Bioética & Derecho

 

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Pensando la Bioética

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por Gladys J. Mackinson

1. Bioética y Derecho

2. Ética Civil y Bioética

3. La salud es el nuevo nombre del desarrollo

4. Mujeres y salud

5. Rol y enfermedad

6. El rol del enfermo en el derecho

7. Pobreza

8. Epílogo (temporario)

Bibliografía

 

   La bioética trata temas que conmueven profundamente la vida humana y la trama social, incluyendo las relaciones entre profesionales de la salud, enfermos y sistemas sociales. Forman parte de sus temas centrales nacimiento, muerte, diagnóstico, tratamiento, salud, enfermedad, dolencia, incapacidad, dolor, sufrimiento, calidad de vida, dignidad de muerte y también fecundación asistida, eutanasia, cuidados paliativos, comités hospitalarios, manipulación genética, por citar aquellos que más análisis o discusiones suscitaron hasta la fecha. Si bien no es materia de discusión el carácter interdisciplinario de la misma, se trata de afirmar su carácter secular y pluralista. En esta etapa, al igual que a la sociología en su momento, le falta a la bioética un lenguaje propio, compartido interdisciplinariamente, más allá de los principios que la sustentan, un reconocimiento de su carácter científico en el sentido de verdades objetivables y verificables, y un acotamiento del campo de estudio. Sin embargo y a diferencia de la sociología, su campo de estudio sigue siendo la Humanidad.

   Entre los temas más controvertidos en el terreno bioético figuran el diagnóstico prenatal y el consejo genético, aborto, control de la natalidad, eugenismo y esterilización, fecundación asistida, transplante de órganos, ingeniería genética y terapias genéticas, eutanasia, experimentación con seres humanos, técnicas de reanimación u orden de no resucitación, testamentos de vida, psicocirugía y control de la conducta, terapéuticas farmacológicas y drogas psicoterapéuticas, cambio de sexo; SIDA. Su simple enunciación permite indicar el papel que le cabe al Estado en el control de determinadas políticas, autorización o negativa a realizar ciertas prácticas, influencia de permisos o prohibiciones en políticas de natalidad, tasas de morbimortalidad, planes de desarrollo y resalta la importancia de la biojurídica en el proceso de desarrollo bioético.-

 

Bioética y Derecho

   Se está buscando un lenguaje común, para encontrar respuestas que sean útiles, sin distinción de ideología o religión, para todos los Hombres.

   En tal sentido se han sistematizado cuatro enfoques: a) INTERDISCIPLINARIO, que sostiene la necesidad de la colaboración y de la interacción de diversas ciencias para analizar cuestiones concretas de manera total a fin de encontrarles una solución adecuada, b) PROSPECTIVO que implica no dar por sentado que las respuestas tradicionales son las únicas adecuadas. Tiende a la búsqueda de elementos de solución que se adapten a la situación actual o que sean prometedores para el futuro; c) GLOBAL, que partiendo del supuesto que la bioética está interesada en considerar a la persona en su globalidad compuesta de cuerpo y espíritu, inserta o no en un sistema familiar, que colabora mas o menos en su curación y que a su vez forma parte de un sistema social que tiene normas y valores que son protegidos jurídicamente, y d) el SISTEMATICO según el cual la bioética implica un análisis lógico y riguroso desarrollado según un plan ordenado, que comporta una serie de etapas, ligadas unas con otras, en búsqueda de la coherencia.

 

Etica Civil y Bioética

   La ética civil ha sido caracterizada como el mínimo moral común de una sociedad pluralista y secular. En esta posición la ética civil sería la convergencia moral de las diversas opciones morales de la sociedad, un mínimo moral por debajo del cual no se puede situar ningún proyecto válido sea individual o social. La ética civil así, sería la garantía unificadora y autentificadora de la diversidad de proyectos humanos coexistentes en una sociedad democrática, sin perjuicio de reconocer la posibilidad de una ética de máximos reservada al campo individual de las creencias religiosas y éticas. Ello implica también la retroalimentación de las éticas de responsabilidad y de convicción que antaño aparecían como reservadas al campo de la político y lo intelectual, con exclusividad, y que en la actualidad se viven en necesaria interrelación.

   Una de las distinciones utilizadas para marcar diferencias entre sociedad pluralista y sociedad autoritaria, se centra en las características de sus legislaciones. En la sociedad pluralista, -sostienen sus defensores- se legisla a partir de una opción moral compartida o mínima. Esta moral se derivaría de algunos valores comúnmente aceptados, en este caso serían los constitucionales. En este caso, -sostienen los detractores-, se corre el riesgo que mayorías circunstanciales impongan sus valores propios, con lo cual se estaría legislando a partir de una moral pergeñada en esferas gubernamentales. Frente a estas posturas renace la discusión respecto del contenido de las normas jurídicas, que también protegerían valores.

