otros bosques que sufren el problema de la deforestación se encuentran en Canadá, Alaska  Escandinavia y Rusia. 

 

Disminución considerable de la Biodiversidad:

 Si se mantiene el ritmo de desarrollo se estima que en 5 años se habrá destruido el 15% de especies de los 10 millones que se estima que hay sobre la tierra.

Se piensa que la diversidad de especies puede ser un recurso inestimable que estimule la economía en especial a la posible explotación genética de la variedad de especies con aplicaciones terapeuticas y farmacológicas.

 

 

Interacción biotecnológica con el ambiente

Otro factor que obliga a serias consideraciones éticas es  a alteración genética de especies con fines biotecnológicos, la cual  genera también un impacto ambiental serio de graves y todavía desconocidas consecuencias para el futuro. Este es un serio ejemplo que demuestra como el planeta puede ser usado  con una mirada netamente utilitaria. El material biológico es patentado y manipulado como cualquier otro instrumento del que se obtienen beneficios directos e indirectos.

 

 

El problema Urbano

La vida urbana ofrece cuestionamientos desde varios puntos de vista. La dinámica de la supervivencia, la calidad de vida, la urbanización como fenómeno sociológico, etc. Desde la perspectiva del medio ambiente la vida urbana es cuestionable también. El mundo urbano genera un impacto ambiental de graves consecuencias. Concentraciones humanas requieren de alimentos, agua, materiales para la construcción de sus viviendas y calles, erosionando y destruyendo montañas. La instalación de fuentes de agua potable y de excretas lesionan el medio ambiente alterando el ecosistema. Su vida interna genera conflictos relacionados con un transporte individual contaminante.

La interacción entre la sociedad humana y el resto de la biosfera pone en evidencia notables puntos de fricción a escala local y global.

Los ecólogos perciben desequilibrios o disfunciones relacionadas con el comportamiento del hombre. Los efectos son analizados desde varios puntos de vista. Por ejemplo un análisis relativamente reciente relaciona los problemas ambientales, las consecuencias en el plano de la salud mundial y sus efectos sobre la productividad, valor de considerable preponderancia en la mentalidad contemporánea.[8] ( Ver cuadro 1)

 

Cuadro 1.

 

Problema ambiental

Consecuencias para la salud

Efecto en la productividad

1. Contaminación y escasez de agua

Mas de 2 millones de muertes y miles de casos de enfermedad se atribuyen a la contaminación. Deficiente higiene en los hogares predispone a enfermedades,

Disminución de la pesca. Aumento de gastos en el suministro de agua potable. limitación de la actividad económica

2. Contaminación del aire

Se calcula 300 a 700 mil muertes prematuras por enfermedades pulmonares de las que el 50% pertenece a la población infantil. Mujeres y niños se resienten  a consecuencia del humo dentro de sus viviendas.

Restricción ene el uso de vehículos y actividad industrial durante episodios críticos. Lluvia ácida en bosques y masas de agua

3. Desechos sólidos

Aumento de basuras y putrefacción.

Atasco de tuberías de drenaje

Contaminación de recursos de agua superficial y subterránea

4. Degradación de suelos

Susceptibilidad a sequías. Desnutrición en agricultores y consumidores por deficiencias en la tierra

Pérdida de la productividad entre el 0.5 y 1.5 % del PNB. Sedimentación de embalses y canales de transporte fluvial.

5. Deforestación

Inundaciones que producen muertes y enfermedades

Erosión , inestabilidad de cuencas hidrológicas aumento del CO2

6. Perdida de la diversidad biológica

Posible disminución de sustancias para medicamentos

Inestabilidad de ecosistemas. Menor capacidad e uso de recursos energéticos

7. Cambios atmosféricos

Enfermedades atribuibles al agotamiento de la capa de ozono ( 300 mil caso al año de cancer de piel y 1,7 millones de casos de catarata.

Elevación del mar y consecuentes daños. Cambios en la productividad agrícola, perturbación de la cadena alimentaria marítima y disminución de la pesca.

