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Reflexiones sobre los principios bioéticos: relación y correspondencia con aspectos del orden psico-emocional. 
Su incidencia en el plano de lo subjetivo.

Alumno: Luis Alberto Quirno Costa

 

Sumario: I- Introducción. II- Desarrrollo. III-Una Teoría de la Personalidad. IV- De los principios éticos y su correspondencia y correlación con el desarrollo psico-emocional. VIII- Conclusión. IX- Bibliografía consultada

 

 

I- Introducción

A partir del hecho de haber ido tomando contacto, como mero observador de la condición humana, he tenido ocasión de advertir cómo las personas en oportunidades dejan a la vista manifestaciones morales inconsistentes, originadas en disparadores psicoemotivos  que evidencian funcionamientos alejados de una normalidad que tiene que ver con un equilibrio en armonía con los demás seres vivos y componentes de la naturaleza.

Este trabajo tiene por objeto analizar como es visible la influencia entonces, en las posturas morales que las personas exteriorizan, de dichos disparadores, que obviamente no se proyectan aisladamente sino en el marco de un orden socio-cultural dado y partiendo asimismo de la base genética que nos define individualmente en nuestra condición de humanos.

Asimismo se analizaran algunos simples casos ficticios que, por el hecho de trabajar el suscripto en el ámbito de la Justicia desde hace varios años, he tenido oportunidad de generar en el contacto con distintas formas y manifestaciones humanas de quienes se encargan de administrar Justicia mediante el trámite de investigaciones y dictado de resoluciones judiciales.

En ese encuentro he tenido oportunidad de observar como seres humanos,  muchos de los cuales representan parte del gran grupo conformado por los que mencioné, dejan a la vista en sus procederes tanto orales como escritos, claras demostraciones de necesidades íntimamente personales actuando por sí o interactuando entre sí, al momento de expedirse y exteriorizar postulados con fundamentos éticos que,  sin demostrar poseer conciencia de ello, encuentran raíces en dichos disparadores o necesidades de las cuales no es común evidenciar tener plena conciencia, y que en oportunidades, entonces, ante situaciones análogas, arriban a soluciones distintas. y hasta diametralmente opuestas.

Y, al momento de analizarse ello desde el punto de vista de la ética como ciencia estudiosa de los procederes morales de las personas o de los distintos grupos conformados por ellas, pueden verse una serie de particularidades muy interesantes y que dejan a la vista, a mi opinar, cuanto mas saludable resultaría ser para el ser humano individual, así como consecuentemente en su función grupal, y para el caso citado en el párrafo anterior, para nuestro sistema judicial, partir de la base de una moral humana personal, de cada individuo, y de la que se pueda ser conciente, forjada sobre bases consistentes y reconocibles por su portador, y no, como en muchas ocasiones se ve en distintos ámbitos (jurídico, político, económico, etc.) forjada sobre bases maleables, y que podrá ajustarse o no a un determinado proceder ético, dependiendo directamente de dicha labilidad.

Arriesgo a afirmar que en la medida en que el sistema moral de un  individuo se encuentre disparado desde un cada vez mas sano funcionamiento de su psiquis, ello resultará a su vez en favor y mucho mas consecuente y productivo para con un sistema ético al cual pudiera pertenecer, por ejemplo  profesionalmente; ya que no será mas que la materialización y expresión pura de su ser mismo como humano, finalmente dentro de ese ámbito en el que desempeña su profesión.

Si bien, también es verdad que el camino ‘de ida’ del conocerse no es mas que ‘un ir’ en esa búsqueda, de saber cómo funcionamos como seres humanos; en ese ‘tender a la verdad’, aunque mas no sea, podremos ir encontrando cada vez mas certezas en nuestros procederes, en ‘saber que lo que estamos produciendo es exactamente lo que podemos y debemos producir’ desde todo nuestro potencial humano, un ‘ir siendo consecuentes y honestos con nosotros mismos’, y consecuentemente con nuestro entorno.

 

II- Desarrollo

a) De los Principios Éticos.

Para comenzar, primeramente considero apropiado remitirme a una exposición  de los principios básicos que dan cimiento a la Bioética, desde lo cual se organizó este trabajo, partiendo del material  logrado por autores como T. L. Beauchamp y James F. Childress, en su libro ‘Principios de Ética Biomédica’, y a la luz, asimismo, del comentario del material y su exposición personal, del autor Diego Gracia en su obra ‘Fundamentación y enseñanza de la Bioética’. 

Los dos primeros escritores mencionados proponen la siguiente conceptualización en relación a cuatro principios básicos y sobre los cuales la Ética encuentra sustento, los que a continuación se exponen sintéticamente y a modo de referencia:

b) Del principio de Autonomía de la voluntad.

Estaríamos hablando del concepto de autonomía personal, la determinación de uno mismo, en forma libre, y sin interferencias que pretendan controlar, y sin limitaciones personales, como lo sería una comprensión inadecuada, que impidan llevar a cabo una elección.

Una persona autónoma actúa libremente de acuerdo con un plan elegido, de la misma manera que un gobierno independiente maneja sus territorios y establece sus políticas de acción.

Una persona con déficit de autonomía, o es controlada por los otros en algún aspecto de la vida, o es incapaz de reflexionar y actuar en pos de sus propios deseo y planes.

La incapacidad mental limita la autonomía de los deficientes, y la institucionalizada obligatoriamente, por ejemplo, disminuye la de los presos. También -y esto me pertenece-, considero la existencia de una  institucionalizada tácitamente, por un sistema político-económico-judicial deficiente que resulta ser causante de incapacidad mental en grupos humanos que a causa de ello son la resultante materia humana expuesta a procesos involutivos de deshumanización sistematizada –la pobreza extrema, los desastres ambientales, etc. de todo lo cual en cada vez mas oportunidades resultan ser responsables solidarios grupos políticos en combinación con grupos de poder económicos nacionales y multinacionales-.

Como prosiguen diciendo los citados autores, ser autónomo no es lo mismo que ser respetado como agente autónomo. Ello implica, como mínimo, asumir su derecho a tener opiniones propias, a elegir y a realizar acciones basadas tanto en sus valores como en sus creencias personales.

c) Del principio de no maleficencia

Este principio obliga a no hacer daño intencionadamente. En ética médica este principio está relacionado con la máxima ‘primun non nocere’: “En primer lugar, no hacer daño”. Es considerado el principio fundamental de la tradición hipocrática.

Algunos autores agrupan este principio junto al de beneficencia, en virtud que podría considerarse ser este último prácticamente una extensión del anterior.

Tanto el principio como su especificación en distintas reglas, a saber: no matarás, no causarás dolor o harás sufrir, no incapacitarás a otros, no ofenderás, no privarás a los demás de los bienes de la vida, son ‘prima facie’ no absolutos. Acuerdo con la exposición de Beauchamps y Childress, que no las jerarquiza estrictamente, como sí lo hacen otros filósofos.

c) Del principio de beneficencia

Implica un, no solo ‘no hacerles daño a las personas’, sino un ‘contribuir a su bienestar’.

Requiere mayor implicación que el principio de no maleficencia, ya que los sujetos deben dar pasos positivos para ayudar a otros, y no únicamente abstenerse de perjudicarlos.

En inglés ‘beneficiente’ (beneficence) connota actos de misericordia, bondad y caridad. El altruismo, el amor y la humanidad son a veces considerados formas de beneficencia. La beneficencia se refiere a una acción realizada en beneficio de otros. La benevolencia se refiere al rasgo del carácter o a la virtud de estar dispuesto a actuar en beneficio de otros. Y el principio de beneficencia se refiere a la obligación moral de actuar en beneficio de otros.

La beneficencia y la benevolencia han desempeñado un papel central en algunas teorías éticas.

El utilitarismo, por ejemplo, se organiza sistemáticamente en torno a un principio de beneficencia (el principio de utilidad -cabría citar como exponente s de dicha corriente al actual filósofo Peter Singer; y a David Hume, éste de épocas de la Ilustración escocesa; entre otros-).