    Para los defensores de la moral única, pública, estatal y suprema, el criterio predominante es que sólo así se puede mantener la ley y el orden. Los detractores por su parte, sostienen dos críticas: la primera es que ésta moral única, superior e indestructible implica la pérdida o negociación de valores tales como libertad o inclusive vida. La segunda crítica es que en la lógica autoritaria se confunden los órdenes normativos, de forma tal que se traslada “la” concepción moral al sistema jurídico, una vez sancionada la norma,. Ésta se convierte en el único criterio de determinación moral.

    Señalada este distinción es preciso marcar otra diferencia: pasada la época en que el derecho sólo aparecía en su carácter represivo, es necesario destacar que la norma jurídica no es la única creación social resultado del consenso.

     Entre las democracias industrializadas y las sociales en vías de desarrollo o subdesarrolladas, se suele marcar una diferencia en cuanto al valor dado, no ya a la vida, sino a la posibilidad de la muerte: mientras que en las culturas de base comunitaria la muerte forma parte de la vida, es vista como parte de la misma (en el sentido del tránsito medieval) en las culturas de la industrialización, la muerte es la pérdida de una competencia por la vida, y también la pérdida de la “meta éxito” emprendida por médicos, enfermos, parientes y soportes tecnológicos para su prolongación, o meramente su mantenimiento. Por eso en terminología ferroviaria se puede hablar del paciente terminal y no de paciente incurable en estado terminal. Si la vida es finita y la enfermedad curable o no, según sea el estado de desarrollo del conocimiento científico, la muerte forma parte de la vida, independientemente de las creencias individuales respecto de la vida después de la muerte.

     El lenguaje denota claramente, en este caso, cual es el sentido de la relación de poder médico –aparataje –paciente: el primero, (el médico y su equipo), no se equivoca, ni desconoce; el segundo, (el aparataje), no falla si no es por fallas humanas; el tercero paciente, el que tiene paciencia, se termina. Esto no es simplemente un juego de palabras ya que está intimamente vinculado al tema de los derechos humanos del enfermo y su entorno afectivo, en una palabra de las personas.

 

La salud es el nuevo nombre del desarrollo

   En la década de los sesenta, la paz fue el nuevo nombre del desarrollo. En los noventa la salud puede ser el nuevo nombre del desarrollo. Según cálculos oficiales y proyecciones de expertos de Naciones Unidas, entre 1987 y 1994 se produjo una reducción del orden de 935 mil millones de dólares afectados a gastos de guerra.

    Según evaluación experta la proyección 1995-2000 estima la reducción en 460 mil millones de dólares de disminución complementaria. Sin embargo 125 mil millones de dólares son gastados por los países en desarrollo en gastos de guerra a costa de la salud, la educación y las necesidades básicas insatisfechas de sus habitantes.

   Con el 24 % de ese gasto se puede atender medicamente a mil millones de personas, evitar la muerte por enfermedades e infecciones de dos millones de niños y atender la desnutrición severa de doscientos millones.

   También se puede abastecer de agua potable a la mayoría de los habitantes del planeta, téngase presente que mil trescientos millones de personas no acceden a este recurso básico. También por ese monto se podría proporcionar enseñanza primaria universal.

 

Mujeres y salud

    Dos millones seiscientas mil personas del planeta, equivalen al cincuenta y dos por ciento de la población mundial, son mujeres. En el total de la población se han computado ochocientos ochenta y cinco millones de pobres en el mundo, sin distinguir entre pobres estructurales, coyunturales o casos de pobreza extrema. De ese total el setenta por ciento son mujeres.

   Han sido relevados veintitrés millones de refugiados en el mundo. De ese total el setenta y cinco por ciento son niñas.

    Cualquier política estatal, de contenido bioético deberá tener en consideración estas realidades de los respectivos niveles nacionales, ya que no es semejante la situación en que se encuentra una mujer de un país central, con estudios universitarios completos, e inserción laboral satifactoria, en cuanto a su consentimiento informado respecto de una práctica médica invasiva, dolorosa, y eventualmente mutilante, o su incorporación a un protocolo de investigación aceptando nuevos medicamentos, que otra que vive a más de un kilómetro del agua potable, en un campo para refugiados y es analfabeta.