 

Otros problemas

 

La gama de problemas ambientales es amplia y sin duda alguna los procesos tiene mutua interrelación con efectos en algunos casos previsibles y en otros no. El retroceso de bosques naturales, agotamiento de especies,   y los graves problemas en relación con el agua potable. Se afirma que el problema del siglo XXI será la escasez de agua. La información al respecto y las medidas encaminadas a disminuir este grave pronóstico ambiental son desconocidas y en el caso de Latinoamérica inaplicadas. El serio tema de la contaminación atmosférica, en absoluta interdependencia con la concentración urbana, la problemática de población, pobreza, marginación  e industrialización son  elementos que hacen parte de un entramado sociopolítico en el que se halla el problema ambiental. En dicho problema se condicionan en modo bidireccional factores sociopolíticos y ambientales. Marginación y exclusión de grupos sociales,  desigualdad de ricos y pobres descuido en la educación etc necesariamente condicionan los problemas ambientales y de modo ineludible los problemas ambientales condicionarán los sociopolíticos con un peor agravente: la capacidad de resolución de los problemas ambientales es mucho mas lenta, mas costosa y más difícil para países como el nuestro.

 

 

El objetivo ecológico y el de la bioética son simultáneos, interdependientes.

 

La Bioética de Potter establece como criterio esencial de su pensamiento un puente entre las humanidades y las ciencias biológicas. Esta fue la primera motivación inspiradora de una Bioética original. No obstante el proyecto potteriano, tomó otros rumbos cuya predominancia la asumió la clínica. Solo años después se reconoce el campo ambiental como un campo sustancial de la Bioética misma, el cual debe ser estudiado no sol por los ecologistas cuanto por eticistas. Es por esta razón por la que la  llamada ética ambiental busca la preservación y restauración del ambiente incluyendo al hombre mismo, las plantas y animales y su habitat dependiente de ecosistemas. Aire limpio, agua potable, mundo libre de basuras y contaminantes puede ser la bandera de un ecologismo simple en cuyos propositos se inscribe  también la Bioética contemporánea, incluso la de Potter. Una ética sobre la vida,  una Bio-ética, debe considerar todos estos elementos pero no con exclusividad. El problema radica en afrontar un autentico punto de vista: Una preservación ética del hombre y del ambiente sí pero desde donde? Desde el hombre y en referencia a lo humano? Desde “la vida” en general? Desde la biosfera? He aquí un sobresaliente problema que afronta de modo simultáneo e interdependiente las dos disciplinas. Tanto la ecología como la Bioética hacen cuestionamientos sobre la relación del hombre con el ambiente. Pero solo esta última puede hacer cuestionamientos en materia eco-social. La Bioética puede hacer manifiesto cómo la ética social esta en constante colisión con la ética del capitalismo liberal, y cómo la etica sobre el ambiente en un discurso liberal puede estar impregnada de deformaciones y serios condicionamientos políticos, y sin embargo mostrarse todas ellas bajo una perspectiva ecologista.

 

Es evidente que los problemas que suscita la etica ambiental, hacen necesario poner nuevamente en el terreno de la discusión las preguntas fundamentales de la filosofía: quién es el hombre? Cual es su sentido, cual es su papel en el mundo?, preguntas sin las cuales es posible responder a siguientes interrogantes como los  que nacen de la reflexión sobre los problemas de tipo ambiental. Pueden excluirse estas reflexiones por considerar de modo pragmático que el problema ambiental nada tiene de metafísico. Ante este problema – siguiendo este punto de vista- , se requieren soluciones coherentes de carácter puramente ecológico. Pero una visión detenida de la ética ambiental debe situar su discurso necesariamente en el problema del hombre y el cosmos, bajo una simple pregunta:  Cuál es su lugar?  De aquí que la determinación de su lugar, da las pautas para una ética ambiental, que establezca las relaciones entre el hombre y el cosmos en el sentido griego, pero bajo una óptica moderna.

