Nota de descargo: Por respeto intelectual los trabajos presentados por los
alumnos se reproducen antes de las correcciones
¿qué
es el hombre y en qué radica su dignidad. ....?
Apostillas
al filme "Inteligencia artificial"
por
Andrea Marina Ibar
A poco de detener mi pensamiento en este tema, tomé razón de que no "todos"
tenemos la misma concepción, y, que a pesar de utilizar infinitas veces estos
conceptos, no hay uniformidad de criterios. Es común escuchar que los Derechos
Humanos tienen sustento en la dignidad del hombre, ahora me planteo, de qué se
trata esa dignidad, ¿los legisladores, coinciden en una "definición"?, ¿saben
realmente a qué se están refiriendo?.
Comencé
a preguntar informalmente a mis próximos sobre estas cuestiones, y sus
variadas respuestas no terminaron nunca de sorprenderme. Se me ocurrió
entonces convocar a personas de edad y actividades heterogéneas para que,
luego de ver la cinta, respondan un escueto cuestionario (adjunto cuestionario
y respuestas obtenidas aunque
quiero aclarar que lo más enriquecedor fueron los debates generados espontáneamente
luego de cada reproducción del video).
El
fragmento visto de la película alcanzó para disparar discusiones sobre
distintos temas (cada uno inagotable). Sólo quisiera hacer un comentario
respecto a la cuestión "el amor", introducida por la pregunta de
una de las estudiantes en la película. No estoy de acuerdo con la respuesta
dada por el científico cuando sugiere que Dios creó a Adám para que lo ame.
No hay razón para sostener esto. De la Biblia surge que la cuestión es al
revés: Dios hizo todo lo creado porque vió que era bueno. (Gén.1, 25).
También leemos que "Dios amó tanto al mundo que le envió a su Hijo
hijo amado, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna. Juan, en sus
cartas lo repite (Jn 1 - 4,10): "No somos nosotros los que hemos amado a
Dios, sino Él nos amó primero".
Hecha
esta acotación, intentaré ahora sacar una conclusión, que desde luego
es
totalmente una apreciación personal, y que no pretende en absoluto imponerse
a los pensamientos volcados por las personas consultadas.
Casi
unánimemente coincidieron en que "es un tema complejo". La frase más
repetida fue: -"Parece fácil pero…". Fueron pocos los que se
mostraron totalmente indiferentes al planteo.
La
mayoría parece entender que la dignidad es la coronación de actitudes
morales (concepto dinámico) y éticas (concepto estático). El hombre, al
entender de la mayoría, es digno conforme a su conducta y dejaría de serlo de asumir
conductas reprochables.
En
la mayoría de las posturas puede verse la influencia del pensamiento
occidental cristiano, aún en aquellos que no cultivan prácticas religiosas.
También hubo coincidencia en la distinción radical entre las personas y los
objetos incluyendo en esta última categoría al meca, aunque reconocieron que
su apariencia humana y su "capacidad de sentir" los confundió.
Debieron por esto, al decir de ellos mismos, ampliar o precisar sus
definiciones a la hora de aclarar qué es el hombre.
También
se puso de manifiesto la preocupación, generalmente reprimida, sobre el
desenlace de los adelantos científicos. En una de las conversaciones una de
las personas tranquilizó recordando que "nada escapa a la voluntad de
Dios; que todo, aún estas experimentaciones fueron previstas en la evolución
del hombre, y que Él "sabrá" cómo y cuándo intervenir (María-22
años).
Me
llamó la atención el hecho de que las personas de más edad hicieron
referencia al hombre enumerando cualidades y virtudes (¿innatas?). Mientras
que los más jóvenes se refirieron al género humano con sentido más
despectivo (¿tendrá que ver con las frustraciones y defraudaciones que
golpean en estos tiempos a las nuevas generaciones?).
Hubo
quienes entendieron que, al poder el meca interactuar en la sociedad del mismo
modo que los seres humanos, debería ser tutelado
por el derecho. Me sugiere esta posición que las potencialidades del
meca (principalmente la de poder sentir) lo iguala a las personas. Con lo que
nuevamente subyace un reduccionismo del ser a determinadas facultades. No
niego como interesante la opinión que explicó que al interaccionar los meca
con los hombres, son parte de la sociedad (sean igualados o no a los humanos),
y por ello deberían estar previstos en la legislación positiva, no sólo
para regular sus conductas en favor del hombre, sino también a la inversa
(Bernardo - 25 años).