 

Rol y enfermedad

     Al sólo efecto de mayor comprensión conceptual, nos extenderemos en el análisis sociológico de dos variables: rol y enfermedad. NO haremos, por ahora, distinción entre roles esperados y reales, entre grandes roles y roles subalternos, ni tampoco respecto de la intratificación de los roles, o la tradicional de rol social clave.

    Sólo intentaremos una distinción entre el rol del enfermo crónico y el del enfermo temporal. En el caso del enfermo crónico, se alteran las condiciones internas de los sistemas familiares, por la necesaria redefinición que se opera respecto de los otros implicados, como ser el paso del productor a sostenido, de dependiente a sostenedor (material y espiritualmente), de independiente a dependiente, de contribuyente (en el caso de las mujeres de las familias tradiconales) a principal fuente de ingresos o compartiendo esta posición con otros miembros de la familia.

     En cuanto al enfermo, el mismo puede ser descripto como “la persona que carece, temporaria o crónicamente, de salud” o bien como “la persona careciente de las condiciones bio-sico-sociales necesarias para acceder a la salud”. Adoptaremos ésta última, no sólo por ser la más contemporánea, sino también porque describe la salud por situaciones concretas, mensurables y por ende verificables.

     Para abordar el rol del enfermo es previo definir en qué lugar o momento histórico lo hacemos. Para poder analizar contextualmente los nuevos movimientos sociales que pueden ser clasificados a partir de dos variables: los tipos de solidaridad constituídos y los sectores sociales involucrados. Dentro de los denominados “movimientos de supervivencia”, íntimamente vinculados a la re-formulación del Estado, se puede citar específicamente la necesidad de resolución de problemáticas de salud, vinculadas a la NBI de los pobres estructurales o los movimientos de salud que constituyen redes para la formación de agentes sanitarios. En los “movimientos de protesta contra el ajuste”, ésta aparece como respuesta a la puesta en peligro de áreas del bienestar tradicionalmente correspondientes al Estado, como la salud. En cuanto a los “movimientos de calidad de vida” que corresponden a cambios acciológicos en las sociedades post industriales, también están vinculados a la temática de salud en áreas tales como derechos humanos, drogadependencia, SIDA o posición social de la mujer.

    Finalmente, los “nuevos movimientos religiosos”, que aparecen no sólo circunscriptos a las sectas, se fundamentan en la necesidad de certezas frente al quiebre del mundo simbólico predominante, produciendo la búsqueda de nuevas definiciones entre las cuales la salud y la muerte también ocupan un lugar importante.

 

El rol del enfermo en el derecho

   Desde la declaración de incapacidad civil hasta la inmputabilidad penal por diferentes causas de enfermedad, el enfermo ha aparecido en el derecho nacional e intefnacional en forma sistemática, ligándose esta presencia fundamentalmente a problemáticas de responsabilidad patrimonial o consecuencias de control social formal.

   Importa señalar su revalorización jurídica a partir de conceptos bioéticos y si está ha tenido adecuada repercusión jurisprudencial, partiendo del supuesto que los “temas sociales” llegan a conocimiento de los tribunales creando corrientes jurisprudenciales cuando pasan a convertirse en “problemas sociales” cuya resolución contribuye al ajuste de la trama social. En tal sentido debe señalarse que en la reciente jurisprudencia bioética de Argentina aparecen tratamientos novedosos respecto a dilemas vinculados a calidad de vida y dignidad de la persona.

    La persona recibe diferente tratamiento legal partiendo de una base etaria según se trate de niños, adolescentes, adultos o personas mayores, en las Constituciones Nacional o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. También algunas convenciones internacionales hacen mención al tema de la salud, a veces elípticamente, desde el derecho ambiental.

    En la Convención Internacional sobre los derechos del niño se establece taxativamente que acaba la niñez y comienza la adolescencia a partir de los dieciocho años, habida cuenta que se extiende el criterio de niñez hasta esa edad. En este supuesto niños y adolescentes tendrían en común, más allá de diferenciaciones teóricas, biológicas y-o culturales, la protección jurídica del que “adolece”, sea porque es niño, sea porque dejó de serlo.