 

Que el hombre sea o no el centro del cosmos y de la creación parece ser hoy  en día un interrogante superado por las corrientes ambientalistas. Para todos sin excepción el hombre es una especie mas entre otras cuyas relaciones con el cosmos deben articularse bajo la óptica de los movimientos ecológicos. Observando cualquiera de  estos movimientos de baja, moderada o alta “densidad de visión ecológica”, se advierte que ninguno considera que en realidad  el hombre sea el centro de la creación pues tales conceptos de carácter  antropocéntrico o de creación pertenecen a una visión religiosa y por tanto incuestionable para el hombre. La cosmovisión religiosa, - cualquiera que esta sea -, ha sido excluida de todo tipo de debate por tratarse de una visión que pertenece a la esfera de lo  personal e individual, de lo “no razonable”-;  sin embargo su influencia directa en las relaciones del hombre con el mundo parece no tener igual. El hombre contemporáneo heredero del mundo ilustrado ha ofertado a la ciencia como el camino de la liberación y se ha lanzado a la conquista y dominación del mundo y de todo lo viviente, con una visión de fondo netamente religiosa. “Creced y dominad la tierra” parece ser el criterio con el que el hombre moderno frecuentemente ateo para la dominación del cosmos - y quizá creyente en la esfera de lo individual- ha conquistado el mundo. En esta conducta es de resaltar la comprensión que la modernidad reforzó sobre el cosmos. El pensamiento cartesiano acentuó todavía más la brecha entre el hombre y el cosmos mismo cuando interpuso una tajante división entre la res cogitans y la res extensa. Bajo este criterio el hombre se presenta como sustancialmente distinto al cosmos por su capacidad racional. Tal postura consolidada durante cerca de 4 siglos plantea dificultades serias que lo apartan de lo natural,  y que por lo mismo establecen relaciones antinaturales que como hoy se evidencia perjudican al hombre mismo.  Puede afirmarse que entre el hombre y la natura hay una relación solidaria de interdependencia, sobre la cual han existido varias décadas de injusticia. La actitud del hombre del siglo XX ha estado muy lejos de la contemplación para inscribirse en la dominación. Y de modo particularmente curioso e inesperado, ha cumplido el mandato divino de “creced y dominad la tierra”. Nunca como hoy la población mundial creció tanto como en el pasado siglo. De 750 millones en el siglo XIX, el siglo XX dejó un saldo cercano a los 6.500 millones de habitantes. Y nunca antes había dominado el mundo como ahora puede hacerlo.

 

Aproximación bioética a la problemática eco-ambiental

 

Elementos sociales involucrados

No puede ser ya un interrogante ni siquiera una sugerencia, sino un imperativo deber de la humanidad cambiar de conducta ante el mundo natural. Aquí es precisamente donde la Bioética tiene la  necesidad e recabar nuevos recursos teóricos procedentes de la filosofía natural, de la biología, y  de la ecología para asumir los desafíos que representan 6 mil millones de seres humanos,  en constante movimiento, condicionados por factores sociales de necesidad, mercado, alimentos, salud, etc., de los cuales el 75% vive en condiciones de pobreza y solo el 25% viven al nivel de los actuales países ricos.

 

Es en este nivel en el que la discusión actual sobre el ambiente debe situarse. Muchos  ambientalistas enfocan el problema ambiental como un problema de los países pobres. Según ellos, son los países pobres quienes provocan las alarmantes cifras de mortalidad infantil y materna, y frente a los cuales es preciso asumir medidas urgentes que detengan el crecimiento de la población. Aquí emerge el clásico sofisma según el cual el mejor modo de acabar con la pobreza es reduciendo el número de los pobres mediante mecanismos  de esterilización masiva y condicionamientos económicos. Un enfoque que sitúa la problemática en un extremo poblacional cercano al 25% impone un sesgo evidente en la comprensión del problema socio-ecológico.

 

Es una realidad que las relaciones del hombre con la natura están mediadas por una directa relación del hombre consigo mismo. Que el hombre se relacione de un modo determinado depende en gran medida de la situación real de los grupos sociales es decir de las relaciones del hombre consigo mismo. No es una coincidencia que Latinoamérica sea un grupo humano que derrocha sin planificación sus recursos naturales. Tal derroche se debe a condicionamientos sociales específicos que limitan la atención de tales problemas ante la urgente necesidad de resolución de otros.