En ellas la beneficencia es central, en parte porque se concibe como un aspecto de la naturaleza humana que nos motiva a actuar en beneficio de otros, y este objetivo está relacionado , en estas teorías, con el objetivo de la moral en sí misma.

e) Del principio de Justicia.

Los términos equidad, mérito y titularidad (a lo que uno tiene derecho) han sido usados por varios filósofos en sus intentos de explicar la Justicia. Todas estas explicaciones interpretan la justicia como trato igual, equitativo y apropiado a la luz de lo que se debe a las personas o es propiedad de ellas. 

La justicia distributiva se refiere a la distribución igual, equitativa y apropiada en la sociedad, determinadas por normas justificadas que estructuran los términos de la cooperación social. Su ámbito incluye las políticas que asignan diversos beneficios y cargas, tales como la propiedad, los recursos, los impuestos, los privilegios y las oportunidades. El término justicia distributiva se usa, algunas veces, en sentido amplio para referirse a la distribución de todos los derechos y responsabilidades en la sociedad, incluyendo, por ejemplo, los derechos civiles y políticos, tales como los derechos al voto y a la libertad de expresión. (La justicia distributiva se distingue comúnmente de otros tipos de justicia, incluyendo la justicia penal, que se refiere a la justa aplicación del castigo, habitualmente a través de la ley penal; y la justicia rectificadora,  que se refiere a la justa compensación por problemas transaccionales tales como rupturas de contratos y mala práctica, habitualmente a través de la ley civil).

Existen a su vez distintas teorías de la justicia, pero que no se desarrollarán por no hacer al fondo de la cuestión relativa a este trabajo.

 

III-Una Teoría de la Personalidad.

Seguidamente, y a modo descriptivo y con el fin de comprender la posterior exposición en orden a la relación y correspondencia entre los citados principios éticos y momentos en desarrollo del orden psicoemocional, se hará una breve exposición sobre las personalidades sana y en situaciones de funcionamiento anormal, sobre la base de consideraciones de Sigmund Freud, Erick Erikson, y Erick Fromm.

a) La Personalidad Sana.

Erikson contribuyó a la teoría freudiana de la sexualidad infantil al extender el estudio del niño en desarrollo mas allá de la pubertad, enfatizando así su propia creencia en que el yo prosigue adquiriendo nuevas características cuando encuentra nuevas situaciones durante toda la vida.

Llevó la teoría psicoanalítica de Freud fuera de los límites del hogar familiar, mirando mas allá del poder moldeador de la novela familiar hacia la matriz mas amplia del mundo social –al igual que, en este aspecto, E. Fromm-, en el que los niños encuentran sus iguales, maestros, una ética nacional, y expectativas. El propio Freud estuvo trabajando en un sentido mas social al final de su vida. Erikson también cambió el foco del psicoanálisis de la patología a la salud, ofreciendo una imagen de cómo puede el yo desarrollar habitualmente la salud, dado el ambiente apropiado. Erikson sacó las teorías freudianas del pasado, del hogar y del hospital.

‘Tenemos un nombre para designar la presión de los deseos excesivos (el ‘ello’)’, escribió Erikson, ‘y para la fuerza opresiva de la conciencia (el ‘superyó’)’, continuaba haciendo descender los perfiles del psicoanálisis primitivo al terreno del lenguaje común del cual habían sido transmutados.

Pero argumentaba que el énfasis debía ponerse en el ‘yo’.

Al considerar la personalidad sana, Erikson eligió al yo como el instrumento mediante el cual la persona organiza la información exterior, somete a prueba la percepción, elige recuerdos, gobierna adaptativamente, e integra las capacidades de orientación y planeamiento. Ese es el ‘yo positivo’, cuyo funcionamiento produce una sensación de ser uno mismo en un estado de elevado bienestar, como por ejemplo resultaría ser “un indio ‘siendo simple y tranquilamente, un indio’, tal como lo dijera Erikson”.

Este estado de bienestar es cómo se siente uno ‘cuando lo que es y lo que hace es exactamente lo que uno desea y siente que debe ser y hacer’ .

Los deseos y los ‘debería’ forman polaridades en el planteo de Erikson. Deseos excesivos y bárbaros tiran de un extremo del eje horizontal, y las restricciones internalizadas de los padres y de la sociedad, tiran del otro. El superyó de Erikson es tan primitivo como el ello, siendo ‘lo que hace girar el tornillo del potro de tormento, o castiga con la mutilación –simbólicamente-‘.

La imagen del superyó de Freud, por el otro lado, ‘la suma internalizada de todas las restricciones a las que debe allanarse el yo’, ofrece un cuadro vertical, con un ello salvaje en el extremo inferior, un yo defensivo que hace de intermediario a media altura, y un superyó que juzga en el extremo superior.

Con un buen funcionamiento del yo la persona no está neuróticamente tullida, perdiendo energía o sufriendo.

¿Cómo se llega a adquirir este yo? El yo fuerte adquiere su vigor gradualmente, mediante el proceso expansivo de vivir, o sea en un curso que no se limita a avanzar surcando, recogiendo una esperanza permanente aquí, y una actividad para no perder jamás, allá, sino por etapas durante las cuales la persona encuentra una nueva situación con su carácter acumulado y, manejándonos nuevamente con polaridades, surge o emerge del conflicto habiendo establecido determinada relación de tanta identidad, por ejemplo, contra tanta confusión de roles. Incluso un yo fuerte a los 40, 45 o 50 años puede enfrentar situaciones críticas que lo empujan hacia atrás en el equilibrio negativo en su interior, y despiertan iras y ansiedades infantiles que nunca desaparecen por completo.

Ahora bien, por no hacer al fondo expositivo de este trabajo se dejará de lado  la explicación de las etapas de desarrollo humano, las cuales solo se citan a continuación a fin de tener presente su momento de delineación e ideal orden secuencial, a saber: sensorial-oral: confianza versus desconfianza; muscular-anal: autonomía versus pudor y duda; locomotriz-genital: iniciativa versus culpa; de latencia: actividad versus inferioridad; de pubertad y adolescencia: identidad yoica versus confusión de roles; adultez joven: intimidad versus aislamiento; adultez: generatividad versus estancamiento; y madurez: integridad del yo versus desesperación).

b) Funcionamiento Anormal de la Personalidad.

Las desviaciones con respecto al curso normal pueden originarse en las tres esferas que Erikson considera habitualmente en forma simultánea e intenta unificar: dentro del cuerpo del organismo, dentro de las relaciones interpersonales del individuo, y dentro de la sociedad a la cual el ser humano intenta adaptarse. Lo que se subraya aquí son las relaciones interpersonales.

Ser humano es pasar una prolongada infancia, y ser civilizado y altamente tecnificado exige una mayor extensión de dicho período de aprendizaje.

Mientras el niño sea un miembro controlado de una sociedad, es desigual, y la reciprocidad se pierde. Es de temer el ser pequeño de cuerpo o de capacidad. Vive durante mucho tiempo con temores infantiles y los siente irrumpir en momentos críticos durante toda su vida adulta.

Cierto montaje de ansiedad es natural en la condición del ser humano. El bebé nace impotente e incómodo; no tiene noción de qué es real y exterior, y qué es imaginario e interno, y  de este modo no puede distinguir entre miedo y ansiedad. Los temores ansiosos del bebé que persisten en la adultez pueden convertirse en ansiedades neuróticas –neurosis: defensas que crea el ser humano para poder adaptarse y enfrentarse al medio en el que se desenvuelve-.

El niño comienza su vida con una etapa o zona oral, en la que debe dominar el modo de la simple incorporación –oral-. De dominar cualquier otro modo se producen dificultades.

En la segunda parte de la etapa o zona oral se desarrollan los dientes, el modo dominante debe ser el de morder.