    Respecto de la adolescencia, esta posición es analizada desde dos posturas: a) se trata de una etapa biológico-cultural; b) es una etapa biológico jurídica. Es importante esta diferencia, ya que se vincula con el trato que recibe el enfermo y su rol según sea un niño-a, o un-a adolescente, o un adulto-a. El rol del enfermo niño-a encuentra tolerancia social para el abandono momentáneo de obligaciones: la obligatoriedad de concurrencia a la escuela aparece como la más significativa. En el caso del adolescente, su rol de enfermo (y en ambos supuestos hablamos de transitoriedad, no de cronicidad) implica la suplantación de ciertas actividades cotidianas (trabajo, escuela, reunión con el grupo de pares, actividades no formales, etc.) por una rutina que incluye prioritariamente nuevas relaciones de subordinación (básicamente en muchas RMP de carácter tradicional) o a los estatutos de los centros hospitalarios, públicos o privados o al clientelismo). En el caso del enfermo adulto, si requiere internación, será el grupo familiar el que se responsabilice del pago de los gastos médicos, como una exteriorización de la pérdida temporal de capacidad.

 

Pobreza

   Desde hace treinta años el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) analiza, sistemática y comparativamente, la problemática social a nivel mundial. Entre otras actividades efectúa comparaciones entre más de 180 países sobre desarrollo humano, de cuyo análisis empírico ha surgido con claridad que se pueden alcanzar importantes metas de crecimiento y estabilidad sin que ello implique, necesariamente un mejoramiento en la calidad de vida cotidiana. Por ello es relevante la advertencia formulada por el BID: “Los índices de pobreza siguen siendo adversos y la distribución regional de los ingresos es todavía la más desigual del mundo, difícilmente el crecimiento económico y la modernización serán duraderos si no hay estabilidad política y social, la cual, a su vez, depende de una distribución más equitativa de los beneficios del crecimiento.”

    Así como los logros del crecimiento no alcanzan a los sectores más pobres de Latinoamérica, tampoco las reheleadas clases medias, acceden a ellos.

    Hay distintas variables de la pobreza que deben ser incluídas en un análisis bioético: a) la feminización de la pobreza; b) la crisis de los sistemas familiares; c) la infantilización de la pobreza; d) la discriminación.

     La crisis de los sitemas familiares de base tradicional puede rastrearse en la falta de adecuación de los roles familiares de ese tipo a los requerimientos y expectativas sociales de las sociedades actuales.

   Respecto a la infantilización de la pobreza debe señalarse que, cada vez más, son los niños quienes sufren tanto la pobreza tradicional como la nueva pobreza, resultante de ajustes estructurales.

   Entre otras consecuencias puede visualizarse a nivel regional que el tipo de necesidades básicas insatisfechas, ha ido aumentando en las últimas dos décadas, de forma tal que los denominados “pobres extremos”, (aquellos que no lograrían satisfacer sus necesiades mínimas ni aún aplicando a ello todos los ingresos del sistema familiar), son más pobres en los ’90 que en la década de paz y amor. “Aunque comunmente la causa de muerte de un niño es una enfermedad, las cusas subyacentes tienden a ser síntomas de pobreza. En tal sentido pueden citarse la malnutrición, la ignorancia de la higiene más elemental, el analfabetismo y la falta de acceso a suministros de agua y saneamiento.”

    La pobreza en esta situación no es sólo una variable de la gobernabilidad democrática sino que pasa a convertirse en una variable de problemas y dilemas bioéticos.

    Hay relación entre el empobrecimiento y el estado de salud, en el sentido adoptado por la Organización Panamericana de la Salud O.P.S.. Por ello, se modifica el rol del enfermo, “nuevo pobre o pauperizado”, en relación con el rol del enfermo” pobre estructural”: mientras el primero conserva todavía algunos elementos que hacían a sus status anterior, el segundo retroalimenta, generación tras generación, el ciclo de las carencias.

    El rol de los enfermos que son nuevos pobres implica, en primer término, la adecuación a un sistema de salud diferente, en el que, en principio, sus manifestaciones serán encuadradas dentro de los que genericamente puede ser descripto como “clase media con problemas”.

 

Epílogo (temporario)

    El desafío para el siglo que viene desde lo jurídico es el aporte bioético que desde la biojurídica podrán hacer los Hombres del derecho, para plasmar en normas la defensa y protección de derechos y para dar respuestas verdaderas desde los Tribunales a las problemáticas sociales.

     Para ello, también será importante la labor que se desarrolle desde los Comités de bioética hospitalaria, que no tendrán meramente control sobre las conductas de quienes están regidos por diferentes códigos de ética sino que podrán ofrecer respuestas tentativas para la solución de dilemas.

    Desde una bioética secular, que incorpore medularmente el derecho de los derechos humanos, se podrá avanzar en la búsqueda de respuestas en la calidad de la vida y la dignidad en la muerte, incluyendo las diferentes etapas de la vida cotidiana y revalorizando el rol científico de los bioeticistas.-

 

Bibliografía

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Colección: Derecho, Economía y Sociedad

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Última modificación: 28 de Marzo de 2006

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