 

Para algunos lo que se conoce con el nombre de  ética aplicada, tiene dos vertientes. Por un lado la bioética, que trataría todos los problemas concernientes a la vida y de otro lado la ética ambiental o ecológica; para otros como el autor, la Bioética no es diferente pues se trata del mismo objeto que en el contexto de planeta,  hace de la preocupación Bioética y la preocupación ecológica  una misma cosa.  Tanto la biología, la ecología y la misma antropología han venido  insistiendo en la pertenencia del hombre a la naturaleza y es una preocupación bioética el lugar del hombre en el cosmos y las relaciones de interdependencia natural que tiene el hombre con el ecosistema.

 

Si bien el hombre pertenece al ecosistema como lo son las demás especies el modo de pertenencia no es el mismo que el de las demás especies. Considerando el hombre como fruto de una evolución biológica su pertenencia al ecosistema tiene elementos sustanciales que lo distinguen en modo radical de las demas especies del ecosistema: citaré solo algunas: 1. El hecho de que el hombre piense el ecosistema y se sitúe a sí mismo dentro de él, es una operación racional que no hace ninguna las demás especies. 2.En modo negativo el poder destructivo, de contaminación y de transformación destructiva del medio ambiente es otra de las características que sitúan una especial diferencia de lo humano en relación con las otras especies. 3.Dado el gran poder de preservación o de destrucción del ecosistema, su consciencia de este poder y su sensibilidad ética frente al problema, la especie humana tiene una responsabilidad etica frente al ecosistema. Estas sobresalientes diferencias que permiten un particular espacio para  la reflexión bioética sobre el ambiente, hacen incuestionable la relación del hombre con el ecosistema y del análisis ético de esta relación un capitulo sobresaliente de la Bioética, en especial el relacionado con la antropología. El hombre se ha pensado a sí mismo siempre como el centro de la realidad, de la creación y la cosmovisión religiosa que ha determinado la forma del pensamiento occidental hace que solo hasta ahora seamos conscientes de la realidad no en cuanto conocible, dominable, y  explotable, sino como un habitat, un oikos[9]   humano, frente al que tenemos serias responsabilidades como especie.

 

Todas las cosmovisones que sobre el hombre se han ofrecido hasta el siglo XIX no pusieron jamas en duda la superioridad del hombre ante lo existente en el cosmos. Por encima del hombre solo Dios y sus ángeles, podría afirmarse que fue el pensamiento con el que se habitó, conquistó y transformó el mundo. Si el medioevo ha sido cuestionado por esta visión antropocéntrica, la beligerante ilustración y sus  efectos en pensamiento moderno y contemporáneo no son menos antropocéntricos.  Los alcances de  la teoría de la evolución con el pensamiento de Darwin, Lamarck y luego Wilson y otros, hicieron posibles cuestionamientos que empezaron a erosionar la antigua cosmovisión. Los aportes de la ciencia moderna hacen pensar que si bien el mundo es grande, no es infinito. La noción de mundo como objeto de explotación casi infinita ha desaparecido mediante la comprensión que tenemos del mismo.

Esta comprensión del mundo ha permitido pensar al hombre y al género humano como una especie de particular comportamiento en el ámbito de varios niveles. Por ejemplo el numero de individuos de la especie humana es comparable solo con el de las bacterias, los peces de menor tamaño del océano y  quizá los insectos. Pero en estas  y en otras especies jamas se evidenció el poder de mantenimiento de supervivencia de sus crías e individuos ancianos como en el hombre. Tampoco su poder depredador y de transformación del hábitat natural por el de concreto y asfalto de las ciudades y grandes metrópolis que albergan decenas de millones de individuos.