En la etapa o zona muscular-anal los modos dominantes deben ser la retención y la eliminación alternadas.

En la etapa o zona locomotriz-genital, el modo dominante para los varones debe ser intrusivo, y para las niñas un retorno a los modos incorporativos.

Mas adelante el niño elabora una imagen de masculinidad que no tiene a la intrusión como modo dominante, sino una nueva conducta procreativa y que toma en cuenta el hecho de que el niño será el portador del esperma y quien suministre la descendencia.

Las niñas elaboran la consecución de una imagen de femineidad en la cual ellas llevarán en su seno y parirán el retoño, y lo cuidarán.

Una zona puede llegar a ser demasiado preponderante, por ejemplo por haber sido demasiado sensibilizada, haciendo que un adulto sea consciente de lo oral o de lo anal, por ejemplo, de una manera que no guarda proporción en su etapa vital.

O bien un modo puede volverse demasiado habitual; la eliminación, por ejemplo, puede comenzar escupiendo, seguir hacia el descontrol intestinal, y luego a orgasmos múltiples pero incompletos en las mujeres o a eyaculación precoz en los hombres.

Por lo tanto, y sin entrar a explicar detalladamente como el estancamiento en ciertas etapas o sensibilización y adaptación a ellas, puede producir trastornos en el desarrollo psico-emocional, y ser entonces determinante de tipos de neurosis.

 

IV- De los principios éticos y su correspondencia y correlación con el desarrollo psico-emocional.

Habiéndose desarrollado una síntesis conceptual de las etapas de evolución psicológica y sobre cómo ésta, a grandes rasgos, se puede ver afectada, mi esbozo siguiente parte de, respetando el curso del desarrollo que humanamente cada uno de nosotros va produciendo, obviamente influenciado por los distintos elementos externos como se expuso -la subjetividad del medio social, etc.-, primeramente desarrollar un paralelismo entre lo moral y el esbozo psicoemocional propuesto, y, en segunda instancia, el desarrollo de reflexiones en sentido a ser, en exteriorización producida, genuina y honesta expresión de  lo que toda nuestra humanidad nos va entregando, utilizando para acompañar, valga la redundancia, dicha entrega y en forma conjugada,  nuestro intelecto y nuestros sentimientos tendiendo a expresarse en forma lo mas sana y liberadamente posible, y a su vez la interrelación de ello con los de las demás personas y seres vivos, así como de la naturaleza en todas sus expresiones. 

Irlo reconociendo, y al mismo tiempo, ir siendo concientes de hacia qué rumbo la Naturaleza Humana ha demostrado históricamente que evoluciona; por darle medida y resumir lo expuesto en los siguientes grandes etapas: la infancia, dándole paso a la adolescencia, siguiendo a la madurez, para finalmente desembocar en la vejez; ciclos que dejan claramente a la vista el paso del ‘solo necesitar recibir’, la necesidad de bienestar por medio del solo recibir afecto –egoísmo inicial- al paso del ‘necesitar ya no solo recibir sino también dar’, la necesidad de no solo recibir afecto sino también el sentir el bienestar que nos otorga el darlo a otro ser tanto en cuanto en relación a ese proceso de dar como respecto del resultado mismo -al altruismo-.

La apreciación expuesta en el último párrafo anterior a este título ha sido esbozada y tratada, entre otros autores, por el psicólogo y filósofo Erich Fromm en distintas obras suyas tales como ‘El amor a la vida’, ‘El arte de amar’, ‘El miedo a la libertad’, etc., y queda a la vista a lo largo de otros textos de su obra.

De ello es claramente posible inferir entonces cómo si comprendemos dicho ciclo madurativo de la persona, de ese mismo ‘ir e irse siendo’ y en ese mismo orden, podemos comprender como nuestros cuatro principios éticos: de autonomía de la voluntad, de no maleficencia, de beneficencia y de justicia, guardan directa relación con dicha evolución ideal: quien es concebido -mas allá del momento en que ello se produzca de acuerdo a las distintas teorías de la concepción- y comienza a darse su lugar como ser humano reclama ‘recibir’, y al mismo tiempo y primariamente, un afecto materno hacia su persona, ‘que se le de’ -materialmente alimento materno: amor, leche; madre-, que se lo reconozca como lo que es, que se le de ese lugar que como ser demanda y le corresponde.

Podemos entonces claramente afirmar que ello guarda plena relación con el principio de autonomía de la voluntad en un sentido amplio y primario, interpretable de la siguiente forma: ’Yo, ser humano, que comienzo a ser lo que soy en esta realidad mundana que ahora me recibe, en manos de ustedes responsables de ello,  y míos por ello, reclamo toda la atención y el respeto que como tal merezco para poderme desarrollar como persona, como ente individual, y como tal al recibir de ustedes todo ese respeto, voy consecuentemente internalizando el significado del mismo y haciéndolo mío, y por lo tanto al ir comenzando a ser portador de ese significado internalizado del respeto, descubriendo su esencia y entonces entendiéndolo entonces también aplicable en relación a ustedes, a quienes voy reconociendo y sintiendo iguales a mí, aprendiendo a respetarlos, al igual que a los demás seres vivos, en consecuencia’.

Así entonces, es claro como la autonomía de la voluntad pasa a tener correlación y correspondencia directa en su génesis con, por lo menos, esta primera etapa de desarrollo del ser humano; donde éste ‘es él’, en ese desarrollarse primario, y luego ‘él respetando a los demás’; mas allá de seguirse modelando a lo largo de su vida.

A la vez que ello tiene lugar ya desde el momento de ir siendo respetado como ser humano, recibiendo el alimento, el amor incondicional materno, y todo lo que este ser va reclamando desde su comienzo y encuentro social citado -mas allá de lo que pudiera esbozarse en relación a ser portador o no de información o estructuras genéticas que también puedan tener injerencia en ello-, el solo hecho de su recepción en el marco de la comprensión de ser respetado y consecuentemente de ir internalizando este concepto, lleva implícito el concepto de justicia ‘in situ’, ya que quien recibe lo que le corresponde, en el momento justo y por quien debe recibirlo, está siendo receptor de información relativa a lo que la justicia significa –mas adelante se desarrollará como se suma y juega, adquiriendo preponderancia en ello, el rol paterno-; lo cual se podría interpretar de la siguiente forma: ‘yo merecedor de todo esto que se me da, e iniciado en el sentimiento y proceso intelectivo relativo a dicha comprensión, voy haciendo mío un sentimiento por lo que es justo, lo que justamente –como literalmente la palabra lo exterioriza- necesito en este momento, y para conmigo’.

Y así podemos pensar que el origen del principio de justicia distributiva tendrá íntima relación con esta instancia, en esta primera relación materno-filial, para luego irse imbuyendo e imbuyendo asimismo la construcción, la evolución, el ‘ir siendo’, de ese ser  humano.

Siguiendo esta línea de pensamiento, y como una evolución de dichos principios de autonomía de la voluntad y de justicia,  me atrevo a afirmar que su avance consecuente con esa maduración psicoemocional nos ubica en un plano superior, reitero idealmente, en el cual el ser humano ya no solo aprehendió (desde el punto de vista de una simple aprehensión de la esencia de ello) a conocer ‘de su autonomía’ y por lo tanto respetarlo, respetarse, y respetar consecuentemente –en la medida que ha comenzado a sentir a los demás seres vivos-.