Con
respecto al fundamento de la dignidad no hubo grandes diferencias. Básicamente,
todos convinieron en que ésta es una cualidad, o una capacidad
volitiva que impulsa actos "buenos".
(insisto
en destacar que es una posición personal)
El
hombre sin duda (y tal como lo define el diccionario) es una animal racional,
pero esto no lo reduce a su razón como único elemento distintivo de su
naturaleza. El Hombre es una unidad sustancial de cuerpo alma y espíritu (por
lo menos hasta su muerte).
El
hecho de ser racionales nos agrupa en la especie humana, y tal como lo ha
dicho Gladys Mackinson, la nota distintiva con otros seres de la Creación es
que somos individuos de la especie humana más cultura.
La
cultura es el resultado del bagaje acumulado durante toda la historia de la
evolución del hombre en cada sociedad. La evolución de la especie humana
(respecto a esto me pareció muy
interesante lo que escribió Natalia de
22 años) tiene la característica de, además
de ser producto del devenir natural de adaptación al medio (como en el resto
de las especies vivientes), estar cimentada con base a la acción racional. Y
en virtud de esta naturaleza racional el hombre es un ser autónomo. Esto
significa que es libre y capaz de decidir sus propias acciones.
Los
sentimientos, las emociones, la voluntad, el intelecto son todas facultades
del alma que se movilizan por estímulos. Puede destacarse como típico del
hombre el amor al saber, su apetito de conocimiento que lo lleva a hallazgos
impensables.
Gracias
a los sistemas biológicos podemos conectarnos con el mundo circundante,
captar la realidad exterior.
El
espíritu alberga la conciencia y la intuición que lo acerca a lo
trascendental. Ningún otro ser terrestre tiene la capacidad de valorar sus
actos y reconocerse a sí mismo.
Todo
esto es el Hombre. No es sólo su cuerpo, no es sólo su razón, no es sólo
sus sentimientos. Reducirlo a facultades o capacidades equivale a negar la
unicidad
de su ser.
Ahora
bien, ¿en qué fundamento encuentra su dignidad?
Este
vocablo hace referencia a una excelencia o eminencia ontológica. Es decir,
que el hombre tiene una superioridad en el ser.
Es inherente al ser humano. La dignidad lo diferencia de los otros seres vivos
(naturales o artificiales) haciéndolo superior.
Pero
también la dignidad tiene significación en tanto el hombre no sólo es
superior a otros seres sino que posee una perfección en el ser. Para Santo
Tomás la dignidad es algo absoluto que pertenece a la esencia (a la
naturaleza humana) y no a las relaciones. Quiere decir que la dignidad no
depende de las cualidades de los sujetos obrantes. En este punto adquiere
total sentido la condición de inherente porque es inseparable por naturaleza,
y es esta naturaleza la que nos iguala a todos. No es casual que todas las
declaraciones de derechos humanos (como bien lo destaca Javier Hervada)
comiencen haciendo una declaración de igualdad (o bien directamente o bien
implícitamente).
Concluyo
entonces que la dignidad es una condición ontológica de la persona,
despojada de toda condición particular. Así es digno un rey, un obrero, un
delincuente, un mendigo, un niño, un anciano, un varón, una mujer, un
africano, un oriental, un americano, un enfermo, un premio nobel….
La
dignidad no es una valoración social, y en virtud de ella el hombre es
persona (y es así: un indigente no deja de ser persona, un condenado por su
delito no deja de ser persona…)
Con
mi fe (ya en el plano máximo de subjetividad) sostengo que esa dignidad no
tiene origen en el hombre por el hombre mismo. Creo en que su base está en la
participación de Dios en cada uno de nosotros. Nos creó a Su imagen y
semejanza. El Hombre alberga en su ser la propia vida de Dios (Génesis 1,
27). "De una misma sangre hizo toda la raza humana" (Hechos 17,26):
esto nos hace iguales.
En
esencia la dignidad no puede ser algo que se adquiera o se pierda. Y aquí sí
distingo, las acciones dignas o
indignas que ensombrecen esa pertenencia y, que convencionalmente nos llevan a
llamar (denotativamente) digno o
indigno a alguien (que merece algo en sentido favorable o adverso según el
diccionario).
Es justamente la dignidad la que invita a la Bioética, nueva emperatriz del
conocimiento científico, a ser custodia de esa condición que iguala a todos
los hombres, pasando bajo sus ojos las prácticas científicas, confrontándolas
con el deber supremo de justicia,
con principio en la beneficencia, no maleficencia, y la autonomía del
ser.