 

La capacidad  de continencia ambiental a los cambios provocados por la especie eran absorbidos con ventaja por el planeta hasta apenas 150 años. Me refiero en particular a la transformación del ambiente vital, la generación de basuras y elementos de contaminación etc. A nadie se le ocurriría que una aldea del siglo XII pudiera alterar o poner en peligro el medio ambiente con sus basuras, excretas y deshechos. Esto solo pudo ser  pensable en el ambito de  grandes ciudades como Paris o  Londres, y solo hasta hace pocos siglos. Sin embargo el siglo XX  se caracteriza entre otras muchas cosas por el poder destructor del medio ambiente en múltiples modos. El siglo del Progreso que propulsó el crecimiento de las fabricas, la explotación y comercio mundial del petroleo, los transportes, la generación de miles de toneladas de material radioactivo, de toneladas de materiales no degradables como los plásticos etc., tiene una altísima cuenta por pagar al ecosistema, y solo apenas hace pocos años hemos empezado a tomar conciencia de estos problemas provocados por una cosmovisión estrecha carente de futuro y de sentido de responsabilidad individual y colectiva, heredera de varias corrientes de pensamiento, entre los que sobresalen el cartesianismo, y la filosofía moderna, cuya atención  centró en el hombre y en sus problemas todo el esfuerzo de su razón. No es admisible culpar a nadie de esta grave omisión, pues no es el papel de la historia ni el del autor el de juez. Afirmemos simplemente que el descuido por el ambiente tiene varios siglos y que en presencia del convulsionado siglo XX hemos sido mas conscientes de la necesidad de pensar con un punto de vista mas amplio sobre nosotros mismos, y sobre el cosmos que habitamos.

 

 

Raíces filosóficas de la ruptura hombre- natura

 

El concepto de naturaleza no es un concepto científico, aunque sea la ciencia la que se ocupe del estudio de la naturaleza y de lo natural. En realidad el concepto de natura es un concepto filosófico, y quizá incluso teológico tanto como otros conceptos que son usados en otros ámbitos de igual modo que el concepto de ciudadano. La admiración frente a la natura  es una actitud que procede de los griegos y que hoy hemos perdido por un exceso de aproximación científica. Es por esta razón por la cual el concepto de ecología nos devuelve a la noción de casa -“oikos”-,  y en realidad puede ser  de esta una gran meta bioética que permita la recomprensión del mundo como natura, sobre la cual se vuelva a la griega admiración. La ciencia ha “desencantado” el mundo. La descripción analítica del mundo y los procesos vitales han dejado de lado la admiración y la contemplación perdidas. En realidad la ecología no es el estudio de las cosas vivas y de la vida en sus relaciones biológicas intimas, sino también el estudio de las condiciones bajo las cuales la vida puede ocurrir. Se trata del estudio de las relaciones de los sistemas biológicos con los sistemas no biológicos en cuya mutua interacción emerge maravillosamente, -admirablemente- la vida.

 

Otros son los aspectos antropológicos y de cosmovisión filosófica que afectan la reflexión bioético-ecológica; la visión pretendida por la modernidad, hizo del cogito cartesiano  el eje sobre el cual el hombre construyera las bases de un antropocentrismo radical. La duda metódica y los deseos ilustrados de comprender al mundo y al hombre al margen de la visión judeocristiana como criatura, emanciparon a la razón a favor de la autonomía y permitieron que el olvido de la pertenencia del hombre  a la naturaleza fuera todavía mayor. El ideal ilustrado y luego el esfuerzo de la filosofia kantiana por fortalecer la  autonomía, y establecer límites al conocimiento reafianzaron el antropocentrismo, no solo como  fundamento de toda posterior filosofía, sino como modo natural de vivir.

 

De este modo  la pretensión de cualquier óptica ecológica aspira a la superación de los dualismos del cartesianismo  res cogitans- res extensa pues tal escisión ha provocado la ruptura entre hombre  y natura con las graves consecuencias que hoy afrontamos. La res cogitans cartesiana, se limito a pensar y apropiarse e la res extensa haciendo de esta un simple objeto manipulable, explotable desconociendo la interdependencia hombre-natura. y que junto con otros pensamientos hicieron que el hombre se centrara sobre sí mismo y no mirara a su alrededor. La  creciente compleja realidad de lo humano absorbió por completo la observación de la realidad y el hombre como parte de ella. Sea esta pues una justificación del autor para tan grave olvido.