 En ese plano, y totalmente consecuente con ese desarrollo de la autonomía de la voluntad, ese aprehender la esencia del respeto hacia mí y entonces ir percibiendo y haciendo mío éste el respeto por mi prójimo, por los demás, a la vez que en el comienzo de la partida en su relación simbiótica con la madre para comenzar a ir al encuentro con los demás, así como luego de una figura paterna, nos va dando paso, al mismo tiempo al no hacerles mal a esos seres con los que se va encontrando, ya que aprendió a respetarlos, a “ser respetuoso de ellos  porque ‘siento cómo ellos sienten’, y, por ende, me detengo ante la posibilidad de avasallar y violar el ámbito de su autonomía, ‘no haciendo’ “, o sea por medio de la exteriorización de la no maleficencia; y como resulta ser esto:  yo, conocedor y portador de lo que es mi autonomía, así como respetuoso de la de los otros seres, ‘sintiendo’ lo que ello produce en nuestra humanidad, comenzando a necesitar ir a su encuentro, decido por ello, respetarlos y no hacerles daño’, lo que es igual a ‘no maleficencia’.

A esta altura corresponde agregarse a ello la importancia que el rol paterno pasa a tener en el desarrollo psicológico del niño a partir de que se va desprendiendo de su madre, comenzando a caminar, a hablar, a explorar el mundo por su cuenta; la relación con la madre pierde algo de su significación vital; en cambio, la relación con el padre se torna cada vez mas importante.

Vale aclarar para este paso las diferencias entre -idealmente y en el arquetipo de Jung-; el amor maternal; incondicional: –tanto fisiológica como psíquicamente- la madre, o lo materno, es, en su representación, el hogar de donde venimos, la naturaleza, el suelo, el océano; y el amor  paternal -reitero idealmente o haciendo referencia a tipos puros-, que es condicional: su principio es: ‘te amo porque llenas mis aspiraciones, porque cumples con tu deber, porque eres como yo’, la desobediencia es el principal ‘pecado’ -simbólicamente-, cuyo castigo resulta ser la pérdida del amor del padre; el aspecto positivo es igualmente importante y sugiere que: ‘puesto que el amor de mi padre es condicional, es posible hacer algo por conseguirlo; su amor no está fuera de mí control como ocurre con el de mi madre’. Entonces, este tipo de amor significa el otro polo de la existencia humana: el mundo del pensamiento, de las cosas hechas por el hombre, dela ley y el orden, de la disciplina, los viajes y la aventura.

Y aquí es donde se produce la incidencia del rol paterno en la comprensión y recepción de su mandato en el niño, por medio del cual imprime en él conciencia de Justicia, de este valor que como antes se describió ya había comenzado a recibir o mas literalmente ‘mamar’.

En este sentido, entre otros, cabría representarse a la Justicia como lo paterno.

El padre es la imagen de lo justo o lo injusto, el que le enseña al niño, el que le muestra el camino al mundo.

Opuestamente a todo lo explicado sería totalmente válido afirmar que un niño que no ha recibido dichos elementos necesarios para su conformación, corre serios riesgos de, por lo menos a esa altura de los acontecimientos, no tener información relativa a lo que tanto la Justicia, como su autonomía de la voluntad, y la no maleficencia y beneficencia, entre otros conceptos morales, resultan ser, excepto por lo que los restantes componentes del medio -social, cultural, etc.- pudieran haberle llegado a aportar y cómo ello hubiera incidido en lo por él   procesado e internalizado psicoemocionalmente.

No resulta reiterativo insistir en que este esbozo propónese en un plano arquetipico, ya que los hechos demuestran que un ser humano no va recibiendo información ordenada y aislada, sino de acuerdo a lo que la cotidianeidad de la praxis de la realidad deja a la vista -sin estrictez de orden-; mas la circunstancia de que también van influyendo en la evolución de la persona el medio social y otros factores.

Reitérase, la intención resulta ser formular una cierta correspondencia en el seguimiento evolutivo humano y momentos de éste, guardando interrelación con el acontecer y producirse de los principios éticos mencionados, consecuente con una progresión entonces ideal psicoemocional de las personas; para comprender como los principios no son mas que mera expresión en simultaneidad con ello.

Ahora bien, habiéndose entonces agregado, párrafos atrás, la incidencia del rol paterno en el desarrollo psicológico del niño; en un estadio siguiente, donde ya podríamos situarnos en el lugar de ser persona madura, que ya ha devorado los roles materno y paterno, tanto tomados de sus padres como de otras figuras de las cuales, por medio de su sistema intelecto-sentimiental, pudo hacerse de lo necesario y tendiente a la completitud en esos aspectos –reitero en forma ideal-; ahora resulta ser su propio padre y madre, es la conjugación de lo recibido mas lo que irá produciendo desde su ahora rol en esta etapa de maduración; en este estadio nos encontramos ya no solo con una persona que reconoce su autonomía y la de los demás y necesita que ello así tenga lugar no haciéndoles mal, sino también,  y en un suceder evolutivo, puede vislumbrarse la coexistencia de una necesidad aún mayor, de salir de nosotros mismos, de esa pasividad de un sentirnos respetados y respetar a los demás, y de conocer, sabiendo de ‘lo justo e injusto’, y de ‘no hacer mal’;  e ir en pos de un ‘hacer’ que ya deja a la vista un grado de evolución siguiente, en donde entonces comenzamos a ser portadores de una necesidad nueva, la de ‘hacer’ y por lo tanto ‘un dar’ de nosotros mismos a otros seres para obtener un resultado beneficioso, para nosotros mismos –a quienes nos produce efecto benéfico ese dar-: el bienestar o placer que sentiremos –a causa del proceso y/o el resultado- en nosotros mismos luego de haber sido dadores de bienestar a otra/as persona/s o seres vivos, ya sea por un acto o por una omisión -ya que considero que se puede dar omitiendo, y no estaría en un ‘omitir para no hacer mal (no maleficencia)’, sino en un ‘omitir para hacer un bien’: ej.: no aceptar un cargo laboral que se me ofrece por amistad cuando sé que no haciéndolo nombrarán en mi lugar a la persona que se justamente lo merece porque reúne las condiciones que para dicho puesto se requieren, mas y antes que yo-.

Estamos hablando entonces, y al decir de distintos autores como E. Fromm, S. Freud, Ana Freud, entre otros, en esta etapa de momentos en que el ser humano va superando su narcisismo inicial para irse proyectando ‘desde sí  hacia y para con los demás seres vivos y el mundo’, o lo que sería igual que decir ‘un producir del ser  teniendo en cuenta a ‘los demás seres’ y a ‘lo demás’ en ese resultado integrativo de ello, que resulta ser lo que a este ser productor le es devuelto como producido y lo hace ‘ser mas’, pero ahora ya en esta nueva etapa donde ya no gira en torno a sí.

 Ahora bien, ubicados en este punto, podemos abordar el plano del amor altruista, al decir de Fromm, estadio en el cual ‘doy esperando lograr un resultado beneficioso en el prójimo, y donde tanto esa sola necesidad de ‘dar-le’ como del resultado posible en ese otro, me darán bienestar’ -mayor o menor en la medida en que el o los medios y el fin sean mas satisfechos-.

Y entiendo que ello evidencia una carencia de honestidad e integridad de nuestra propia naturaleza cuando no tiene una raíz genuina, y que, por lo tanto, queda a la vista en casos como: dar no por una verdadera necesidad ‘sentida e intelectualizada’, ‘hecha de uno’, sino de hacerlo solo porque se considera lógicamente que ‘es lo mejor’ ese dar –tanto en relación al proceso de ese dar como a su resultado-.

Aquí queda a la vista que existe un mecanismo de intelectualización de que ‘el dar es bueno y por eso tengo que hacerlo, a pesar de que no sienta nada, o poco, y hasta algo me pueda molestar hacerlo’; y en ese sentir, este otro sentir que emana un posible ‘criticar a los que no lo hacen, porque en definitiva me pesa dicha molestia y la cargo en ese ‘no hacer’ de los demás; o sea que reclamo que también los demás debieran cargar y compartir dicha molestia conmigo; dicho mecanismo, en concordancia con lo expuesto, deja a la vista entonces un ‘falso altruismo’.