 

El esfuerzo ahora es el de la deconstrucción del ideal racional ilustrado en favor del hombre mismo y del ambiente. La gran babilonia racional debe ser deconstruida en función de una visión antropológica que piense el lugar del hombre en el cosmos que habita y deje de lado el afán de conquista que en realidad, no dista mucho del afán del lucro. En medio del poderoso afán de conocer y dominar la vida subyace un pequeño hombre no acepta el dolor ni la muerte, y que aspira a dominar en sentido material y utilitario un cosmos que con el poder de la ciencia cada vez mas tiende a  empequeñecerse. En este proceso no sería extraño encontrar  un argumento que sostuviera bajo esta degradante óptica utilitaria, que si el ambiente se sigue destruyendo, no  habría problema pues se podría buscar otros lugares donde habitar y seguir considerando esta tierra como desechable.

 

En realidad, la modernidad trae consigo una visión genuinamente antropocéntrica, y una desconfianza en la ética derivada de dicha cosmovisión. El esfuerzo de la modernidad por demostrar que las ideas de la vida buena propuestas en la antiguedad no eran válidas -bajo el supuesto según el cual la mayoría de las personas no pueden vivir según ellas - es un esfuerzo en el que sobresalen las ideas de Montaigne, pero en realidad la tesis de Montaigne,  como  el mismo Descartes no ofrecieron nada a cambio. En este sentido la Europa moderna se refleja inquieta, confiada en sí misma, pero dividida entre una moral protestante y católica que busca en la moralidad un espacio que va más allá de los principios sectarios. La doctrina moral antropocéntrica compartida por católicos y protestantes era la que sostenía que las leyes de Dios nos exigen actuar de determinada manera, y que – sepámoslo o no- dicha manera de actuar va en beneficio de todos. El pensamiento moral del siglo XVII concebía al ser humano como un ser creado por Dios y concebido para desempeñar un papel en la creación de Dios.

 

Renombrada heredera de la modernidad y promotora del incremento de la ruptura del hombre y la naturaleza fue en  gran medida  la filosofía kantiana, que dentro de su aproximación al problema epistemológico y la formulación de una ética basada en una moral autónoma, reafianzó esta visión antropocéntrica del cosmos, y como se ha dicho ya, separó aún más la brecha  entre el hombre y la natura. Kant defiende la versión más radical de que la moralidad se desprende de la naturaleza humana. La clave de su concepción es la libertad. Tan pronto como sabemos que debemos hacer algo, sabemos que podemos hacerlo; y esto solo puede ser verdad si somos libres. Para Kant la única forma de ser libres es que nuestras acciones estén determinadas por algo que se desprende de nuestra propia naturaleza. Aquí  se reafinaza aún más el antropocentrismo criticado por algunas corrientes ecologistas, pues la noción de libertad es de modo restrictivo, una noción reservada para el hombre.  No puede decirse menos de la filosofía que le sucedió. Incluso la postura marxista también favoreció una perspectiva antropocéntrica.  Para Marx el mundo  existe como sustrato de la materia que el hombre está en condiciones y en la obligación de transformar. Puede decirse que desde el siglo XVI  en modo generalizado el hombre se centra sobre sí mismo, y en la alabanza a la racionalidad y al conocimiento empírico, se separa la relación natural de interdependencia entre el hombre y la natura.

 

El problema del progreso

 

 El progreso es el resultado del triunfo de una racionalidad que con sus aplicaciones técnicas  ha incrementado el domino sobre la naturaleza. Pero dicho progreso es fiel heredero del antropocentrismo radical. Es curioso observar como una comprensión del progreso abrigada en una noción de dominio del hombre se transforma en una visión que no desea ser más antropocéntrica. Quienes han sido forjadores de la noción contemporánea de progreso hoy lo cuestionan desde una perspectiva biocéntrica. Son ellos mismos quienes hablan de “tabúes arcaizantes” que han sido desplazados por la ciencia moderna.