Al decir de Fromm en su obra ‘El arte de amar’ -p.65-, este autor cita la expresión psicoanalítica ‘generosidad neurótica’ en referencia a un síntoma de neurosis observado en no pocas personas, que habitualmente no están perturbadas directamente por el mismo sino por otros relacionados con él, como  depresión, fatiga, incapacidad de trabajar, fracaso en las relaciones amorosas, etc..

No solo ocurre que no consideran esa ‘generosidad’ como ‘un síntoma’; frecuentemente es el único rasgo caracterológico redentor del que esas personas se enorgullecen. La persona ‘generosa’ –de ese tipo- ‘no quiere nada para sí misma’; ‘solo vive para los demás’, está orgullosa de no considerarse importante. Le intriga descubrir que, a pesar de su generosidad, no es feliz, y que sus relaciones con las mas íntimos allegados son insatisfactorias. La labor psicoanalítica  demuestra que esa generosidad no es algo aparte de los otros síntomas, sino uno de ellos –de hecho, muchas veces, es el mas importante-; que la capacidad de amar o de disfrutar de esa persona está paralizada; que está llena de hostilidad hacia la vida y que, detrás de la fachada de generosidades oculta un intenso egocentrismo, sutil, pero no por ello menos intenso.

Por ello, considero de importancia crucial para lograr en esta búsqueda resultados sensatos, herramientas tales como el autoanálisis en un primer intento, y el psicoanálisis profundo, en uno mas comprometido.

Ir lidiando con los ‘fantasmas’ y erradicándolos; estos que nos condicionan a veces a no poder ser lo que debemos ser, sino un producido de ellos, sin que tengamos conciencia de esa influencia; fortificar nuestra autoestima para de esta forma al mismo tiempo ir tendiendo a ese Ser realmente y no a construcciones idealizadas que en realidad no son mas que ficciones en las que, por sentirnos mas, descansamos mas cómodamente; resultan ser de vital importancia para despejar el camino a dichos fines, y poder ver con claridad por donde se transita y hacia qué rumbo.

Obviamente que todo ello debe ser acompañado por la voluntad de ir obteniendo nuevos logros, necesarios para seguir ‘viaje’ rumbo a la evolución, hacia el trascendernos a nosotros mismos, frase que me lleva a la comprensión de la propuesta de Friederich Nieztche en su obra ‘Así hablaba Zaratustra’ en cuanto plantea a un hombre que se supera y que tiene como dios a ese superarse, ese super-hombre, que, en interacción con los demás seres y la naturaleza, no es mas que la autosuperación misma del ser.

Citando nuevamente a E. Fromm en su libro ‘El amor a la vida’ al referirse a los seres humanos y su desarrollo psíquico, y su experiencia psicoanalítica, este autor dice ‘Debo confesar que en la actualidad solo una pequeña minoría aspira a lograr ese desarrollo psíquico. La mayoría de los hombre se proponen un fin totalmente distinto: tener mas, consumir mas. Cuando llegan a los 20 años piensan que ya están listos, y desde ese momento todos sus esfuerzos orientan a utilizar bien ese instrumento del cual ya creen disponer. Si cambiaran desde el punto de vista humano, ello solo les parecería una desventaja, pues cuando uno cambia ya no se adapta al patrón previsto, ya no se sabe si en diez años tendrá la misma opinión que tiene ahora, y que ocurre con el avance en su carrera. Por lo tanto, la mayoría de los hombres no quiere cambiar ni crecer, no quieren desplegar sus capacidades, desean mantener las capacidades adquiridas, desfrutar de ellas, “capitalizarlas” ‘.

Desarrollo en breves casos ficticios, sobre la base de desempeño de personas administrando justicia –función jurisdiccional- y en el orden administrativo –función administrativa-.

A continuación se esbozarán en ficción simples casos que en oportunidades  guardan analogía con la realidad, y que dejan a la vista muy claramente como la autonomía de la voluntad en su nunca totalmente despojada de necesaria subjetividad y de la cual indefectible e inevitablemente toma, resulta ser determinante de resultados obtenidos que en ocasiones, y a causa de ello, se apartan del principio de Justicia, sobre la base del cual, por ejemplo, una resolución judicial debe sustentarse; así como distintos resultados que se obtienen en otras actuaciones cuando agentes que por su competencia tienen a su cargo la cuestión de administrar Justicia mediante el ejercicio de la función jurisdiccional, así como también el despliegue de funciones administrativas, y en oportunidades dejan a la vista ‘morales’ enraizadas en bases inconsistentes, y de lo que muy frecuentemente no se llega a tener pleno conocimiento conciente.

 

V- Caso 1 – en desempeño de función administrativa-:

En una repartición judicial se produce una vacante de Secretario de juzgado. En dicha dependencia existen dos persona que reúnen los requisitos para cubrir dicho cargo, entre ellos ser abogados y con antigüedad laboral suficiente en la Justicia suficiente; éstos resultan ser los Dres. F. de 30 años de edad y R. de 55 años de edad.

El Dr. R. tiene mas antigüedad en la Justicia que F., lo cual al momento de designarse a una persona para cubrir dicho cargo, resultando los demás requisitos igualados, otorga al juez la facultad de definir el nombramiento en favor del mas antiguo.

Toma conocimiento de ello un ex-empleado del lugar, el Dr. E, de 40 años de edad, quien también reúne los mismos requisitos que los dos anteriores, excepto que tiene menos antigüedad en la justicia que R. y mas que F..

El Dr. E. , que hasta hace poco tiempo fue compañero de trabajo de los Dres. F. y R. por varios años y por quienes predica tener un ‘gran afecto’, se presenta a ver al juez, para  interiorizarse de la situación.

En su reencuentro con el juez, mantienen una calurosa charla en la que el juez le dice que no va a nombrar ni a F. ni a R., a F. por su poca edad y demostrar ser una persona algo insegura, y a R., por quien tiene mucho respeto en cuanto a sus conocimientos jurídicos y forma de aplicarlos, en virtud a su avanzada edad y a causa de ser una persona no muy dócil; y que desea nombrarlo a él –a E.-, y a nadie mas.

É. le expresa tener conocimiento que el cargo, por antigüedad, le correspondería a R. o a F. en última instancia antes que a él, ya que estuvo haciendo mérito laboral en el tribunal en el tiempo en que E. no estuvo en el tribunal y trabajó en otro, pero el juez le dice que no, que él desea nombrarlo a él, porque tiene menos edad que R. y es una persona mas dócil, y que a F. tampoco porque es una persona muy insegura.

Lugo de ello, E.  les comenta a F. y R. lo hablado con el juez, fundamentalmente lo que el juez le dijo en relación a ellos dos -R. y F.-,  pidiéndoles reserva.

Seguidamente el Dr. E. comienza a visitar asiduamente al juez, y en sus encuentros, por medio de distintos actos -de los que él no se hace conciente, ni consecuentemente responsable- va creando en el juez una sensación de mayor seguridad para con él -la que ni F., ni R. le dieron- pero bajo un discurso pseudo-altruista, a saber: ‘Dr. me parece que, a pesar de su avanzada edad, el cargo le correspondería al Dr. R., con mayor antigüedad que todos’, y ‘en todo caso también y en su defecto, a pesar de resultar ser una persona insegura y de corta edad, le correspondería al Dr. F., que también hizo mérito laboral en este último tiempo’, y vuelve a reiterar esta línea de expresiones en oportunidades siguientes en las que se vuelve a encontrar con el juez, aunque en ningún momento, como lo expliqué, toma una actitud activa, en defensa del ‘gran afecto’ que predica siente tanto por el Dr. R. como por el Dr. F., intentando beneficiarlos –principio de beneficencia-, sino todo lo contrario, con sus reiteradas presencias ante el juez y su actitud por medio de la cual, sin decírselo, lo va haciendo sentir seguro de él, demostrándole un actuar certero y sometido a él, solo deja a la vista un actuar general en defensa de sus intereses, y para obtener él el nombramiento.

Entonces, mediante una falsa aplicación de la beneficencia para con F. y R., y por medio de un discurso pseudo-beneficiente y sus actos que. claramente dejan a la vista no responder a ética alguna, sino a intereses individuales, E. solo se ‘propone’ a sí mismo como el candidato a cubrir el cargo.

Al mismo tiempo, que visita al juez, visita a F. y a R. y les hace saber que está intentando convencerlo para que nombre a alguno de ellos, y que él aceptaría  el cargo pero en última instancia y para el caso de no quererlos nombrar definitivamente a ellos y correrse el riesgo de que finalmente el juez se lo otorgue a otra persona que reúna también los requisitos, pero ajena a esa Dependencia Judicial.

Ahora bien, por otra parte tenemos el caso de F., que siempre fue un defensor de ‘la antigüedad en la Justicia’ como elemento determinante para nombrarse a un empleado o secretario en casos de igualdad en requisitos para ocupar cargos; que cuando se entera de la existencia de la vacante, exterioriza a dos compañeros suyos que él también siente ‘un gran afecto’ por E. y por R., pero por más que por antigüedad el cargo podría corresponderles primero a R. y luego a E., si el juez se lo ofrece a él -F.- lo aceptará, dado que él ‘separa los afectos de lo laboral’, y considera que en este caso, por una cuestión de ‘haber hecho méritos laborales por el tribunal’, considera que le correspondería a él el cargo, y por encima de la antigüedad de ellos. 

A su vez, entre F. y R. a partir de esta cuestión –la aparición de E. en el tribunal- comienzan a producirse asiduamente encuentros para comentar, con molestia, como E. sería el postulado por el juez.

En ese ínterin R. se entera por terceros que si F. fuera propuesto en el cargo lo aceptaría, pasando por encima suyo y de E., pero el peso de los encuentros cotidianos entre ellos dos -R. y F.- hace que ello no influya en el ‘frente’ que están formando contra E. -o sea, el displacer que a R. le causa estar siendo supuestamente traicionado por E. es suficientemente superior a la traición,  hasta el momento de menor cuantía y en potencia, de la que sería víctima por parte de F., y sigue siendo su aliado contra E. ‘sin ser conciente de ello’, como sería decirse y pensar a conciencia: ‘a pesar de que vos, F., me traicionarías también, porque en este estado de situaciones me conviene ya no por interés afectivo por el cual estaría contigo –ya que éste disminuyó a partir de que me demostraste no tenerlo por mí-, sino por interés ahora solo material –la obtención del cargo- sigo aliado a vos, contra E.’-.

Finalmente E. logra que se lo nombre Secretario del tribunal, y todo queda aparentemente correctamente hecho, aunque con mucha sospecha por parte de los postulantes en relación a lo ocurrido, quienes solo pasan a tener un sentimiento de insatisfacción para con el juez y con E.; aunque siendo  destacable que sin ser concientes de la maniobra subrepticiamente desplegada por E., al igual que éste, que se dice haber actuado éticamente bien.

Se vio hasta aquí, primero, la demostración de falsos sentimientos: ‘grandes afectos’, entre personas, que por esa calidad se derrumban automáticamente ante intereses como los citados; falsos afectos que no son mas que la producción de pequeños sentimientos de afecto enraizados en afinidades resultantes de compartidas cotidianeidades en tiempos y lugares comunes y sin sustento real y firme como para tildarlos de mas que ello.

Mas sincero y honesto tanto para E. como para F. habría resultado asumir o  literalmente ‘hacerse cargo’ de ‘pensarse y sentirse’ tal cual son, en la siguiente forma: ‘Exterioricé sentir un ‘gran afecto’ por la persona, pero ante esta circunstancia siento que priman mis intereses, por lo tanto es claro que ese afecto no era tal, o era de mucho menos valor para mí,  y me mentí a mi mismo creyéndomelo y le mentí a los demás haciéndoselos creer –análisis objetivo; dejando de lado su carácter de actitud ‘mala’ o ‘buena’ y ‘correcta’ o ‘incorrecta’-; y –esto corre por cuenta del autor- por lo tanto, si lo deseo, podría trabajar en ese sentido para ser mas sincero conmigo mismo y consecuentemente con los demás, y de esta forma dar de mí resultados en este orden mucho mas reales y cada vez menos ficticios y acomodaticios a las circunstancias’.

Al mismo tiempo, y de ello se infiere como, en segunda instancia, quedan a la vista ‘falsas morales’ que se montan en dogmáticos discursos, como sería por ejemplo el de F. cuando afirma ser defensor de ‘la antigüedad en la justicia’ como determinante, en casos de igualdad en requisitos, para cubrir una vacante; lo cual se desvanece de la misma forma, cuando se le presenta una situación como la descripta, y ordena todo, bajo un nuevo discurso, en favor de sus intereses, ‘no haciéndose cargo’ de la situación, sino intelectualizándola (intelectualización: mecanismo de defensa neurótico, para acomodar una situación a las demandas psicológicas del yo en ese momento) a favor suyo para lograr dichos fines; cuando lo mas honesto y sincero para consigo mismo –y consecuentemente para con los demás- habría resultado ser decirse: ‘Siempre dije eso, pero en este momento el deseo de obtener el cargo me lleva a desplazar todo lo que se me interponga, por lo tanto ‘me hago cargo’ de que así soy, de en qué lugar de mi humanidad me encuentro ubicado, y qué y cómo  soy realmente en este aspecto, y –esto corre por cuenta del autor, como en párrafo anterior-, si me interesa, en qué sentido debería trabajar conmigo para mejorarme, o no’, y consecuentemente emitir producidos morales mas sanos y consecuentes tanto para con nosotros mismos, como para con los demás, ya que de estas ‘falsas morales’ -falsa beneficencia en este caso- luego se dispararán solapadamente consecuencias, en el orden ético, completamente ‘antiéticas’.

 

VI- Caso 2 –en ejercicio de función jurisdiccional-:

Recae ante un juzgado una denuncia por delito de usurpación de un terreno a una persona que resulta ser su dueña, y llega a su propiedad por sucesión.

Las personas que ocupan el terreno resultan ser seres humanos totalmente carentes de cobertura de sus necesidades básicas.

Ante esto, el juzgador, que resulta ser una persona muy sensibilizada por este tipo de situaciones por cuestiones personales y similares por él vividas durante su infancia, entre otros factores, en las que él resultó ser un ‘desprotegido’ en la misma forma, procede a llevar a cabo la correspondiente investigación.

Por medio de ella se determina que el terreno estaba desocupado y a la venta, que los imputados del delito de usurpación, ocupantes del mismo, efectivamente viven allí en condiciones infrahumanas y sin tener posibilidad alguna de mejorar su calidad de vida.

Ante ello, el juzgador procede a recabar información respecto a las medidas que debería tomar quien tiene a su cargo la responsabilidad y función gubernamental de velar por que estas personas vean satisfecho su derecho constitucional a una vivienda digna, para este caso y por ocurrir el hecho en el ámbito de la Capital Federal, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Existiendo una Ley del G.C.B.A. por medio de la cual se legisló a favor del otorgamiento de vivienda para personas en este estado de indigencia, quienes ocupan el terreno solicitan casa, y comienzan los trámites para su materialización, con resultados a futuro inmediato.

A todo esto, pasa bastante tiempo, y la damnificada, resulta perjudicada también en su derecho a disponer de su propiedad, ya que durante este lapso temporal se detiene toda posibilidad de venta del terreno en cuestión.

Finalmente, el juzgador, habiendo reunido toda la prueba necesaria, pasa autos a despacho para resolver, y falla sobreseyendo a los ocupantes del terreno por considerar que actuaron amparados en una causa de justificación, en este caso y dadas sus características, el Derecho a la Vivienda cediendo ante el Derecho a una Vida Digna. Dicha resolución, si bien objetada por el Fiscal, resultó consentida por éste, y finalmente firme y con autoridad de cosa juzgada.