El progreso se ha propuesto dejar las leyes de la naturaleza  para configuarla según voluntad propia en orden a la productividad. El progreso  articulado mediante cuatro elementos sustanciales, ciencia, técnica, economía industrial y poder, ha situado al mundo contemporáneo en una encrucijada paradójica: un desmedido crecimiento de la capacidad tecnológica de un lado, y de otro, problemas humanos esenciales que no son todavía resueltos. Africa moribunda y condenada a desaparecer. Latinoamérica empobrecida distante cada vez mas del primer mundo se constituye en un obstáculo para los deseos de progreso y bienestar del primer mundo. La técnica también se debate en medio del contexto socio-político con intereses creados y fundados en el poder y en el lucro. Sin estos elementos no habría sido posible la decodificación del genoma humano y de otras especies que ha conmocionado los albores del siglo XXI. Sea este otro momento para reiterar que dicho proyecto es el resultado de una síntesis entre la economía y la ciencia. Si no hay sociedad de consumo que apoye la economía tecno- científica nada de lo alcanzado en el siglo XX habría sido posible.

 

El progreso se pone en cuestión de cara a los problemas ambientales porque su fundamento es la poderosa noción de productividad utilitaria individual. Esta noción puesta como objetivo desde hace cerca de dos siglos y medio ha propiciado una colisión que sitúa el ideal de progreso, la sociedad que se esfuerza en alcanzarlo, -y en nuestro caso- los efectos ambientales, en una lucha constante. Quizá el problema ético - ambiental no sea un objeto desde el cual la noción de progreso pueda ser cuestionada en modo directo. Pero sin duda es un lugar desde donde pueden palparse los efectos de una noción que debe ser cuestionada con sereno espíritu crítico. Pero es evidente el divorcio entre el desarrollo de la vida humana y la naturaleza, con la mediación de la ciencia es el problema  que ahora afrontamos y que  pretendemos resolver con el apoyo de la Ecología  la Bioética misma.

 

 

Interpretaciones sobre  la problemática

 

1. Antropocentrismo : presupuesto y punto de partida de los valores morales de occidente

 

Hemos examinado ya al antropocentrismo radical como una de las causas de la ruptura entre el hombre y la naturaleza. Se trata de un  extremo en el cual esta postura que eleva a la razón humana al mas alto grado de superioridad, por encima de la cual solo existe Dios -cuando se le nombra-, y que es el eje de los valores de la cultura occidental durante cerca de  25 siglos. La cosmovisión que pone al hombre con razón, libertad y lenguaje como criterios de ser moral y como centro del cosmos con un carácter de superioridad frente a este, es simplemente grecorromana y luego judeocristiana. Las visiones orientalistas están inundadas de simbolismos, y no son uniformes en relación con el lugar del hombre dentro del cosmos. Por el contrario, todas las variaciones que sobre esta visión se pueden reconocer en la historia del pensamiento de occidente en relación con el lugar preponderante del hombre sobre todo el cosmos, son realmente insignificantes en relación con esta constante que solo fue cuestionada por el evolucionismo darwinista hasta el siglo XIX. Puede decirse que la ciencia y toda la cultura gozan de una visión antropocéntrica que para bien o para mal ha sido la que ha defendido la especie de su muerte. Dicha visión ha sido acentuada incluso por la ciencia misma. Gracias a su poder transformador se ha instaurado como única forma válida  y reconocida para comprender el cosmos. La pretendida neutralidad en el conocer de carácter científico está además contaminada de conceptos contemporáneos como la productividad, el consumo y el beneficio, acentuando todavía mas el carácter antropocéntrico de la misma y los efectos también antropocéntricos de sus resultados. En la ética y la filosofía sucede otro tanto.

 

Antropocentrismo judeo-cristiano

 El modelo de la ética antropocéntrica está representado de modo sobresaliente en la filosofía kantiana, y por su puesto en el cristianismo que en su cosmovisión propone al hombre como “Imago Dei”( Imagen de Dios). El hombre como ser moral se halla en capacidad de comprender la ordenación del mundo actuando libremente y sometiendo su voluntad a la ley: “La voluntad humana está sometida a tres órdenes. En primer lugar al orden de su propia razón, en segundo lugar a las ordenes del gobierno humano, sea espiritual o temporal, y en tercer lugar está sometida al orden universal del gobierno de Dios.”[10] El elemento común es la legislación humana como nomos (ley )en relación con el logos o razón cósmica. Bajo esta óptica el hombre ocupa un lugar particular de superioridad en el cosmos, lo que lo lleva a establecer relaciones particulares con él. Se le objeta al cristianismo presentar al hombre como dueño y señor del cosmos reduciendo al planeta a un mero objeto de libre explotación.

 

 

Antropocentrismo utilitarista

Una de las versiones contemporáneas de un antropocentrismo de corte utilitarista está representado por el pensamiento anglosajón en donde frente al problema ambiental se espera simplemente que se amplíe el horizonte de responsabilidad de lo humano. De esta manera, animales, plantas y ecosistema en general adquieren el rango de “valores morales” que deben ser preservados, pero siempre bajo la óptica de la utilidad. Cuidar el ambiente es útil, pues preservarlo beneficia directamente al hombre. La lógica utilitarista de máximo placer y máximo beneficio para el mayor número de individuos es vigente dentro de esta óptica en la que el ambiente es otra “cosa” más que beneficia al hombre.

El modelo antropocéntrico utilitarista sitúa al hombre en un beneficiario de la naturaleza; de esta relación emanan deberes, se justifican conductas basadas en necesidades terapéuticas, estéticas, o biológicas o económicas. La economía es una forma de energía natural con la que actúa el genero humano. En ciertos lugares hay mas energía transformadora que en otros. Por esto la economía hace parte del medio ambiente. Acciones como la polución, la deforestación, alimentan el discurso de solidaridad para con el planeta. Como consecuencia los deberes éticos desde una ética antropocéntrica de corte utilitarista seria la necesidad de preservar el ambiente en interés de la humanidad. Ampliado a otras especies, sería en interés de todo ser capaz de vida y placer debe protegerse la naturaleza. Esto trae consecuencias serias por ejemplo en la explotación de los recursos de cara a las generaciones futuras, pues no nos es permitida un una explotación irracional y devastadora de los recursos naturales. [11] Tal actitud sería un acto de injusticia y de insolidaridad que no fue considerado en otras épocas. Esto implica una responsabilidad que considere como novedad la variable del tiempo. Somos responsables no solo ahora sino de cara al futuro de planeta. Aquí el manejo de los recursos nucleares y sus problemas residuales se verían comprometidos, del mismo modo que el transporte de petróleo y las consecuentes contaminaciones marítimas etc. Con el futuro debe asumirse una actitud responsable en relación con el ahorro energético, sobriedad en materia de reproducción humana, etc., haciendo posible que las categorías de deber, virtud, responsabilidad entre otras, asuman características distintas.

 

 

Comprensiones no antropocéntricas

 

2. La Opción Biocentrista de Schwitzer

El célebre médico - teólogo premio Nobel propone una ética del respeto a al Vida. La vida se muestra como un valor absoluto. El hombre y la naturaleza se relacionan bajo el principio “ Yo soy vida que quiere vivir en medio de la vida que quiere vivir”. El criterio ético que determina este pensamiento podría estar formulado como el mismo Schweitzer afirma:  Bueno es mantener, promover e impulsar a toda vida apta para el desarrollo a su mas alto grado; destruir la vida, hacerle daño o impedir su desarrollo es malo[12] . La propuesta de Schweitzer consiste en favorecer un respeto a todo lo vivo. Según él, todo ser viviente por el hecho de serlo es portador de un valor intrínseco consistente en desarrollarse según la ley de la vida propia de su especie. La vida así se constituye en un valor absoluto que no admite rangos ni clasificaciones.

Dicha propuesta tuvo  gran aprecio y acogida en el contexto de los años sesenta. En dicha época la necesidad de reconciliación con lo natural era un concepto en el que había común acuerdo. Las consecuencias ambientales de la segunda Guerra mundial, así como el inicio de las preocupaciones ecológicas incluso bioéticas eran pertinentes para dicho momento.

 

No obstante la propuesta de Schweitzer no deja de tener ciertas debilidades que la sitúan en condición de