Ahora bien, al redactar su sentencia el juzgador, congruentemente con su investigación, en todo momento hace referencia a los derechos vulnerados a los ocupantes del inmueble en forma clara y precisa, poniendo de resalto las obligaciones del Poder Gubernamental encargado de ejecutar lo legislado, y para el caso de dar soluciones a las personas en esta situación de desamparo.

Pero nada dice en relación al daño producido a la parte damnificada, tanto por el tiempo que se le impidió vender el terreno así como por los daños causados en el mismo como consecuencia de edificaciones precarias que los imputados se vieron obligados a edificar para sobrevivir.

Entonces también a ésta, y previa demanda de su parte, consecuentemente, el Poder Gubernamental debería resarcirla en el ámbito de lo Civil y Comercial Federal por los daños producidos en virtud a ello, habiéndosele ocupado el inmueble como consecuencia de no darle durante todo ese tiempo el Estado, aunque mas no sea, posibilidad alguna de vivienda a los ocupantes.

Por ello, contra éste ella podría dirigir su acción Civil directamente.

Aquí queda a la vista que las motivaciones del juzgador, si bien lo llevaron a arribar a una resolución justa, dado que su función era la de expedirse en el ámbito de lo penal, de la usurpación denunciada como delito penal, el contenido de su resolución deja a la vista que el criterio de justicia por él aplicado nace de cómo la autonomía de su voluntad se encuentra en cierto grado determinada por la situación que lo sensibiliza, y no considera la situación de la parte damnificada en ningún momento.

De tener presente el juzgador como influye en su decisorio esta cuestión, si bien, reitero, a mi entender resulta justo lo por él decidido, podría asimismo y para ser mas equitativo en su comentario en relación a lo social, esbozado en su considerando, aunque no como fundamento jurídico de su resolución, haber reflexionado también sobre, aunque menor no por ello real e injusta situación a la que también la damnificada se vio sometida por cuestiones que originadas en definitiva por deficiencias del sistema terminan judicializándose; y su resolución habría dejado a la vista una aplicación mas apropiada del principio de Justicia, reitero no en lo que hace a lo resolutivo sino al marco descriptivo social al cual hizo referencia.

Entonces una carga emotiva imperceptible por su portador en los determinantes psico-emocionales de la autonomía de su voluntad, termina delineando el marco de lo ético profesional al momento de explayarse como tal, en su forma de contemplar el principio de Justicia, como en este caso.

 

VII- Caso 3 –en desempeño de función jurisdiccional-:

Recae ante un juzgado una denuncia por un hecho ilícito; se produce la investigación correspondiente, y llegado el momento de dictarse sentencia, el imputado resulta absuelto por el principio procesal de ‘in dubio pro reo’, aunque con una aplicación tajante aunque sin llegar a ser arbitraria.

En qué se basó la sana crítica del juzgador al momento de dictarse sentencia: En un análisis de los hechos en el marco de todo el contenido del plexo probatorio reunido en la investigación, valorado a la luz del sano juicio o sana crítica suyas.

Al mismo tiempo entre los antecedentes que la parte absuelta tenía existían  distintas condenas a prisión, en suspenso, que implicaban que si resultaba condenado en este caso, se lo debería detener, acumulándosele las condenas anteriores mas la que se le dictaba en este momento; y ello implicaba para el juzgador tener que dedicar bastante mas tiempo de trabajo al caso.

El caso lindaba entre la absolución por duda y la condena, y, como se citó, se aplicó tajantemente el principio de ‘in dubio pro reo’.

Al mismo tiempo el juzgador debía salir por la tarde de vacaciones junto a su familia hacia un lugar lejano, y ya tenía todo el viaje organizado con reservas de pasajes, hoteles y tours en distintos lugares del país.

La Fiscalía interpone recurso de casación; de una lectura del contenido de la sentencia nada existe efectivamente a la vista para objetarla mas que posibles discrepancias de criterio; pero en ningún momento cuestiones de errónea aplicación del Derecho, tanto de Fondo como Procesal.

Una vez las actuaciones ante el Superior Jerárquico, se decide que la resolución del ‘a quo’ se ajusta a Derecho.

Luego de ello, y pasado largo tiempo, tiene lugar un caso de idénticas características ante el mismo juzgador, y éste aplicando su sana crítica  ya en forma no tan categórica sino mas meditada, resuelve dictar condena de cumplimiento efectivo procediendo a unificarse las penas y a llevarse a cabo todas las diligencias que dicha forma de resolver implican, insumiendo un tiempo mucho mas prolongado que el que correspondió al mencionado fallo absolutorio.

Nuevamente, ahora en este caso la Defensa interpone recurso de casación; y de una lectura del contenido de la sentencia también queda a la vista que nada existe efectivamente como para objetarla mas que disentimientos de criterio; pero, nuevamente, en ningún momento cuestiones de errónea aplicación del Derecho, tanto de Fondo como Procesal.

Una vez mas, se elevan las actuaciones ante el Superior Jerárquico, y allí se decide que la resolución del ‘a quo’ se ajusta a Derecho.

Ahora bien, de la observación de ambos juicios orales y de todo el plexo probatorio reunido en ambos casos, queda a la vista como en definitiva una situación secundaria y vanal como para el caso resultaba ser el viaje que el juzgador tenía organizado junto a su familia a partir de ese momento, hizo que su voluntad, autónoma, y consecuentemente su actuar ético, desplazara su ‘sana’ crítica hacia el lado de sus conveniencias personales, sin que quizá siquiera éste se haya percatado de ello aunque mas no sea por un fugaz  y decisivo breve momento, cuando ello pasó por su mente y fugazmente siendo ‘automáticamente’ desplazado y negado (negación: mecanismo de defensa ante la sensación de molestia, en este caso por culpa, que se sentiría de asumirse el hecho de que se trate), en circunstancias de meditar al dictado de sentencia.

Habría resultado mucho mas sincero y honesto –sano- para consigo mismo, y para con los demás consecuentemente, y en estos casos para la aplicación del principio Justicia en manos del juzgador, tomando los recaudos del caso, y para el primero de ellos, como primera premisa:  haber reflexionado con tiempo suficientemente necesario sobre su viaje y los posibles tiempos que insumiría como mucho el primero de los juicios, y, de ser necesario, solicitar fundadamente ser subrogado por otro magistrado, como para que la administración de justicia no se vea estorbada, o, como segunda premisa, y en su defecto y para el caso de no haberse podido tener en cuenta dicha precaución:  teniendo capacidad suficiente como para detectar el momento en que la interferencia del orden personal pasa a tener lugar -lo cual demuestra no tener en ese momento a su alcance-, así como el efecto que ello produce en pos de acortar los tiempos, detener entonces su producción relativa a la administración de justicia, y llevar a cabo lo necesario para posponer tanto el comienzo del viaje como parte siguiente del mismo; luego de ello y, despejado el inconveniente que le impide libremente dictar su fallo, proceder desde una autonomía de su voluntad liberada del obstáculo.

Una vez mas queda a la vista como ya sea por no tener la capacidad suficiente  (intencionadamente –primera premisa- o negligentemente –segunda premisa-) como para deslindar cuestiones personales y a veces tan vanales como la citada, y que  pueden afectar a nuestras decisiones, a la autonomía de nuestra voluntad, como en este caso, en el ámbito de la Justicia, han llevado a que una decisión final como resulta ser un fallo judicial se vea afectado por dicha interferencia psicológica, y en definitiva produzca un actuar ético que, en lo que tiene que ver nuevamente con el principio de Justicia, se ve claramente velado por esta situación.   

Volviendo al caso 1, y analizando aspectos más sutiles de la situación tenemos la siguiente hipótesis, ya expuesta al haberlo descripto, a saber: que el juzgador no designaría al Dr. R. en virtud a su avanzada edad y a su no ser muy dócil, según hace saber al Dr. E., a quien finalmente designó en el cargo de Secretario.

Ahora bien, observando al Dr. R. en su despliegue laboral diario, éste demuestra que su edad en nada influye negativamente en su preparación para el cargo siguiente, dado que tanto psíquica como físicamente luego de haberse hecho estudios médicos se verificó que se encuentra en óptimas condiciones.

Y su carácter no deja a la vista ser indómito, sino mas bien marcado, definido, y una persona segura de sí misma.

Asimismo, queda a la vista que en los encuentros que el juzgador tiene con éste, en los que se debaten cuestiones jurídicas relativas a temperamentos a adoptarse en las investigaciones que, lleva adelante el Dr. R., en muchas oportunidades opinan jurídicamente en forma opuesta.

En la posibilidad, que comúnmente se da en el ámbito judicial, de encuentro y debate de ideas jurídicas en ese sentido entre los empleados que tramitan investigaciones y los jueces y/o secretarios, el juzgador y el Dr. R. disienten sobre los temperamentos a adoptarse, y el juzgador finalmente es quien decide por ser de su naturaleza como juez.

Ahora, cada vez que esto ocurre, el Dr. R. no se hace problema alguno y defiende muy seguro su posición; no así el juzgador que intenta persuadirlo de que su criterio es el válido; y finalmente éste dispone el que se aplique.

A todo esto, el juzgador no se ha sentido cómodo con la situación debido a que por cuestiones psicológicas suyas resulta ser una persona insegura, que a causa de ello tiene la necesidad de ‘imponer’ su voluntad, y cuando no lo logra no soporta aceptar que otro, como el Dr. R. en este caso, opine en forma totalmente opuesta; por mas que en definitiva él –el juzgador- sea quien decida, ello lo ubica en el lugar de sentir que se le quita poder, de sentirse subestimado, disminuido, cosa que en realidad no ocurre viéndolo desde la óptica de R. –el hombre seguro- pero sí desde la del juzgador –hombre inseguro- ya que al demostrarle R. que no está de acuerdo con él, esta acción de R. activa la inseguridad del juzgador, y deja a la vista su falta y necesidad de poder, y consecuentemente lo ubica en esta situación ilusoria debido a su carencia.

Entonces se ve como esta situación psicológica personal no resuelta del juzgador afecta a la autonomía de su voluntad al momento de expedirse, en función administrativa, en relación al nombramiento de un empleado suyo.

Y nuevamente aplicando el principio de Justicia con un criterio de equidad velado por las circunstancias, decide no nombrar al Dr. R., por quien tiene mucho respeto en cuanto a sus conocimientos jurídicos y forma de aplicarlos, y designar a una persona como es el Dr. E., con menor conocimiento jurídico, pero con el cual se siente mas seguro, debido a que también el Dr. E. es una persona insegura y que para obtener el poder que le de la seguridad que necesita , y que como el juez no tiene, está dispuesto -y de hecho lo hace luego en el desempeño de su función como secretario- a en ningún momento hacerle notar su inseguridad –la del juzgador- sino todo lo contrario, sobreestimarlo continuamente, logrando así ‘inflar’ al juez de seguridad (= poder) y a consecuencia de sentir entonces bien al juez ‘asegurarse’ o ‘inflarse’ también él (de poder).

Si bien el Dr. E. no es totalmente conciente de ello, en la práctica lo aplica, aunque sin llegarlo intelectualizar; y le da buenos resultados.

 

VIII- Conclusión

Ha sido la intención de este trabajo exponer, a modo de reflexiones, cómo incide en la autonomía de nuestra voluntad así como en la formación de los principios bioéticos restantes, tanto lo recibido a lo largo de la vida  en el orden psicoemocional -por parte de quienes hayan sido nuestros progenitores o quienes hayan representado para nosotros roles paterno o materno, así lo fueran en forma conjunta o separada en una sola persona, y en determinados aspectos), mas allá de lo genético y sociocultural a que se hizo referencia; partiendo, asimismo, de la base de que los tipos ideales psicológicos a que se hizo reseña no se dan puros, y que nosotros como seres humanos vamos tomando lo que en dichos órdenes vamos necesitando, a veces en forma correcta, y otras equivocando caminos, con los consecuentes resultados. Y, asimismo, cómo de acuerdo a en qué situación psicológica nos encontremos, será el producido moral consecuente, en la parte que le corresponde.

Es verdad que, teniendo en cuenta ello y a pesar de qué tanto pueda trabajarse en el orden de lo psicoemocional en un intento por ‘liberarnos’ totalmente de ‘ataduras’ que en algún punto nos condicionen, el solo hecho de irnos conociendo, aclarándonos como seres humanos, superando nuestros conflictos, y transitando hacia esa inalcanzable búsqueda de revelarnos o trascendernos como tales, a medida que vamos obteniendo mayores logros vamos percibiendo, al mirar el camino recorrido, cómo hemos ido evolucionando y cómo hemos resuelto tales o cuales situaciones, lo cual al irnos esclareciendo consecuentemente nos va despejando también el campo  visual en conexión directa con lo psicoafectivo -cada vez mas puro-, y nos da la oportunidad de, en esa posibilidad de ‘ir al encuentro con los demás seres humanos’, ver y comprenderlos con mayor claridad, considerando que estructuralmente funcionamos por naturaleza y como tales de la misma manera, mas allá de diferencias orgánicas o fisiológicas.

Me siento obligado a citar que, en lo que a mí respecta me hago eco de ello por experiencia personal, luego de haber transitado y seguir haciéndolo, por el un trabajo de autoconocimiento por medio de autoanálisis y psiconálisis y en base al cual he obtenido resultados favorables en orden a  esclarecerme cada vez más como ser; y, en ello, haber reformulado, y seguirlo haciendo, mi sistema moral partiendo de dicha base. Y digo seguir haciendo, ya que tanto teniendo en cuenta que la moral y la ética resultan ser formas de proceder del ser humano en relación con la vida, y ésta tiene una dinámica, no considero aplicable a ello esquematizaciones –mas allá de que se puedan esbozar jerarquías- o dogmatismos, mas que provisionales, y que pueden ir tomando nuevas formas en la medida que la vida nos va presentando nuevos problemas éticos que resolver.

Confío en las morales o éticas de los seres humanos, pero no en las resultantes de estrictos procesos lógicos aristotélicos (donde ‘A’ es ‘’A y no es ‘no A’), sino en las enraizadas en las mas profundas entrañas humanas, y que fluyen sobre la base de una lógica o razonamiento paradójico (donde ‘A’ puede también ser ‘no A’), y que, luego sí, si se alimenta de la lógica aristotélica, pero alzándose en genuinos cimientos emocionales e intelectuales interactuando entre sí y en la degustación de la situación sobre la cual se esté intentando lograr ‘dar a luz’ (esclarecerse).

En definitiva, un mas válido, puro y humano camino al esclarecimiento, a la luz, a la redención –que no es mas que nosotros mismos trascendiéndonos en todo nuestro ser-,  en definitiva, a la verdad.

 

IX- Bibliografía consultada

‘Principios de Ética Biomédica’ de T. L. Beauchamp y James F. Childress.

‘Fundamentación y enseñanza de la Bioética’ de Diego Gracia.

‘El arte de amar’ de Erick Fromm, editorial Paidós Estudio.

‘El amor a la vida’ de Erich Fromm editorial Paidós Ibero América.

‘El autoanálisis’ de la Dra. Karen Horney, de editorial Psique, Bs. As.

‘Nuestros conflictos interiores’ de la Dra. Karen Horney, de editorial   Psique, Bs. As..

‘Teorías freudianas de la personalidad –Erikson-’ de J.E. Mack, E.V. Semrad, Aldred M. Freedman y Harold I. Kaplan, de editorial  Paidós, Bs. As..

‘Etica para Amador’ de Fernando Savater, de editorial Ariel, Bs. As.
 

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 28 de Marzo de 2006

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